martes 28 de abril de 2026
Lidia Cantero Hogar del Padre Cajade (21)
"Nos quedamos solos"

La historia de la nena criada por Carlos Cajade que sufrió su muerte y se convirtió en educadora

Lidia Cantero vivió en el Hogar con el padre Carlos Cajade y luego se convirtió en educadora. Recuerda el dolor por su muerte y cómo los pibes tomaron la posta.

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El martes 18 de octubre de 2005, Lidia tomó la decisión de no saludar al Padre Carlos Cajade. A pesar de que había podido entrar al sanatorio donde estaba internado, no quiso que la vea hecha un mar de lágrimas. Fue la última vez que el cura se mostró ante los pibes del hogar. Lo hizo como un presidente que saluda desde el balcón a la calle. Ya se había operado de un tumor en el colon. Esa mañana no había comido, no había hablado, pero lo sorprendió la multitud. Sus fieles hicieron una peregrinación de casi 10 kilómetros para celebrar el día de la Virgen de Schoenstatt sobre la vereda de Ipensa. Cajade juntó fuerzas, se asomó a una ventana y habló a la distancia: les prometió que iba a salir e iba a organizar un asado para todos, una gran fiesta. Los chicos del hogar, que llevaban mucho tiempo sin verlo, quedaron en shock al verlo. Estaba flaco, muy débil. Fue un golpe. Él, con sus últimas fuerzas, los alentó, les dio esperanzas. Falleció cuatro días después, a los 55 años.

La muerte de Cajade fue un cimbronazo para el "Hogar de la Madre Tres Veces Admirable", que él mismo había fundado 20 años antes. La enfermedad fue fulminante. Quienes quedaron a cargo no tuvieron mucho tiempo para reorganizar la continuidad del proyecto, pero los impulsó una necesidad: cuidar a los pibes que todavía vivían en el predio y dependían del futuro de la institución. Durante 8 años, desde 2005 a 2013, el hogar "sobrevivió flotando".

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Lidia Cantero es una de las primeras integrantes del Hogar. Llegó en 1987, a los cuatro años, e hizo todo el caminito: vivió como hija adoptiva de Cajade, terminó la escuela, formó una pareja, tuvo a sus hijos y decidió adoptar a otros para criarlos en el mismo lugar donde ella creció. Lidia recibe a 0221.com.ar en el predio al cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento del Padre, esta vez son 20 años.

Lidia Cantero Hogar del Padre Cajade (23)
Lidia Cantero en la ermita donde descansan los restos del Padre Carlos Cajade.

Lidia Cantero en la ermita donde descansan los restos del Padre Carlos Cajade.

"Como las hormigas"

El hogar funciona en 643 entre 12 y 13. Es un terreno amplio, con aires de campo, parecido a los paisajes rurales que se ven en el interior de la Provincia, muy distinto a la geografía del casco urbano de La Plata. Hay más de 10 kilómetros de distancia entre el predio y la Plaza Moreno. Allí los chicos viven con sus educadores, que son sus padres adoptivos. Hay seis casas construidas, una capilla y una ermita –un espacio de culto donde se encuentran los restos del Padre–.

Desde allí, Lidia habla sobre las dificultades que tuvieron tras el fallecimiento de su referente: "Cuando Cajade muere, nos quedamos solos. Como las hormigas, viste que siguen un camino y cuando vos los desparramás y empiezan a ir para cualquier lado...”, recuerda.

Cuando murió Cajade fuimos como las hormigas que cuando les desparramás el camino empiezan a ir para cualquier lado Cuando murió Cajade fuimos como las hormigas que cuando les desparramás el camino empiezan a ir para cualquier lado

"Fue muy duro para nosotros, para sus hijos, permitir que venga alguien y que ocupara el lugar de él o que moviera algo que él había puesto", dice Lidia sobre cómo transitaron el duelo. El golpe fue muy duro. La enfermedad avanzó muy rápido, pero el cura nunca les transmitió miedo intentó mostrarse con optimismo en todo momento. "Él decía que le habían encontrado un tumor, como que no era nada grave, pero nosotros trabajábamos en la imprenta y pudimos googlear lo que significaba", cuenta. "Cuando lo fui a ver el último viernes, me dicen que entró en coma, yo digo: 'va a salir de esto, va a levantar'", recuerda.

