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El desafío de los bioquímicos de la UNLP que se dedican a detectar enfermedades poco frecuentes

En el Laboratorio DIEL de la UNLP reciben hasta 200 muestras por mes con sospechas de enfermedades raras. Entre el 1% y el 10% termina con diagnóstico preciso.

Una pequeña muestra de sangre puede ser el comienzo del camino para ponerle nombre a una enfermedad que un paciente arrastra desde hace años sin saber qué tiene. Ese es el desafío cotidiano de los bioquímicos de la UNLP que trabajan en el diagnóstico de enfermedades raras y que abrieron las puertas de su laboratorio a 0221.com.ar.

La recorrida tuvo lugar en el Laboratorio de Diagnóstico, Investigación y Difusión de Enfermedades Poco Frecuentes (DIEL), ubicado en boulevard 120 y 62, el cual funciona en la Facultad de Ciencias Exactas. Allí trabaja un equipo encabezado por Paula Rozenfeld, investigadora principal del CONICET y responsable del laboratorio, junto a bioquímicos, técnicos, especialistas y personal administrativo.

Sobre las mesadas hay tubos, papeles de filtro con pequeñas manchas de sangre y equipos destinados a estudiar muestras que llegan desde distintos lugares. Detrás de cada una hay una sospecha médica y una pregunta que el equipo intentará responder: si ese paciente tiene o no una enfermedad poco frecuente y, en caso afirmativo, cuál es.

El universo es enorme: se conocen más de 8.000 enfermedades poco frecuentes. En Argentina se consideran como tales aquellas que afectan a menos de una persona cada 2.000 habitantes. Muchas son de origen genético y algunas pueden presentarse en varios integrantes de una misma familia.

Domingo Procopio, Romina Ceci, Paula Rozenfeld, Joaquin Reynozo y Mariano Fernandez. Cinco de los ocho integrantes del Laboratorio DIEL

De una sospecha a una muestra

El trabajo comienza mucho antes de que una muestra entre al laboratorio. Ante la sospecha de una enfermedad, el médico o el propio paciente se comunica con el DIEL y el área administrativa informa qué material debe obtenerse y bajo qué condiciones tiene que ser enviado. El tipo de muestra depende del estudio: puede ser sangre seca sobre un papel de filtro, sangre en distintos tubos, suero, plasma, orina e incluso alguna biopsia.

Una de las muestra de sangre en filtro de papel que llegó al laboratorio

“Previamente el médico se contacta con el laboratorio, los chicos de administración les dan las instrucciones para la toma de muestra y para el envío”, explicó Domingo Procopio, uno de los integrantes del equipo durante la recorrida.

La muestra no llega sola. Debe estar acompañada por la solicitud del profesional y por información sobre la sospecha diagnóstica y las manifestaciones clínicas del paciente. Esos datos son fundamentales porque funcionan como el primer mapa para decidir qué buscar.

El Laboratorio DIEL funciona en el Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos del Conicet

“Ya viene con la solicitud del médico, con una sospecha de diagnóstico en particular, con las manifestaciones clínicas que tiene el paciente y nosotros en base a eso nos ponemos a hacer la determinación asociada a esa sospecha diagnóstica”, detalla Rozenfeld, la jefa del equipo.

Una vez en el DIEL, el material se registra con un número que permitirá seguir su recorrido y garantizar su trazabilidad. Después se procesa inmediatamente o se conserva en las condiciones correspondientes hasta el momento del análisis.

La plataforma de datos que usa el equipo para el seguimiento de cada caso

Encontrar la aguja en el pajar

Allí empieza una de las partes más complejas. El DIEL se especializa desde hace más de 20 años en un grupo conocido como enfermedades lisosomales, entre las que se encuentran la enfermedad de Fabry y la enfermedad de Gaucher, causados por una acumulación de sustancias grasas debido a la falta de una enzima específica en el cuerpo. En esos casos pueden realizarse, entre otros procedimientos, determinaciones de actividad enzimática y estudios genéticos.

La página oficial del laboratorio explica que, cuando una enfermedad lisosomal se debe a una deficiencia enzimática, el diagnóstico se confirma demostrando una reducción de la actividad de una enzima determinada. Los estudios genéticos también pueden utilizarse para confirmar el diagnóstico y aportar información para el asesoramiento genético.

Pero el desarrollo de nuevas tecnologías amplió el horizonte. El equipo también trabaja con técnicas de secuenciación masiva, entre ellas el estudio de exoma, que permite analizar las regiones de los genes humanos que contienen información para producir proteínas y buscar allí alteraciones vinculadas con enfermedades.

El desarrollo de nuevas tecnologías amplió el horizonte y la capacidad de trabajo del equipo

“Es un desafío todos los días. Puede ser algo distinto o nuevo, una enfermedad que no conocía. Está bueno descubrir nuevas causas de esas enfermedades raras que por ahí son poco conocidas o afectan a muy pocos pacientes”, resumió Mariano Fernández, otro de los miembros del equipo.

