Las leyendas de Carlos Bilardo: la historia de su escuela Internacional con las tres sedes en La Plata
La Escuela Internacional de Fútbol de Carlos Bilardo dejó algo más que una enseñanza deportiva con sus cimientos en la ciudad de La Plata. La historia.
Carlos Bilardo, que hoy cumple 88 años de vida, hizo posible todos los sueños en una carrera deportiva donde no faltó la docencia. La Escuela de Fútbol Infanto Juvenil, que inauguró cuando tenía 53 años, siete meses después de finalizar el vínculo con la Selección argentina.
Se cumplieron 35 años de su anuncio sorpresivo. “Esta es mi respuesta a todos los que se sorprendieron cuando rechacé grandes ofertas para dirigir a los mejores equipos de Europa, o cuando seis meses antes de Italia ’90 anuncié mi retiro de la dirección técnica de la Selección”. Su voz firme en el lanzamiento en un restaurante famoso “Los Dos Chinos” fue seguida por la prensa, deportistas y el entonces presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Julio Grondona.
El doctor hablaba de los chicos el 25 de febrero de 1991, con el corazón abierto al país. “Mi obligación es transmitir a las nuevas generaciones todo lo que he aprendido gracias a mis maestros, a mi voluntad y a la vida. Comprendí que la mejor forma de retribuir todas las demostraciones de cariño era prolongar en los chicos con los conocimientos”.
El ingreso era limitado entre 6 y 17 años y para la inscripción los tutores a cargo de los pequeños deportistas abonaron una matrícula de inscripción y la cuota mensual, y después se encargaba el uniforme Adidas, de gran calidad. Esta empresa fue patrocinadora junto a la revista El Gráfico. Al frente de lo administrativo estaba Jorge Bilardo, hermano de Carlos.
Escuela Bilardo El Gráfico
El anuncio de la Escuela de Bilardo en El Gráfico.
Las primeras cuatro sedes confirmadas fueron las del Club Comunicaciones (Av. San Martín 5125), Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (en Av. Figueroa Alcorta y calle Ombúes), Thames Fútbol (en Diego Carman 463, San Isidro), todas en Ciudad de Buenos Aires, y el Club Atlético Banco Provincia de City Bell, que fue la primera en el Gran Buenos Aires, que pronto tuvo su extensión a la sucursal de calle 12 entre 40 y 41, en La Plata, la cancha de fútbol 5 La Cantera.
Cuando el convenio con el club finalizó, la intendencia platense con Pablo Pinto a la cabeza le facilitará el camping municipal en 122 y 56. En la región, totalizaron cuatrocientos pibes, con la demanda que fue un aluvión y obligó a establecer un impensado turno matutino.
Más tarde, llegó la Escuela de Bilardo en La Matanza, en Laferrere, con la coordinación de Ricardo Zielinski, que empezaba a descubrir la profesión que hoy ejerce en el profesionalismo. A la par del Ruso estuvo Carlos Landaburo, otro ex jugador. Varios técnicos tuvieron contactos fluidos con Carlos en este proceso como Dante Mircoli, tuvo la Escuela en un complejo en Pilar, que una vez le organizó un viaje a Europa.
Landaburo, Zielinski, Mansilla y Argüello.
Landaburo, Zielinski, Mansilla y Argüello.
Sin embargo, la mano derecha en este emprendimiento fue José Luis Brown, el defensor goleador del Mundial de México 1986 que cuatro años después no fue incluido en la lista definitiva para Italia 1990. El Tata hacía las veces de coordinador y también daba clases técnicas, infundiendo respeto y todo el carisma de un ídolo con su sola presencia de un Torneo Metropolitano 1983.
Escuela Carlos Bilardo
El concepto formativo del doctor era "una Escuela al aire libre.
Fiel a su estilo, iba un poquito en una, otro poquito en otra, y además viajaba para dar congresos y organizar alguna gira del contingente de pibes. Por ejemplo, a Estados Unidos, que recibió a la Escuela Internacional en diciembre de 1993, viendo además el partido amistoso de Argentina y Alemania, el país al que Bilardo había enfrentado en los dos partidos más importantes de su vida como entrenador.