"Al otro día vienen los amigos, empiezan a preparar lo que era el velatorio, pero todavía no había fallecido. '¿Qué haces? ¡si todavía no murió, no va a morir!', les dije. Era como nuestro viejo. Al otro día me dieron la noticia de que había fallecido", reconstruye Lidia, cargada de emoción.

Ermita donde está el cuerpo del Padre Carlos Cajade (17)
El cuerpo de Carlos Cajade se encuentra en el predio de 643 entre 12 y 13

El cuerpo de Carlos Cajade se encuentra en el predio de 643 entre 12 y 13

Para los pibes del Hogar, el cura era un padre, un referente, un guía espiritual. Pero, para la organización en sí, era una pieza irremplazable. Era especialmente conocido en la región —nació en Ensenada, fue sacerdote en Berisso, y en La Plata construyó el hogar–, tenía una convicción especial y un carisma único.

Una tarde, un contingente de extranjeros proveniente de Suiza, que circulaba por La Plata, apareció por casualidad en el Hogar. Estaban perdidos y frenaron en la tranquera para pedir orientación. Los recibió el padre, intercambiaron palabras y quedaron fascinados con la historia: meses después, compraron una chacra frente al predio, la donaron a la organización y también financiaron la construcción de una de las casas que hoy alberga a decenas de chicos. "La mayoría de las cosas que hay en el predio se hizo a través de las amistades de Cajade, de la solidaridad de la gente", explica Lidia.

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El Hogar de la Madre Tres Veces Admirable está en medio del campo, a 10 kilómetros de Plaza Moreno

El Hogar de la Madre Tres Veces Admirable está en medio del campo, a 10 kilómetros de Plaza Moreno

Los pibes de Cajade toman la posta

Eso cambió bastante con su muerte. "Fueron años duros, porque la gente dejó de venir, ya no era la misma ayuda que cuando estaba Cajade”, dice su hija adoptiva. "Todos fines de semana veías un mundo que venía y de golpe no venía nadie. Cajade tenía la palabra justa. Él con la palabra te enamoraba. Eso te hacía ayudar, colaborar y estar. Las misas se llenaban, venía gente de todos lados; era muy linda de escuchar, no era leído, él contaba alguna historia, daba una misa con palabras que salían del corazón y enseñaba la palabra de dios con hechos. Era muy lindo escucharlo hablar. Era un cura villero, dedicado a los pibes”, recuerda.

En 2013, los pibes de Cajade, los que fueron hijos adoptivos, los que lo conocieron, se reunieron para impulsar el proyecto con más fuerzas. El duelo, lógicamente, hizo que la organización se estancara en cuanto a crecimiento. "Pudimos trabajar con psicólogos, con todos y entender que él ya había marcado el camino mientras estuvo, nos quedaba a nosotros poder retomar lo que había dejado. El camino de él había terminado ahí y era el momento de los pibes de Cajade, que fuimos los que agarramos la posta. Él siempre nos decía: 'Cuando yo no esté quiero que ustedes se hagan cargo del hogar'", cuenta Lidia.

Entendimos que el camino de él había terminado y era el momento para que los pibes de Cajade agarremos la posta Entendimos que el camino de él había terminado y era el momento para que los pibes de Cajade agarremos la posta

La infancia de Lidia con Carlos Cajade

Lidia tiene 43 años, vive en una de las seis casas del Hogar Convivencial junto a 16 chicos: tres de ellos son hijos biológicos. El cuarto, el mayor de edad –el único que conoció a Carlos Cajade, tiene 22–, vive en otro sitio del Hogar, para adolescentes y jóvenes.

Se crió en Barrio Aeropuerto, en un contexto de adicciones y violencia. Recuerda todo: no se quería ir de su casa a los cuatro años. Cuando llegó al predio, el cura prometió devolverle la ternura que le robaron al nacer. La contuvo, la mimó y la ayudó a recomponer el vínculo con sus padres. “El hogar me permitió tener mi cama, mi placard, un plato de comida, un cumpleaños, un regalo de navidad, conocer el mar. Nunca me faltó esa persona que estuviera atrás mío y se preocupara por lo que me pasaba, que me llevara al médico”.

Lidia con padre cajade
Lidia junto a Carlos Cajade, en San Clemente del Tuyú

Lidia junto a Carlos Cajade, en San Clemente del Tuyú

Había dos hermanos de Lidia que estaban en el Hogar de la Madre Tres Veces Admirable meses antes de su llegada. No estuvo con desconocidos durante los primeros días. La adaptación le resultó más fácil porque se aferró mucho a ellos. Pese a eso, el barrio no los recibió bien. Muchos vecinos se opusieron a la idea de un espacio que albergara a chicos de la calle. Incluso, juntaron firmas para echarlos de la zona.

