Vivimos en un tiempo de malestar social acentuado por una crisis económica que impacta en cada rincón de la vida, incluida la salud mental. La desarticulación de políticas públicas en áreas sensibles como educación, discapacidad y trabajo profundiza las desigualdades y, junto a la profundización de los vínculos a través de la virtualidad, exacerba emociones disfuncionales.
Este escenario se traduce en problemas de salud , aumento del estrés y una hostilidad palpable en las escuelas, el trabajo y la calle. Aunque la macroeconomía no dependa de la mayoría de las personas, cuidar nuestra integridad se vuelve una estrategia vital.
Las emociones se expresan primero en el cuerpo y, cuando el entorno nos desborda, el cuerpo se vuelve síntoma. Para prevenir el impacto del estrés prolongado y proteger nuestra salud neurológica a largo plazo, es fundamental activar estrategias de cuidado.
Autocuidado: recuperar la soberanía biológica
El autocuidado implica conocernos, establecer límites y darnos espacio para lo esencial. La ciencia hoy valida tres pilares fundamentales para protegernos:
- Ejercicio físico. Aunque a veces se confunden, la actividad física es cualquier movimiento que consume energía (caminar al trabajo, limpiar), mientras que el ejercicio es una actividad planificada, estructurada y repetitiva, que tiene un objetivo específico. El ejercicio funciona como una "limpieza química" que ayuda a metabolizar el cortisol (la hormona del estrés).
- Respiración consciente. Es la herramienta más rápida para regular el sistema nervioso. Al inspirar y exhalar con ritmo, le enviamos una señal directa al cerebro de que, a pesar del contexto, en este momento estamos a salvo, induciendo un estado de calma y orden.
- Meditación. Es el entrenamiento de la atención. Lejos de dejar la mente en blanco, se trata de practicar la capacidad de observar nuestros pensamientos sin que nos arrastren, fortaleciendo nuestra estabilidad emocional frente a la hostilidad externa.
Cuidado colectivo: nadie se salva solo
Si el autocuidado nos mantiene en pie, el cuidado colectivo es lo que nos permite avanzar. Se configura como un acto político que promueve el bienestar de la comunidad.
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El cuidado colectivo es un acto político que promueve el bienestar de la comunidad
La construcción de redes es fundamental, fortalecer los vínculos afectivos y de contención. La red es un sostén emocional que ayuda a que el malestar no se profundice; estar con otras personas nos recuerda que nuestras angustias suelen ser compartidas y no fallas individuales. Estas redes suelen configurarse como espacios seguros donde podemos expresarnos sin que nos juzguen y nos permite gestionar las emociones en conjunto para estar fuertes.
Cuidarnos hoy es lo que nos permite seguir construyendo un mundo más digno, justo e inclusivo.