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Condenaron en La Plata a un delincuente que ya había estado preso por el secuestro del padre de Pablo Echarri

Julio César Mettica fue condenado en La Plata por robos en banda. Su historia incluye el Mundial de Rusia 2018 con la AFA y un antecedente por secuestro.

El adelanto veredicto llegó en los tribunales penales de La Plata y cerró —al menos en términos formales— una historia que nunca fue lineal. Julio César Mettica fue condenado a 4 años y seis meses de prisión por robo en poblado y en banda. Pero cuando los jueces terminaron de leer la sentencia, el dato más relevante ya no estaba en el futuro, sino en el pasado: llevaba 5 años y 2 meses detenido. Y por eso, quedó en libertad.

La decisión fue adoptada por el Tribunal Oral en lo Criminal II, integrado por Claudio Bernard, Silvia Hoerr y Analía Carrillo, en el marco del juicio a una banda acusada de cometer una serie de robos en 2021.

Mettica, que contó con la defensa del letrado Germán Oviedo, también fue absuelto por el delito de cohecho, que le había sido atribuido por un supuesto intento de soborno a un funcionario policial tras su detención.

El fallo, sin embargo, no puede leerse solo desde el expediente. Porque el nombre de Mettica arrastra una historia que excede este juicio. Una historia que incluye un secuestro extorsivo de alto impacto, una condena cumplida y un dato tan inesperado como incómodo: su presencia en la delegación argentina que viajó al Mundial de Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018 junto a la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino encabezada por Claudio Tapia.

Julio Mettica Mundial Rusia 2018

Julio Mettica, condenado en La Plata, fue parte de la delegación oficial de AFA que viajó al Mundial Rusia 2018

Una condena que ya estaba cumplida

El fiscal de juicio había solicitado penas superiores a los 11 años de prisión para los acusados, al considerar acreditada la existencia de una organización delictiva que actuó en distintos puntos de la ciudad.

Pero el tribunal optó por una calificación más acotada en el caso de Mettica y fijó una pena de 4 años y seis meses por robo en poblado y en banda. El dato determinante fue el tiempo de detención preventiva: más de cinco años privado de la libertad antes de la sentencia. Ese período absorbió completamente la pena impuesta.

Así, la escena final tuvo una paradoja conocida en los tribunales: la condena se dictó, pero ya estaba cumplida.

Detenidos por entradera y tiroteo en La Plata

Los hechos: una seguidilla en febrero de 2021

Mettica fue juzgado junto a Ezequiel Barrios, Leonardo Bustamante y Miguel Ángel Gómez, acusados de integrar una banda que protagonizó al menos tres hechos en pocos días.

El primero fue un escruche en una vivienda de calle 23 entre 66 y 67, donde sustrajeron relojes de alta gama, alhajas, dinero y un arma de fuego. El segundo, un asalto a una carnicería en 138 y 61, en Los Hornos, de donde escaparon con la recaudación y distintos elementos del comercio. Por su parte, el tercero fue un violento robo en una casa de calle 19 entre 61 y 62, donde una mujer y su hija fueron agredidas.

Ese último episodio derivó en una persecución y un enfrentamiento armado con la policía en la zona de 46 y 151, que terminó con la detención de los acusados.

Tribunales Penales de La Plata (2)

Uno de los puntos más delicados del juicio era la imputación por cohecho contra Mettica. Según la acusación, había ofrecido 400 mil pesos a un policía para obtener su liberación.

El tribunal, sin embargo, no encontró pruebas suficientes para sostener esa hipótesis y resolvió absolverlo por ese delito. Esa decisión impactó directamente en la pena final y marcó un límite a la reconstrucción planteada por la fiscalía.

El antecedente que siempre vuelve

Antes de este juicio, el nombre de Mettica ya había ocupado titulares. Fue condenado por su participación en el secuestro extorsivo del padre del actor Pablo Echarri, un caso que marcó a la opinión pública. Cumplió esa condena.

Secuestro al padre de Pablo Echarri

Y, sin embargo, su historia no terminó ahí. Años después de aquel caso, Mettica apareció en un escenario completamente distinto: integró la delegación argentina que viajó al Mundial de Rusia 2018.

No como futbolista, ni como parte del cuerpo técnico. Estaba allí, dentro de la comitiva que encabezaba “Chiqui” Tapia al frente de la AFA.

El dato no forma parte del expediente judicial. No fue materia de prueba ni de debate en el juicio. Pero es real. Y su sola existencia introduce una pregunta que el proceso no responde: cómo se conectan esos mundos.

Chiqui Tapia Tribunales 3

El contexto de la AFA y “Chiqui” Tapia

La figura de Claudio Tapia atraviesa ese episodio. Conocido popularmente como “Chiqui”, conduce la AFA desde 2017 y fue quien encabezó la delegación en Rusia 2018.

En la actualidad, Tapia enfrenta una investigación judicial por presunta evasión impositiva vinculada a la retención de tributos en el ámbito de la AFA. La causa —en la que el dirigente ha rechazado irregularidades— se encuentra en trámite y forma parte de un escenario más amplio de revisiones sobre el manejo económico de la entidad.

No hay, en este caso, imputación alguna que lo vincule con Mettica en el plano penal. Pero el cruce de ambos nombres en un mismo episodio —aquel viaje al Mundial— adquiere hoy otra dimensión a la luz de los hechos.

Un recorrido que no cierra

La historia de Mettica no es lineal. Incluye un secuestro extorsivo, una condena, un lugar en una delegación mundialista y un nuevo proceso por robos violentos. Ahora suma otro capítulo: una condena que no implicó cárcel efectiva porque el tiempo ya había sido cumplido.

El tribunal resolvió sobre hechos concretos. Fijó una pena, absolvió por un delito y ordenó la libertad. Pero hay algo que quedó afuera. El recorrido. Las conexiones. Las preguntas. Cómo alguien pasa de un expediente por secuestro a un avión rumbo a Rusia con la delegación de la AFA. Y de ahí, otra vez, a un tribunal penal.

En la sala de audiencias, todo terminó con una fórmula jurídica: “condenar” y “absolver”. Afuera, la historia sigue siendo otra cosa. Porque hay nombres que aparecen en lugares donde no deberían estar. Y cuando vuelven a aparecer —años después, en otro contexto, bajo otra acusación— obligan a mirar más de cerca. No para encontrar respuestas. Sino para entender que, a veces, las historias más importantes no son las que se prueban. Son las que, simplemente, están.

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