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Las luces del bar

Nos dejó Gabriel Vallejos, personalidad destacada de la cultura de La Plata y de los corazones de todos los que brindamos tantas veces con él.

Una tardecita primaveral de hace varios años estábamos alrededor de una mesa en Miraflores reunidos con Gabi, porque a mí se me había ocurrido hacer un programa de radio transmitido desde esa terraza. Una locura. Pero a Gabi le había gustado la idea. Entonces fuimos con algunos amigos a hablar con él para fantasear entre todos ese proyecto, que en verdad era más bien una excusa para comer y tomar un rato. En un momento de la charla, después de disfrutar de unos tragos riquísimos, ocurrió lo siguiente:

—Yo creo que podríamos ubicarnos allá arriba y transmitir mirando hacia abajo —dije entusiasmado.

—Sí, estaría buenísimo colocar unas cámaras al costado y proyectar acá contra esta pared —agregó mi hermano.

—Incluso podríamos ver de conseguir unos micrófonos para ubic…

¡Pum! De golpe, Gabi se dejó caer, su cabeza golpeó con fuerza sobre la mesa, cerró los ojos y se quedó quieto por tres segundos que se hicieron eternos. Todos hicimos silencio y nos miramos con los ojos abiertos como huevos fritos, incrédulos, sin reacción.

—El chabón se desmayaba de la nada —dijo enseguida, ya reincorporado como si nada hubiese pasado.

Estallamos de risa. Creo que fue una de las veces que más me tenté en mi vida. Completamente descolocados, no podíamos creer el momento insólito que nos hizo pasar la persona a la que en teoría le estábamos presentando un proyecto de trabajo. Ya no teníamos los ojos como huevos fritos, sino que los habíamos cerrado de tanto reírnos, llenos de lágrimas.

Gabriel Vallejos

Gabriel Vallejos era un loco lindo.

La noticia de su partida este 20 de julio sacudió los corazones de su familia hermosa repleta de Vallejos -uno más querido que el otro-, de sus amigos más cercanos y de sus compañeros de trabajo, pero también de muchos, muchísimos hombres y mujeres de esta ciudad que lo quisieron tanto -tal vez nunca se lo dijeron- porque compartieron con él momentos hermosos en alguna mesa de Miraflores, en la barra de La Mulata, en algún banquito de Cruel, en la vereda de Run Run, en Olmos, en la cancha de Gimnasia, en cualquier lugar.

Gabi no pasaba desapercibido porque alrededor de él se generaba una atmósfera cautivante que era como un imán desbordante de alegría. Muy amigo de sus amigos, era la persona más generosa que uno podía imaginar. Era un buen tipo de verdad. De esos que a uno le hacían bien.

A Gabi lo conocimos todos los que allá atrás en el tiempo esperábamos los fines de semana para ir a pasar madrugadas enteras en aquella guarida de calle 55, a la vuelta de Plaza Moreno, para disfrutar de la mejor música, de una coctelería original que preparaban en el momento, fresca, colorida y con hojas de menta y albahaca, o ramitos de tomillo y romero, cuando todavía no existían las historias de Instagram.

¿Quién no le pidió a Gabi en todos estos últimos años que volviera La Mulata? Incluso él también fantaseaba con al menos organizar una fiesta de reencuentro. La cantidad de gente que hubiese dicho presente, no puedo ni calcularlo.

Gabi siempre estaba con un vaso en la mano, y siempre comiendo algo rico. Era un enamorado de la comida y de los tragos pero fundamentalmente de los momentos con amigos alrededor de una mesa. En eso él siempre fue el mejor. Por eso su partida también es una enorme pérdida para esta ciudad: desde finales del siglo pasado estaba empecinado en crear espacios de encuentros para que amigos y familia confluyeran en historias que nacían con un brindis y duraban para la eternidad.

Cuántos platenses habremos levantado una copa en su honor, con él sonriendo ahí cerca, también con su vaso apuntando al cielo, con David Bowie cantando a todo volumen a las 4 de la madrugada, también formando parte de un momento mulatero que quedaría para el recuerdo.

En el escenario de La Mulata

A Gabi le escribía un mensaje de texto desde la pista para pedirle que pasara El genio del dub de Los Fabulosos Cadillacs; cinco minutos después él subía por esa escalerita imposible hasta la cabina de música y cuando empezaban a sonar ese teclado y ese bajo en la menor, miraba hacia abajo y nos guiñaba un ojo, subía el volumen y disfrutaba más que nosotros. Con él, las luces del bar tenían siempre el mejor de los colores.

Gabi, personalidad destacada de la cultura de La Plata. Qué merecido fue ese homenaje de hace pocos meses atrás. Estaba contento. Llevó empanadas y vino a la Municipalidad, y todos brindamos y lo aplaudimos.

Es maravilloso pensar en la cantidad de personas que lo va a recordar para siempre.

Y es hermoso pensar en que esos recuerdos aparecerán mágicamente en cualquier momento de nuestros días, cuando ni siquiera lo esperemos. Cuando escuchemos algún disco de Charly García, cuando suene por ahí algún tango del Polaco Goyeneche, algún clásico de Bowie, alguna melodía de Mostruo!, cuando aparezca sobre la mesa alguna porción de sopa paraguaya, alguna empanada de carne cortada a cuchillo, alguna tortillita, un cebichito, algún buen pedazo de carne vuelta y vuelta a la parrilla, cuando veamos una foto o un video de Maradona.

¿Y si finalmente pudo conocer a Maradona?

En el último festejo por el aniversario de Miraflores, la noche del 20 de diciembre del año pasado, Gabi agarró el micrófono y se puso a cantar algunos de los temas que más le gustaban. Cuando la banda que lo acompañaba empezó a tocar Número 2 en tu lista, de los Cadillacs, me la dedicó: "Esta canción es para Moscoso… además, por si no lo saben, es una canción que escribió él". Me hizo reír. Me volvió a hacer reír. Como siempre.

Y volví a reír como aquella tarde, ahí mismo, en donde simuló desmayarse en medio de una reunión de trabajo. Ahí en donde yo fantaseaba con hacer un programa de radio, en donde ahora él estará sobrevolando cada rincón, día y noche, brindando con la misma sonrisa de siempre junto a los miles que lo queremos y que le debemos tantos buenos momentos. Los miles que desde este lunes vamos a levantar una copa al cielo para volver a brindar con él hasta la eternidad.

Salud, Gabi.

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