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Desafinado Club se prepara para recibir a la familia de músicos rusos que escapó de la guerra y brilló en el Colón

No les quedó nada en Rusia, vendieron todo lo que tenían y se mudaron a La Plata. La familia Monasýpov se presentará en Desafinado Club este domingo.

La reciente ola migratoria rusa ha traído a la Argentina-y curiosamente a La Plata- a la dinastía Monasýpov, una familia de músicos originaria de Kazán con un legado excepcional. Entre ellos destaca la pianista internacional Martina Monasýpova, nieta del célebre Almaz Zákírovich Monasýpov.

Este compositor y director tártaro-soviético fue pionero en fusionar el folclore de su región con la vanguardia musical, creando un nexo vital entre lo tradicional y lo moderno que marcó la historia cultural de la Unión Soviética. El linaje familiar es profundo: casi todos sus integrantes son destacados pianistas o violinistas.

Martina y su marido Antón Semíkin decidieron venir a Argentina con sus cuatro hijos, Ígor (26), Iúrii (18), Iákov (10) y Efrém (6), además de los abuelos -Svetlána Monasýpova e Iván Aleksándrov- y una nuera, Elizavéta Plashchínskaia. Todos son músicos. Iúrii, Iákov y Antón llegaron en marzo de 2023. Luego, en junio, viajó el resto de la familia.

Asentarse en La Plata

No les quedó nada en Rusia, vendieron todo lo que tenían y compraron una casa en La Plata, donde se acordó una entrevista con todos presentes, excepto Elizavéta que se ausentó por estar enferma. El lugar propuesto por ellos fue el taller del afinador Marco Naya, con quien la familia está muy agradecida por toda la ayuda brindada.

Para esta presentación del próximo domingo 25 de enero en Desafinado Club, Antón se manifestó entusiasmado y dejó algunos conceptos.

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La familia Monasýpov se encuentra viviendo en La Plata

Antón, ¿cómo fue escapar de la guerra con tu familia? Contanos un poco el contexto y la decisión de venir aquí a Argentina

—Inmediatamente después de que comenzó la guerra, ya al segundo día, quisimos irnos. En ese momento, unos amigos nos invitaban a Turquía: tenían un departamento allí y nos proponían viajar juntos. Lamentablemente, por razones económicas no fue posible. Desde ese día empezamos a buscar seriamente una salida, y ese proceso duró más de un año.

Consideramos distintos destinos: Estados Unidos, Canadá, Australia, China y varios países de Europa. Pero para nosotros era muy importante estar lo más lejos posible de Rusia, de su dictadura y de un sistema sin libertad, donde no se puede decir nada en contra del gobierno o de Putin sin el riesgo de ir a la cárcel. Además, tenemos cuatro hijos varones, y dos de ellos podían ser reclutados por el ejército y enviados a la guerra. Eso era absolutamente inaceptable para nosotros.

Finalmente elegimos Argentina por muchas razones: nos gusta el clima, nos gusta el fútbol, de aquí proviene una pianista extraordinaria y de renombre mundial como Martha Argerich, y en general es un país con una fuerte cultura europea. Pero, sobre todo, porque en Argentina viven personas increíblemente cálidas, abiertas y solidarias -las más amables que hemos conocido-. También fue importante que no se necesitara visa para ingresar, algo fundamental considerando que somos nueve personas y que los costos de una mudanza así son enormes.

Una vez tomada la decisión, organizamos toda una operación para emigrar. Hasta el último momento casi nadie sabía que nos íbamos. Primero viajamos dos de mis hijos y yo, y decidimos hacerlo antes de las elecciones presidenciales (que luego fueron manipuladas), porque temíamos que después se cerrara la salida del país para los hombres.

No le dije nada a nadie en el conservatorio donde trabajaba, ya que ese año se había creado un departamento de "seguridad" que vigilaba a las personas y podía generar problemas incluso en la frontera. Por suerte, todo salió bien. Logramos salir del país y, tres meses después, se reunieron con nosotros el resto de la familia… ¡y también nuestro gato!

