La Plata, 136 años de historia
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La Plata, 136 años de historia

19 de noviembre de 2018

La Plata, ciudad joven, está cumpliendo 136 años y en toda celebración de aniversarios, los recuerdos se agolpan, la evocación histórica surge con naturalidad y afluyen los eventos alegres y festivos que compiten con los tristes y hasta traumáticos, surgen espontáneamente las figuras de los personajes ilustres, los luchadores, los apasionados, y la mayoría silenciosa que escribió y escribe su historia familiar transitando las calles de nuestra geométrica ciudad.

El nacimiento de la ciudad de La Plata, su vertiginosa construcción, reflejó el espíritu de la época y en estos días en que atravesamos una coyuntura llena de dificultades transportarnos imaginariamente a esos días luminosos de expansión creativa resulta reconfortante y aleccionador.

En diciembre de 1880 se sancionó la ley que sustraía la ciudad de Buenos Aires de la jurisdicción de la provincia, se designó una comisión que sugeriría la conveniencia del emplazamiento de la nueva capital bonaerense. Nadie perdió tiempo en derramar lágrimas por la ciudad perdida y al asumir Dardo Rocha la gobernación de Buenos Aires en 1881 manifestó su decisión de no escatimar esfuerzos para erigir la nueva capital, y dando espaldas al pasado comenzó a planear con entusiasmo el futuro. Cuanto tenemos que aprender de esta actitud que engrandece y sana heridas.

Una Comisión especial había designado, en primer lugar, Campana, Zárate y lomas de la Ensenada, y en un segundo lugar Quilmes, Olivos y San Fernando. El Poder Ejecutivo se decidió por las lomas de Ensenada y el 14 de marzo de 1882 se formaliza la decisión. La proximidad del puerto inclinó la balanza. Su habilitación para recibir buques de gran calado no exigiría grandes erogaciones, de modo que podría competir fácilmente con el de Buenos Aires.

El Puerto de La Plata, cuyas virtudes se veían con claridad en ese entonces, aún hoy sigue sin aprovechar su potencial pero quizás esta vez pueda hacerse realidad. Una rápida recorrida por el lugar, deja ver las imponentes grúas y  maquinaria de vanguardia lista para iniciar actividades. Una inversión multimillonaria que está esperando tres kilómetros de asfalto para ponerse en movimiento, generando cientos de fuentes de trabajo e imprimiendo vida a la región. Esas figuras  gigantes con su sola presencia nos trasmiten un mensaje silencioso y contundente a los platenses, un reproche que no podemos desatender.

El Gobernador Dardo Rocha no se conformó con intentar realizar una nueva capital convencional para la provincia, sino que aspiró a que la ciudad fuera de vanguardia, que respondiera a las ideas urbanísticas de avanzada para entonces, y recurrió al mejor arsenal técnico del que disponía. Un gesto importante, una actitud a emular, acudir a las personas idóneas en cada tarea es imprescindible para obtener buenos resultados. La honestidad en la Administración Pública es condición sine qua non, pero a ella debe acompañarla la idoneidad. Los argentinos deberíamos saber decir que, cuando nos convocan a cubrir un cargo para el que no estamos capacitados, no importa la buena voluntad que pongamos. Un funcionario capacitado tendrá un tiempo de adaptación hasta que logre obtener resultados, el que no está capacitado no lo logrará nunca. Dardo Rocha convocó a los mejores y el 19 de noviembre de 1882 se formalizó la fundación de la ciudad de La Plata.

De la idea a la obra, un año fue suficiente para trazar el proyecto, acarrear materiales, hacer las nivelaciones, lotear los terrenos. Hoy la ciudad crece caóticamente, la falta de planificación urbana multiplica ocupaciones compulsivas de terrenos y los pedidos de rezonificación que ordenarían la expansión y dinamizarían el crecimiento de la región son ignorados. Una estrechez de miras que está en las antípodas del espíritu fundacional.

La ciudad magistralmente diseñada con sus  características diagonales, jalonadas por espacios verdes abundantes, armada su red de agua y erigidos un conjunto armonioso de edificios públicos rodeados de jardines y distribuidos favoreciendo el desarrollo de la ciudad fue el resultado de un fatigoso trabajo que supo sortear obstáculos. Se logró en un año y medio de trabajo: la piedra fundacional se erigió el 19 de noviembre de 1882 y en abril de 1884 se instalaban en ella las autoridades provinciales. ¡Un año y medio! y fue hace 136 años, sin los recursos tecnológicos ni las maquinarias de los que hoy disponemos.

En la ciudad que como un milagro emergía del desierto florecieron almacenes, cafés, imprentas, restaurantes, librerías, comercios, modistas y peluqueros. Un entramado social que se iba conformando en un círculo virtuoso centrado en el trabajo que va satisfaciendo las necesidades de unos y otros. No es difícil imaginar el ambiente de fe en el porvenir que se respiraba.

Hoy cuando nuestra querida ciudad de La Plata cumple sus 136 años, que esta evocación nos sirva para impregnarnos del espíritu de los inicios, y visualizar las posibilidades de superar las dificultades.

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