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Tensión en el juicio por jurado por un crimen en La Plata: dos testigos vieron cómo golpeaban a la víctima

Testigos claves parecen comprometer al acusado en el crimen ocurrido en pandemia en un barrio de Melchor Romero. Cuatro días de audiencias en La Plata.

En la mañana helada de este miércoles 25 de junio, el fuero Penal de La Plata fue escenario del otro tramo del juicio por jurado ciudadano para Julio Sotelo, acusado de participar en el crimen de Reinaldo Solís, un hombre paraguayo de 41 años que fue hallado con el rostro ensangrentado y sin signos vitales en la madrugada del 12 de septiembre de 2020.

El hecho, ocurrido en el barrio Malvinas de Melchor Romero, sacudió a una comunidad atravesada por el encierro de la pandemia, la violencia barrial y la desprotección estatal. Por este hecho hay otro acusado, de apellido Oyhamburu, que será juzgado en 2026.

A cuatro años del crimen, el proceso judicial avanzó hasta la instancia clave: un jurado popular integrado por 12 ciudadanos y ciudadanas bonaerenses deberá decidir si Sotelo es culpable del delito de homicidio en ocasión de robo.

Este miércoles declararon tres testigos fundamentales: dos vecinos que vieron parte del ataque a Solís, y una joven que organizó una fiesta informal en la que estuvieron tanto la víctima como los acusados. Sus testimonios, desgarradores y precisos, fueron seguidos con atención por los jurados, la fiscal del caso, Victoria Huergo, y el juez técnico a cargo del debate, Emir Alfredo Caputo Tártara, con la asistencia de la secretaria Analía Reyes.

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La defensa de Julio Sotelo atento a cada detalle en el juicio por jurado ciudadano que se desarrolla en La Plata.

“Le pegó un piedrazo en la cara”

El primero en declarar fue Luis Machuca, un vecino paraguayo que aquella noche estaba en la zona de calle 34 entre 158 y 159. Dijo que escuchó gritos y observó una escena brutal: “Vi a Oyhamburu arriba de Solís pegándole con los puños. Sotelo estaba al lado, mirando. Después se fueron juntos”, aseguró, con tono calmo pero firme. No dudó en describir la participación pasiva del acusado, y ese dato fue remarcado por la fiscal.

Luego fue el turno de Carla Gómez, otra vecina del barrio. Desde su ventana, logró ver una parte más cruda del ataque. Según relató, no solo vio a Oyhamburu golpeando a Solís, sino que también identificó a Sotelo como uno de los agresores activos: “Le pegó un piedrazo en la cara y también le dio con una madera”, dijo sin titubeos. Su relato se volvió el eje más tenso de la audiencia.

Ambos testigos coinciden en algo: tras el ataque, los dos sospechosos se alejaron del lugar. Según el expediente, Solís fue hallado aún con vida unas horas más tarde, pero murió camino al hospital. El otro hombre que lo acompañaba esa noche, Oscar Benítez, sobrevivió al ataque y declaró en instrucción.

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Victoria Huergo, fiscal de juicio de La Plata, a cargo de la acusación pública.

Una fiesta, una cara ensangrentada y la huida del barrio

La tercera en subir al estrado fue Itatí Chilavert, una vecina del barrio que la noche del crimen organizó una reunión en su casa. Afirmó que ni Sotelo ni Oyhamburu estaban invitados, pero de todos modos se presentaron. Recordó que se retiraron durante la noche y regresaron un rato después, en un estado que llamó la atención: "Vi a Oyhamburu con sangre en la cara", declaró.

Su testimonio sirvió no solo para ubicar a los acusados en la zona antes y después del crimen, sino también para establecer una línea temporal que coincide con la franja horaria del ataque, según los informes forenses y las pericias telefónicas. Además, confirmó que, tras conocerse la muerte de Solís, los vecinos del barrio incendiaron la casa de Oyhamburu, y que Sotelo desapareció de la zona por unos días.

Esa reacción comunitaria, violenta pero ilustrativa del nivel de conmoción que generó el crimen, fue mencionada por la fiscal Huergo como parte del contexto social en el que se inscribe el hecho.

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El acusado Julio Sotelo, llegó a juicio en libertad

Un caso atravesado por la pandemia y la violencia estructural

El juicio se desarrolla en medio de una tensión latente. La defensa de Sotelo, quien llegó al debate en libertad, apostará a remarcar las contradicciones del caso, y a subrayar que no hay prueba directa que lo ubique como el autor material del homicidio. Sin embargo, el cúmulo de testimonios y peritajes podría inclinar la balanza del jurado, que deberá emitir un veredicto unánime.

El otro imputado, Oyhamburu, será juzgado en 2026 por un tribunal colegiado. La decisión de Sotelo de ser juzgado por jurado popular responde a una estrategia que, en muchos casos, apuesta a la posibilidad de una duda razonable que divida al jurado. Pero los indicios que emergen del expediente complican esa línea: Sotelo fue visto en el lugar, se fue con el coimputado, reapareció con signos de violencia, y se fue del barrio luego del crimen.

La fiscal Huergo, reconocida por su temple y meticulosidad, dejó entrever que solicitará una condena ejemplar. Para ello, apelará no solo al relato de los testigos, sino también al análisis de las pruebas físicas: la campera manchada, el informe de autopsia, los registros de llamadas y la secuencia temporal reconstruida por los peritos.

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Emir Alfredo Caputo Tártara, juez del Tribunal Oral Criminal IV de La Plata

Los próximos pasos en el juicio por jurado

Este jueves continuará el juicio con nuevos testimonios como peritos médicos, que detallarán las lesiones sufridas por Solís: múltiples fracturas en el rostro, traumatismos craneales y signos compatibles con golpes de objetos contundentes. La defensa buscará relativizar esos informes, y remarcar la ausencia de huellas directas o elementos que vinculen físicamente a Sotelo con el cuerpo de la víctima.

Mientras tanto, el jurado escucha. Atento. La sala de audiencias se convierte por estos días en un espacio donde la verdad busca abrirse paso entre la niebla de los recuerdos y el tiempo. La historia de Reinaldo Solís, un hombre común, muerto en la soledad de una calle, ahora se reconstruye fragmento a fragmento. La justicia popular tendrá la última palabra.

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