Un equipo de investigadores detectó el exoplaneta más joven observado hasta ahora. Entre ellos, participó un astrónomo de la UNLP y el Conicet. Se llama Santiago Orcajo, es docente en el Colegio Nacional, en el Lincoln y en el Eucarístico y tuvo un rol clave para el hallazgo que indica que un planeta gigante puede formarse en menos de un millón de años.
El trabajo fue publicado en The Astrophysical Journal Letters por investigadores de la Universidad Diego Portales, de Santiago de Chile, y también fue difundido por la NASA. El exoplaneta fue denominado Elías 2-24 b se encuentra a 430 años luz y tiene menos de un millón de años, mientras que los ejemplares más jóvenes conocidos hasta ahora rondaban los cinco millones.
El planeta tiene una masa equivalente a unas 300 veces la de la Tierra y un tamaño comparable al de Júpiter. Su detección permitió completar una investigación iniciada hace unos diez años para estudiar los anillos observados alrededor de estrellas jóvenes y determinar si esas estructuras están vinculadas con la formación de planetas.
La evolución del trabajo en el que participó el astrónomo de la UNLP
Los detalles de la investigación
El descubrimiento es el resultado de un trabajo desarrollado durante diez años dentro de Odisea, un proyecto que arrancó con la participación de la UNLP para estudiar cómo se forman los planetas. Orcajo había participado en investigaciones anteriores sobre la evolución de los discos de gas y polvo que rodean a las estrellas jóvenes.
En 2021, el quilmeño Lucas Cieza y el propio Orcajo publicaron una reconstrucción sobre la evolución de esos discos. En 2025, el equipo logró respaldar esa propuesta mediante modelos numéricos. La detección de Elías 2-24 b permitió completar la evidencia que faltaba y vincular las estructuras observadas con un planeta en formación.
La investigación también involucró a científicos de distintas generaciones y grupos de otros países. El nuevo trabajo fue encabezado por un estudiante de doctorado, mientras que Orcajo había intervenido en una etapa anterior como becario posdoctoral. Cieza resaltó el carácter multigeneracional del proceso que llevó al descubrimiento.
"Elías 2-24 b" se encuentra a 430 años luz y tiene menos de un millón de años
Los anillos que rodean a algunas estrellas jóvenes comenzaron a estudiarse con mayor detalle gracias a los nuevos telescopios. Durante años existieron distintas explicaciones sobre su origen. El equipo de Cieza sostuvo que podían estar relacionados con planetas que todavía se encontraban en proceso de formación.
El planeta todavía está en formación
Elías 2-24 b atraviesa una etapa intermedia de su desarrollo y actualmente se encuentra en la tercera de cinco fases identificadas por los investigadores. Primero aparece un disco alrededor de la estrella y comienza a formarse un núcleo rocoso. En este caso, ese núcleo alcanzaría unas diez masas terrestres.
Luego, el planeta incorpora gases provenientes del disco que lo rodea. La acumulación de ese material libera energía y permite observarlo, mientras su masa aumenta hasta alcanzar unas 300 veces la terrestre. Esa etapa ocurre con una rapidez mayor de la prevista por los modelos anteriores para la formación de planetas gigantes.
Elías 2-24 b atraviesa una etapa intermedia de su desarrollo y actualmente se encuentra en la tercera de cinco fases identificadas por los investigadores
En la tercera fase, la gran masa alcanzada por el planeta modifica el flujo de material que llega hasta él. Parte del gas deja de incorporarse directamente y se acumula alrededor del planeta, formando una estructura similar a una aureola. Elías 2-24 b se encuentra actualmente en esta etapa.
Las dos fases siguientes completan la reorganización del material que permanece alrededor de la estrella. El contenido ubicado dentro de la órbita del planeta termina cayendo hacia la estrella, mientras el material exterior se concentra en un anillo. El proceso permite reconstruir cómo podría evolucionar el sistema observado.
La principal conclusión del estudio está vinculada con los tiempos de formación. Los investigadores sostenían que un planeta gigante como Júpiter podía necesitar alrededor de diez millones de años para completar su desarrollo. Elías 2-24 b aporta evidencia de que ese proceso puede avanzar en menos de un millón de años.