—Muchas gracias, pero preferimos no hablar. Ya no.
—Muchas gracias, pero preferimos no hablar. Ya no.
Blanca Lencina esboza una sonrisa dolida. Ceba mates sobre una de las tantas mesas en venta dentro del ahora exlocal del tenedor libre Nuevo Argentino, ubicado en la esquina de 5 y 50. Hasta hace unas pocas semanas contaba cómo las deudas, los costos de los servicios y el pago a los trabajadores hacían imposible la continuidad del histórico restaurante.
"La situación económica que estamos viviendo nos complicó mucho para seguir funcionando. El restaurante es un mito en la ciudad pero no podemos seguir así", había dicho en diálogo con 0221.com.ar a fines de octubre, cuando decidieron cerrar las puertas después de 22 años ininterrumpidos de gastronomía "self service".
Ahora Blanca ya no quiere hablar. Toma mates con Aldo, otro de los dueños del local, y algunos familiares más. Todos observan cómo entran y salen posibles compradores. Muchos son transeúntes que recién ahora se enteraron que el histórico local platense bajó las persianas para siempre. Entran y observan, con nostalgia, la enorme cantidad de platos de cerámica apilados uno encima del otro, los vasos de vidrio y las fuentes metálicas en venta, con precios que no superan los 200 pesos.
Las ollas y coladores industriales llevan papelitos blancos con sumas que van desde 1.200 hasta los 4.000 pesos y a un costado se extienden todo tipo de elementos que trascienden la vajilla: bandejas de plástico, saleros y sales, computadoras viejas, máquinas registradoras, sillas para niños y hasta cuadros.
Donde antes se apretujaban las mesas y el exhibidor de bandejas, ahora hay hornos eléctricos y a gas, uno encima del otro para ahorrar espacio, ofertados desde $700 y hasta $8 mil en sus distintos modelos y tamaños. El Nuevo Argentino también vende su conservadora de helados -a $16 mil- y la balanza digital -a $2.500-, y tiene un espacio especial para vinos de oferta y licores, mención especial a la marca de ron "Negrita".
En el centro del local, algo desgastado por los años y los fuegos, está el enorme asador a la cruz que crepitaba cada noche detrás del vidrio. Es que, como en la mayoría de los tenedores libres, la carne se asaba a la vista de los peatones. Ahora la parrilla está fría y vacía y apenas resalta en una de los costados el cartel con el precio: 16 mil pesos.
El futuro del Nuevo Argentino parece estar agotado. Tal como dijo Blanca a los medios cuando se dio a conocer el cierre, los locales que crecen cada vez más apuntan a un público de clase media y alta y ya no a los sectores populares. Su restaurante es solo uno de los negocios que cerró en este último tiempo en el centro de la ciudad: Los 5 hermanos (indumentaria) y La Esquina (bar), por ejemplo, alegaron como motivo "la crisis" a la hora de bajar la persiana.
Las deudas, sumadas al tarifazo y la devaluación, se configuran como un factor clave para el cierre que dejó como saldo a 14 trabajadores en la calle. Según comentó Blanca a este medio, hasta el domingo 18 de noviembre estarán abiertas las puertas del local de 5 y 50 para que los interesados pasen y vean. Así, uno de los últimos tenedores libres de La Plata podrá sobrevivir, al menos de forma dispersa, en casas y negocios de la ciudad.
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