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El trío se presenta en Desafinado Club este domingo 25 de enero

La vida musical en Argentina

—Venís de una tradición musical muy marcada (Rusia/Tatarstán) y hoy estás tocando acá. ¿Qué fue lo primero que cambió -en lo artístico y en lo humano- cuando pasaste de ese mundo a la vida musical argentina? ¿Qué cosas te sorprendieron y qué cosas te "acomodaron" rápido?

—Lo que más me impactó -y me sigue impactando- de Argentina es la apertura y la sensibilidad de su gente. Para ustedes es algo natural y cotidiano, pero para nosotros es profundamente conmovedor. Es como si fueran una gran familia: relaciones cálidas, cercanas, humanas.

Otra cosa que me sorprendió muchísimo es que una gran parte de los argentinos tiene una sensibilidad musical muy desarrollada y una relación viva con el arte. Eso es algo maravilloso.

Aquí no existe una estructura de educación musical tan rígida como en Rusia, y para mí esa diferencia es fundamental. En Rusia, muchos músicos reciben una formación técnica excelente, pero a menudo pagan un precio muy alto: un sistema extremadamente duro, basado en la presión, la humillación y sin sostén emocional.

Ese sistema da resultados técnicos, pero muchas personas terminan siendo infelices. Además, no hay verdadera libertad de expresión: todo está reglado, no hay derecho al error, y eso limita y bloquea profundamente.

En Argentina, en cambio, las personas son libres, saben disfrutar de la vida, vivirla con placer y autenticidad. Y eso me parece algo verdaderamente valioso.

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Martina y su esposo Antón Semíkin

En lo inmediato, ¿qué te entusiasma más: seguir profundizando el formato trío, explorar más el dúo a cuatro manos / dúo piano-violín, o abrir colaboraciones con músicos locales? ¿Qué repertorio o compositores tenés ganas de sumar en esta nueva etapa?

—En este concierto participamos tres personas, aunque no es un trío en el sentido tradicional. Lo vivimos más bien como un equipo de tres, donde vamos a tocar en diferentes combinaciones: Martina y yo, y Yuri con Martina. Creo que esos cambios de formación van a darle dinamismo y frescura al concierto.

Pensando en el futuro, me gustaría seguir profundizando el dúo a cuatro manos con Martina. Además, tengo un sueño muy claro: encontrar cantantes con quienes pueda realizar un concierto de romances de Rachmaninov y Tchaikovsky. Es un proyecto muy personal y deseado.

También me interesa muchísimo la música de cámara en general: tríos, cuartetos, dúos con distintos instrumentos. Tengo muchas ganas de sumergirme cada vez más en la vida musical argentina, conocerla desde adentro y formar parte de ella. Me genera un entusiasmo enorme.

El espectáculo en Desafinado Club

—El show en Desafinado Club es en formato trío: ¿qué te gustaría que el público se lleve esa noche -una emoción, un viaje, una sorpresa puntual- y qué parte del repertorio sentís que mejor cuenta la identidad de "Travesía Musical"?

—Me gustaría que el público, ante todo, disfrute de la belleza de la música. Nosotros interpretamos música clásica en un sentido amplio, y creo que el gran valor de este repertorio es su capacidad de generar una resonancia emocional y espiritual muy profunda en quien escucha.

El título Travesía Musical se refleja especialmente en el Divertimento de Stravinsky. Stravinsky fue también un viajero: un viajero entre países -salió de Rusia durante la revolución, huyendo del régimen bolchevique, y vivió y trabajó en Europa y en Estados Unidos- y un viajero entre estilos. No por nada se lo llama "el compositor de todos los estilos".

Espero sinceramente que el programa que preparamos logre conectar con el público y que esta travesía musical sea una experiencia disfrutable y significativa para quienes nos acompañen.

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