La Justicia de La Plata investiga la conformación de una presunta red de corrupción en la Unidad 9 de Villa Elvira, en medio de un escándalo que expone un sistema de venta ilegal de alimentos dentro del penal. La denuncia detalla precios y modos de producción y distribución en lo que operaba como un verdadero "patio de comidas tumbero", valiéndose de recursos del Estado y con control interno.
En el corazón de la denuncia que investiga la Unidad Funcional de Investigación y Juicio (UFIJ) N°7, a cargo de la fiscal Virginia Bravo, aparece un esquema tan llamativo como rentable: un verdadero almacén que operaba dentro del pabellón 16B, con producción propia, precios definidos y una red de distribución interna.
Según pudo reconstruir 0221.com.ar tras acceder a la denuncia que dio apertura al expediente judicial, el sistema no solo abastecía a los internos del sector, sino que también extendía sus ventas a otros pabellones, en un circuito que requería logística, organización y –de acuerdo a los denunciantes– la permisividad del SPB.
El "patio de comidas tumbero" no solo abastecía a los internos del pabellón donde funcionaba, sino a otros presos recluidos en otros sectores del penal
La estructura funcionaba como una rotisería informal montada dentro del pabellón. La denuncia describe la existencia de freezers y heladeras de gran tamaño donde se almacenaban alimentos y bebidas, además de espacios específicos utilizados para la elaboración de productos.
Unidad 9 denuncia
En el pabellón apuntado se había montado una imponente infraestructura para sostener el "patio de comidas tumbero"
El escrito también detalla los precios fijados para la venta de los productos, que eran conocidos por toda la población carcelaria:
- Torta o pastafrola: $9.000 (con una producción estimada de 15 unidades diarias)
- Atado de cigarrillos Red Point: $3.000
- Pizza de muzzarela: $17.000
- Coca Cola: $25.000
- Sándwich de milanesa de pollo: $15.000
- Sándwich de milanesa de carne: $16.000
Y en la misma línea se detalla además que la producción de estos alimentos se realizaba de manera cotidiana. Las tortas y pastafrolas eran elaboradas todos los días, mientras que las pizzas, milanesas y sándwiches formaban parte de un menú fijo que se ofrecía tanto dentro como fuera del pabellón.
Uno de los puntos clave del esquema era el origen de los insumos. De acuerdo al documento, muchos de los ingredientes utilizados –como harina, carne, aceite o pan rallado– provenían de áreas del propio penal, lo que configura una posible malversación de recursos destinados a la alimentación general de los detenidos. Otra parte de la mercadería, en tanto, se obtenía a través de internos que eran obligados a aportar productos o a trabajar en la elaboración, en algunos casos bajo presión o amenazas
El sistema no se limitaba a la comida. También se comercializaban cigarrillos en grandes cantidades y se utilizaban billeteras virtuales para canalizar los pagos, lo que permitía sostener un flujo constante de dinero dentro del pabellón.
El Servicio Penitenciario Bonaerense en la mira
Según consta en la denuncia, el circuito de venta preveía incluso la llegada de internos de otros sectores hasta la puerta del pabellón para comprar productos. Todo lo cual sucedía –siempre según consta en la denuncia– sin impedimentos y con conocimiento de autoridades penitenciarias, quienes también se encuentran siendo investigados.
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La "rotisería" improvisada en la Unidad 9 de La Plata desató un escándalo que ya está siendo investigado por la Justicia
La denuncia incluso advierte que la recaudación diaria de este conjunto de actividades sería elevada, formando parte de un esquema más amplio de economía ilegal que funcionaba bajo el control de un grupo de internos. En ese contexto, la venta de alimentos aparece como una pieza central de una estructura mayor, que combinaba negocios, coerción y organización interna y que ahora es materia de investigación judicial en La Plata.