La natalidad argentina cayó a 1,2 hijos por mujer, pero una encuesta nacional realizada por Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina junto con la consultora Voices! revela que el fenómeno no responde únicamente a decisiones personales: el 57% de las personas de 18 a 45 años aún no tuvo la cantidad de hijos que desearía por distintas barreras.
El país atraviesa una transformación de sus proyectos reproductivos que combina cambios en las expectativas de vida con dificultades concretas para formar una familia. La inseguridad económica, la inestabilidad laboral, el acceso a la vivienda y la distribución de los cuidados aparecen entre los factores que condicionan esas decisiones.
El dato surge de Deseos reproductivos en la encrucijada. Motivaciones y barreras para decidir en un contexto de baja natalidad, la primera encuesta nacional de intenciones reproductivas, presentada este miércoles en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). La investigación se realizó entre enero y febrero de 2026 mediante cuestionarios online autoadministrados a 1.515 personas de entre 18 y 70 años de todas las regiones del país, una muestra que fue diseñada según los parámetros poblacionales del Censo Nacional 2022 y ponderada por nivel educativo.
Uno de los principales hallazgos aparece entre las personas de 18 a 45 años, según la encuesta el 57% todavía no alcanzó la cantidad de hijos e hijas que desearía tener si no existieran limitaciones de ningún tipo. El dato permite poner en discusión la idea de que la baja natalidad responde exclusivamente a que las nuevas generaciones dejaron de querer formar familias.
De hecho, el modelo de dos hijos continúa siendo el ideal mayoritario y es elegido por el 34% de las personas encuestadas. La diferencia entre los hijos deseados y los efectivamente tenidos señala así una brecha que atraviesa buena parte de las decisiones reproductivas.
El 57% todavía no alcanzó la cantidad de hijos e hijas que desearía tener si no existieran limitaciones de ningún tipo
Según el informe, las condiciones económicas y de cuidado explican el 62% de los casos en los que las personas tuvieron menos hijos de los deseados. La inseguridad económica, la inestabilidad laboral, las dificultades para acceder a una vivienda y los costos asociados a la crianza aparecen entre los principales obstáculos para concretar esos proyectos.
El 57% de las personas de 18 a 45 años aún no alcanzó la cantidad de hijos que desearía tener
La investigación también muestra que los hijos ya no ocupan necesariamente el centro de un único modelo de vida. La salud, la seguridad económica, la vivienda, el desarrollo profesional, los vínculos afectivos y el tiempo personal ganaron peso entre las expectativas de bienestar. En ese escenario, la maternidad y la paternidad pueden ser postergadas o redefinidas frente a otras prioridades. En ese marco, la caída de los nacimientos ya tiene efectos que exceden las decisiones familiares: un informe de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) advirtió que el envejecimiento poblacional también está transformando la organización de los cuidados, el mercado laboral y el sistema de salud.
Cuidados y autonomía reproductiva
Las desigualdades de género también tienen un papel central. Aunque existe un amplio acuerdo sobre la necesidad de una mayor participación masculina en las tareas domésticas y de cuidado, las mujeres continúan siendo las principales responsables de cuidar a hijos, adultos mayores y de realizar las tareas básicas del hogar. Esa distribución tiene consecuencias concretas sobre los proyectos reproductivos. El tiempo, la energía, la salud, la trayectoria laboral, la autonomía económica y la carga cotidiana de cuidados pueden influir tanto en la decisión de tener hijos como en la de postergar ese proyecto o limitar la cantidad deseada.
La autonomía reproductiva, además, no se reduce a decidir cuántos hijos tener. La encuesta encontró que el 92% de las personas conoce los métodos anticonceptivos, pero el 22% manifestó que alguna vez no pudo utilizar el método de su elección. A su vez, casi cuatro de cada diez mujeres señalaron haber atravesado dificultades para decirle “no” a su pareja ante relaciones sexuales no deseadas.
Entre las mujeres jóvenes también aparece un cambio en relación con el mandato tradicional de la maternidad. Dos de cada diez mujeres de entre 18 y 24 años manifiestan que no desean tener hijos, un dato que el informe vincula con una redefinición más amplia de las trayectorias de vida y de las expectativas de realización personal, y no necesariamente con un desinterés generalizado por la maternidad.
Postergación, fertilidad y nuevos proyectos de vida
El retraso de la maternidad y la paternidad constituye otro de los cambios que atraviesan las decisiones reproductivas. La búsqueda de mayor estabilidad económica, educativa, emocional o laboral puede llevar a postergar la llegada de los hijos, aunque esa decisión también entra en tensión con los límites biológicos de la fertilidad.
La búsqueda de estabilidad laboral, económica y personal lleva a muchas personas a postergar sus proyectos reproductivos
En ese contexto, la infertilidad y las técnicas de reproducción asistida adquieren una presencia creciente. El informe señala una alta aceptación del congelamiento de óvulos y de estas alternativas, aunque advierte sobre el desafío de garantizar que no queden reservadas para quienes cuentan con mayores recursos económicos, educativos o territoriales.
Los resultados también muestran que estas transformaciones no son iguales para toda la población. Entre los varones jóvenes aparecen mayores niveles de incertidumbre frente a la paternidad y, en algunos indicadores, una adhesión más fuerte a valores tradicionales vinculados con el apellido, el patrimonio, el estatus o la confirmación de la fertilidad.
Para el UNFPA, el desafío de las políticas públicas no debería ser promover la fecundidad en abstracto, sino remover los obstáculos que impiden concretar los deseos reproductivos. Eso supone fortalecer las condiciones materiales para la crianza, ampliar los servicios de cuidado, promover la corresponsabilidad en los hogares y garantizar el acceso efectivo a métodos anticonceptivos y servicios de salud reproductiva.
El desafío de las políticas públicas no debería ser promover la fecundidad en abstracto, sino remover los obstáculos que impiden concretar los deseos reproductivos
De esta manera, la caída de la natalidad puede ser leída como algo más que un fenómeno demográfico: también refleja cambios en las condiciones de vida, las relaciones de género, las expectativas personales y la organización social del cuidado. La pregunta central deja de ser cuántos nacimientos debería haber y pasa a ser si las personas cuentan realmente con las condiciones para decidir libremente sobre sus trayectorias reproductivas y vitales.