“Lo mío no se limita a lo ya conocido, es mucho más ambicioso. Abrimos en Capital Federal pero de inmediato nos vamos para el interior y después cruzamos la frontera”, había dicho en el lanzamiento, y cumplió. En la ciudad de Río Cuarto, Córdoba, confió en un cuerpo técnico que se encargó de la Escuela, entre otros, estaba Enrique Aimar, padre de Pablo Aimar, que entonces tenía quince años y hoy es el ayudante técnico de LionelScaloni en el seleccionado mayor nacional.
Otra persona agradecida con el doctor es Humberto Mansilla, que sufre el duelo por el adiós reciente del Payo, un amigo. “La Escuela también estuvo en Coronel Moldes y en La Carlota. La idea de Carlos era una escuela bien entendida, al aire libre, con viento, con lluvia. Cuando me contactó a través del célebre Osvaldo Whebe, que era muy amigo de Bilardo, me recibió en su oficina en la avenida Corrientes, donde me escuchó el motivo por el que quería tener su escuela, fui el único que la tuvo en el interior”, agregó Mansilla.
Carlos BIlardo Río Cuarto
En Río Cuarto organizó una Copa de fútbol infantil en 1994.
Era un tiempo en que el doctor remarcaba que a los chicos no había que inculcarle que ganen, si no, valores. En su metodología de enseñanza que divulgaron los medios, con algunas propagandas a doble página de la popular revista, destacaron aspectos a aplicar que quedaron en una idealización. “El desarrollo de la táctica según las edades”, y “las filmaciones en video compaginadas con los trabajos realizados por alumnos durante las clases”. Pero el sueño de Bilardo con su entrega convirtió en realidad varios sueños. Quería convertirla en “la más grande del mundo”. Hasta que le “picó el bichito” en septiembre de 1992 y le dijo sí al Sevilla, donde luego sumó a Diego Maradona, pero sin desintegrarse entonces la Escuela Internacional Carlos Salvador Bilardo.
Dos de Estudiantes y dos de Gimnasia
Cuatro ex jugadores profesionales llevaron el buzo y el silbato en La Plata, Abel Herrera y Carlos Roca, por Estudiantes, y Luis Agostinelli y Hugo Gottfrit, por Gimnasia, todos defensores históricos y el que más tiempo trabajó en la formación fue el Colorado Gotffrit, ya fallecido.
Según expresó el Tití Herrera a 0221.com.ar, “llegó un momento que no había más cupos en Banco Provincia y se abrió otra en La Plata. Lo que creó Carlos fue impresionante, toda idea de un adelantado en todo como él”, dice el hombre que más veces defendió la camiseta pincha en la historia y que recuerda amistades de esa etapa. Las salidas por intercambios deportivos y culturales incluyeron las ciudades de Mar del Plata, Montevideo, Ezeiza (entrenamientos de Boca) y el sueño de visitar Disney, en Orlando, Estados Unidos.
Escuela Bilardo Disney
Los chicos de La Plata, en Disney, viendo a los pingüinos.
Donde se decía Argentina, se reconocía la admiración hacia Bilardo, que después del ’90 había tocado el pico máximo de idolatría, sin distinción de banderías. Mientras pergeñaba la Escuela, nuestra ciudad lo había declarado Ciudadano Honorario en un acto que tuvo lugar en el Salón Dorado del palacio municipal, en una jornada histórica donde se distinguió al resto del cuerpo técnico del ciclo 1983-1990 en el combinado de AFA, Carlos Pachamé, Ricardo Echavarría y Raúl Madero.
De allí pasaron a la cena show en las instalaciones del Colegio Monseñor Alberti, en 63 entre 19 y 20, con setecientas personas que pagaron para cenar cerca del doctor y que durante varios pasajes se vio enfervorizada con el cántico popular de “Borombombón… es el equipo… del Narigón”.
Un fanático que terminó como profe
Walter Camporeale es nacido en La Plata en 1964 y en el ‘90 se había recibido en la Facultad de Humanidades de la UNLP. Aunque estaba “loco” por el fútbol, de ir a alentar a Boca, no dudó en ir a recibir a Ezeiza a los subcampeones del Mundial de Italia, sin saber que un tiempo después iba a trabajar para la Escuela de Bilardo. La historia empezó cuando con los pocos pesos en el bolsillo logró adquirir la tarjeta y disfrutar del agasajo en el Monseñor Alberti, curiosamente, donde hoy está dando clases con su propia Escuela.