Los pibes vivían el Hogar y fin de semana por medio podían ir a la casa de sus padres a visitarlos. Para Lidia, la situación fue difícil. En su casa, el ambiente era difícil. En el Hogar, ya se había encariñado y cada vez les costaba más irse, cumplir con el compromiso. Con el tiempo, pudo reconfigurar la imagen de su familia biológica. "De grande, entendés que ese era todo el cariño que ellos me pudieron dar. Eso fue un trabajo que me hizo entender Cajade, que mi mamá fue una madre sufrida y entonces el amor que me podía dar era ese", reflexiona.

Lidia Cantero Hogar del Padre Cajade (24)
Lidia se fue a vivir a los cuatro años al Hogar y ahora trabaja como educadora

Lidia se fue a vivir a los cuatro años al Hogar y ahora trabaja como educadora

A los dos años de su llegada, tuvo un nuevo giro en su vida. Sus hermanos (eran familia por parte de su madre), decidieron abandonar el Hogar e irse a vivir Paraguay con su padre, que tenía que hacerse un tratamiento contra el cáncer. Lidia quedó sola nuevamente. Volvió a sentirse desprotegida. En el predio vivían cerca de 80 chicos. "Entonces él me venía a dar charlas, me decía que esté bien, me cuidaba y me regalaba cosas. Un día me despierto y me regaló un peluche, era una gata grande. A veces me defendía de los pibes o las pibas que me peleaban", recuerda de su infancia.

La magia del Padre Cajade

Los chicos del hogar vivieron la década del 90 con alegría. Corrían con libertad, tenían juguetes a disposición y un predio enorme para imaginar y jugar. El padre se prendía a casi todos los juegos, se sumaba incluso a los partidos de fútbol. "Los clásicos eran educadores contra los pibes del hogar".

"Subíamos de árbol en árbol, cuando llovía y se inundaba, nos metíamos todos. Le pedíamos entrar a la casa a jugar para limpiar y él nos dejaba siempre", cuenta. "Cajade tenía esto de siempre agarrar una guitarra y cantarnos, recuerdo que cantaba siempre la que dice: 'Desde Corrientes a Buenos Aires..'" (rememora Lidia, en referencia a "Cachito, el campeón de Corrientes", de León Gieco).

"Él abría la ventana y decía: '¿Quién quiere garrapiñadas?', y como estábamos todos jugando veníamos todos y empezaba a repartir garrapiñadas o a nosotros nos daba bolsas de caramelos para que vayamos a darle a todos y repartíamos a todos, siempre buscaba cosas para ponernos contentos, para darnos alegría", recuerda con una sonrisa.

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Lidia recuerda cuando el Padre Cajade abría la ventana y les invitaba garrapiñadas y golosinas.

Lidia recuerda cuando el Padre Cajade abría la ventana y les invitaba garrapiñadas y golosinas.

"Las vacaciones de verano nunca nos faltaron, yo conozco el mar gracias a Cajade. Siempre nos íbamos a la costa. Más a San Clemente, porque uno de los hermanos del cura tenía una casa allá. Fuimos a Santa Teresita, a Chapadmalal, siempre conseguíamos algo", cuenta con alegría.

A los 19 años, Lidia quedó embarazada. "Yo me acuerdo que él me decía, cuando lo vio y le dio la bendición: 'a este chico, lo que nunca le va a faltar, es amor, porque está rodeado de toda gente que te aman a vos y aman a tu hijo'”.

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El altar del Padre Cajade en la capilla del Hogar

El altar del Padre Cajade en la capilla del Hogar

Los homenajes al cura

El Concejo Deliberante de La Plata aprobó poner su nombre en la plazoleta de 7 y 90 y este miércoles desde las 10 se hace la misa en el Hogar Padre Cajade en recuerdo por los 20 años de su fallecimiento. "Los pibes de Cajade" se encargaron de transmitir el legado y contar sobre su historia a las nuevas generaciones.

"Cada uno tiene su altarcito de Cajade en la casa, siempre le pedimos", cierra Lidia. "Para nosotros es un Santo. Cuando uno necesita, si le pedís, él no te falla. Él decía 'si vos ponés los cinco panes y los dos pescados, el de arriba no te falla. Entonces nosotros decimos, 'si ponés los cinco panes y los dos pescados, Cajade no te falla'".

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