María Magdalena Díaz Pantoja tiene 38 años y es oriunda del Perú. "Estaba bien allá, pero sentía que me faltaba algo, no sabía qué y decidí probar en este país como cualquier aventura", contó la mujer al diario Crónica. "Al principio fue difícil porque no conocía nada, venía sin nada, no sabía lo que me esperaba, y como suele suceder también sufrí los embates de la discriminación", aclaró.
Sin embargo, una vez que se asentó en el país comenzó a trabajar en distintas áreas: se dedicó a la limpieza, a cuidar pacientes en hospitales y casas. "Mientras tanto empecé mis estudios de enfermería y gracias a eso comencé a conocer a la gente, interiorizarme sobre sus necesidades", contó. En 2013, pocos meses después de la inundación del 2 de abril que azotó la ciudad, María implementó una copa de leche en su propia casa, de 88 entre 16 y 17.
"Fue ahí que vi de cerca la necesidad, los pibes descalzos, la tristeza de la gente pidiendo comida... Es ahí donde la cabeza me hizo click, y me di cuenta que eso no era vida. Ahí empieza mi lucha: comencé a pedir ayuda porque tenía pocas cosas. Al principio eran diez nenes, pero en dos años se sumaron doscientas personas y la comida no me daba abasto", contó María, que ahora preside el comedor Todos por una sonrisa.
Allí asisten habitualmente cuatrocientas personas, a quienes no sólo se les entrega una porción de comida: también hay clases de alfabetización para niños, niñas y adultos mayores, y contención y protección para mujeres víctimas de violencia machista. "El mensaje es que no están solos, que no los vamos a dejar. Yo dejé mi trabajo porque hay que estar ciento por ciento disponible para esta gente, es lo mínimo que puedo hacer por ellos. También cuento con el apoyo de mi familia que me acompaña y respalda tanto en lo emocional como en lo económico", precisó. Para ayudar a María y al comedor, quienes lo deseen pueden comunicarse al (0221) 156151448.