“Esa noche me presenté a la mesa de los invitados especiales y le conté a Echavarría que de chiquito había sido parte de la Colonia de Estudiantes, me reconoció, pero no cumplí mi segundo plan, que era pedirle trabajo en lo que sabía que estaba por empezar, la Escuela Internacional. La verdad que me dio vergüenza, no me animé”, describe el profe Camporeale. Pero el destino quiso, y gracias a un amigo que tenía un kiosco en el centro de La Plata, con un cliente habitual que era José Luis Brown, consiguió la entrevista. “Me citó a La Cantera, donde le dije ‘quiero aprender, hago lo que sea, hasta alcanzo las pelotas’. Al otro día el Tata ya me tenía trabajando a su lado, primero como administrativo y después ayudando a los técnicos, pero yo era un pichi al lado de Herrera, Agostinelli, Roca y Gotffrit”.
Los profesores Tula, Camporeale y Giangrasso
Con la camiseta de Carlos Bilardo, los profesores Tula, Camporeale y Giangrasso, aprendiz de aquella Escuela.
El anecdotario es interminable, pero nada como el viaje cultural a Norteamérica. “Era diciembre de 1993, me acuerdo bien la fecha, porque hacía cuatro meses había sido papá. Con el dólar uno a uno nos fuimos con la Escuela de Bilardo a Estados Unidos, con sesenta nenes y sesenta padres. Allá festejé mi cumpleaños el 18 de diciembre y ese día me hice un regalo, eligiendo una camiseta del seleccionado de Inglaterra, original, realmente hermosa. Me la puse para la noche cuando cenamos todos juntos en el restaurante de un argentino, donde estaba el Narigón, sentado en la cabecera".
Además, agregó: El querido Tata me hizo preparar una torta, y me cantaron el cumpleaños, pero a Bilardo, a su manera, lo noté raro, ese día no me miraba, me esquivaba la vista y mucho menos lo vi cantando. Pero con el tiempo, escuchando su programa radial, entendí qué le pasaba conmigo. Dijo que no soportaba a los que se compraban camisetas de Inglaterra o de Brasil, porque se tienen que comprar la de Argentina. Fijate el tipo qué fiel era a la Selección Nacional. Con el tiempo le di la razón…”.
La vida y sus vueltas. En los 2000 Camporeale siguió avanzando en el camino de la docencia y editó un libro sobre metodología, titulado “Aprender a jugar, jugando”, y con dedicatoria a Bilardo y a Brown. Otro preparador físico platense que trató al ídolo es Hugo Tula, quien reconoció “el significado de la Escuela no solamente por la estructura sino por lo que significaba con la conjunción de dos empresas grandes y el propio Bilardo”.
Ayer un pibe de Bilardo, hoy un padre y docente
Martín Giangrasso tiene 47 años y puede verse en una ronda de chicos, a sus once años, escuchando a Bilardo. El escenario fue el centro de La Plata, en calle 12 entre 40 y 41, donde hoy un edificio reemplaza a esa canchita de fútbol donde funcionó la Escuela Internacional.
“Llevo patente el recuerdo, aunque se me escapen detalles, hay una frase que llevo textual. Le habló a los defensores, después a los del mediocampo y a los delanteros, yo era siete, nos dice ‘ustedes tienen que saber una cosa… En un partido van a tener tres o cuatro situaciones de gol, y una tiene que ir adentro. Con una está, pero tienen que meterla’. Después me fui a probar a la prenovena de Estudiantes, y sentía que en la escuelita nos había faltado un poco más roce”, recordó.
Martín guarda el buzo azul, “que es precioso”, y le cuenta a sus hijos que él también jugó al fútbol infantil. Las vueltas que pega la pelota, como la vida, que hoy lleva confiado al mayor de sus hijos a la Escuela de Fútbol que funciona en el Monseñor Alberti, ahí donde celebraron el “Ciudadano Honorario” en el ’91, mientras nacía la Escuela, ahí donde Camporeale entró a asomarse a la Escuela Internacional. A treinta y cinco años de aquella historia, la pasión y los recuerdos de Bilardo siguen vivos en el alma de sus admiradores.