La escena frente a una computadora ayuda a entender la dimensión de esa búsqueda. El ADN humano contiene unos 3.000 millones de pares de bases y cada persona posee millones de variantes que la diferencian de las demás. La inmensa mayoría no provoca problemas. El trabajo consiste en encontrar, entre todas esas diferencias, aquellas pocas capaces de explicar una enfermedad.

“No todas las variantes causan enfermedad. Entonces nosotros lo que hacemos es interpretar cuál diferencia, cuál variante genera enfermedad, cuál variante es patogénica”, suma Rozenfeld.

Hasta 200 muestras analizadas por mes

Los números muestran hasta qué punto encontrar una respuesta puede resultar difícil. El laboratorio recibe aproximadamente entre 100 y 200 muestras mensuales, todas correspondientes a pacientes en los que existe una sospecha de enfermedad poco frecuente.

Sin embargo, solo entre el 1% y el 10% de esas muestras permite alcanzar un diagnóstico preciso. El resto obliga a descartar hipótesis, continuar buscando o convivir, al menos por el momento, con una respuesta incompleta. El índice, no obstante, podría considerarse alto ya que se trata de un trabajo direccionado específicamente a la búsqueda de esos cuadros poco frecuentes.

El laboratorio recibe entre 100 y 200 muestras mensuales

Esa dificultad está ligada a una expresión que aparece recurrentemente entre quienes trabajan con estas patologías: la “odisea diagnóstica”. Son pacientes que pueden pasar años consultando especialistas, realizando estudios y acumulando síntomas sin conseguir una explicación que los reúna bajo un mismo diagnóstico.

Pero ese trabajo y cada resultado también revela la importancia para los pacientes. "Llegar al diagnóstico final hace que ese paciente deje de dar vueltas y pueda ponerle nombre a la patología", señalaron los especialistas. Y agregaron: "Para arribar a qué enfermedad tienen, pasan por muchos especialistas durante mucho tiempo".

Encontrar esa respuesta puede tener además un efecto que trasciende al paciente. Debido a que muchas de estas enfermedades tienen origen genético, detectar la causa en una persona puede llevar a estudiar a hermanos, padres, hijos u otros familiares que podrían presentar la misma alteración.

Detectar una enfermedad poco frecuente en una persona puede llevar a estudiar a hermanos, padres, hijos u otros familiares que podrían presentar la misma alteración

Del laboratorio al resultado

La recorrida de 0221.com.ar también incluyó los espacios donde las muestras deben mantenerse bajo condiciones estrictamente controladas. Heladeras con registro permanente de temperatura y un grupo electrógeno forman parte de un sistema pensado para evitar que una falla eléctrica o una variación térmica arruine material que puede ser difícil de volver a obtener.

En otro sector aparecen los fluorómetros, equipos utilizados, por ejemplo, para los estudios enzimáticos vinculados con las enfermedades de Fabry y de Gaucher. Estos aparatos permiten medir fluorescencia y, a partir de ella, determinar la actividad y el funcionamiento de determinadas proteínas.

El laboratorio cuenta con equipamiento para preservar las muestras ante posibles cortes de luz

Para los estudios genéticos, el procedimiento cambia. El equipo puede aislar el ADN del paciente, secuenciarlo y analizar la información obtenida mediante herramientas bioinformáticas. Frente a las pantallas, los especialistas comparan genes y variantes hasta determinar cuáles pueden tener relevancia para el cuadro clínico.

El proceso termina con la interpretación de los resultados y la elaboración del informe que se envía al médico solicitante. Los plazos varían según la complejidad: la información oficial del DIEL establece, por ejemplo, alrededor de 15 días para determinados estudios enzimáticos de Fabry y Gaucher, mientras que algunas secuenciaciones genéticas pueden demandar cerca de 90 días.

El resultado de los estudios enzimáticos de Fabry y Gaucher puede demandar unos 15 días, mientras que otras secuenciaciones genéticas pueden demandar cerca de tres meses

Un reconocimiento clave para el trabajo del equipo

Todo ese circuito que desarrolla el equipo, desde el primer contacto del profesional hasta la entrega del resultado, quedó comprendido este año dentro de la acreditación del laboratorio bajo la norma ISO 15189, obtenida tras más de tres años de trabajo del equipo.

"Desde que el médico o el paciente se contacta con nosotros para el estudio hasta que informamos el resultado, todos los procesos están controlados y son trazables al momento inicial", destacó la directora del equipo, quien resaltó que es el único laboratorio dependiente de una Universidad pública que tiene ese reconocimiento.

Detrás de los tubos, las manchas de sangre, los equipos y las interminables combinaciones de letras que aparecen en una secuencia de ADN está, finalmente, la misma búsqueda. Entre cientos de muestras que llegan al DIEL cada mes, los bioquímicos intentan encontrar una diferencia mínima que permita responder una pregunta que, para muchos pacientes, lleva demasiado tiempo abierta: ¿qué enfermedad tienen?.

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