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Bahiano vuelve a La Plata: "Con Los Pericos yo era el Bad Bunny de esa época"

Casi 40 años después de cantar "The ritual of the banana" sin saber inglés, hoy saca pecho de su propio estilo, que es su marca registrada: "Me importa nada".

En medio de una gira por varias zonas del país, Bahiano vuelve a La Plata para presentar su nuevo show. En una charla con 0221.com.ar, uno de los mayores exponentes del reggae en Argentina repasa su trayectoria, recuerda a Los Pericos y también sus facetas extramusicales, como cuando fabricó su propia cerveza en City Bell.

En la previa del recital que encabezará junto a su banda el próximo viernes 4 de septiembre en Casa Metro, Fernando Hortal -así dice su DNI- se conecta para charlar un rato de música y de algo más. "Siempre que estuve en La Plata, me perdí", confiesa, pero al mismo tiempo recuerda los buenos momentos entre las diagonales a lo largo de sus casi 40 años de carrera.

Mucho tiempo pasó entre aquel cantante que guardaba sus dreadlocks en un gorro negro, rojo, amarillo y verde y cantaba The ritual of the banana sin saber inglés, y el de hoy, pelado, con barba y sobre todo con experiencia, mucha experiencia: "Ahora aprendí, pero antes yo tomaba las decisiones cuando ya estaba desbordado y con el agua al cuello, y entonces todo se tornaba muy difícil. Siempre fui del sí fácil y hace algunos años aprendí que el no también es amigo".

La gira 2026 de Bahiano lo traerá a La Plata el próximo viernes 4 de septiembre, cuando se presente en Casa Metro

Mucha experiencia

La gira 2026 de Bahiano empezó el 24 de julio en San Miguel y lo paseó por Tandil, Tres Arroyos, Río Grande, Ushuaia, San Isidro, Rosario, y además de La Plata, lo llevará a Junín, Ciudad de Buenos Aires y Montevideo.

A nuestra ciudad volverá después de casi dos años. Antes, había venido no solo a cantar sino a producir cerveza. "Hace algunos años tuve mi emprendimiento de cerveza artesanal en City Bell, se llamaba Kruner y hacíamos una cerveza rubia, una roja y una IPA; pero en aquel momento era muy desprolijo el ambiente cervecero, aunque la experiencia valió la pena y estuvo muy bien", recuerda.

—Ya llevás más años como solista que como cantante y frontman de Los Pericos. ¿Cómo atravesás el paso del tiempo?

—Los tiempos cambian también y las actualizaciones de todo tipo de trabajos van cambiando, son diferentes, y los públicos son diferentes también. Entonces, por más que yo tenga casi 40 años en en el rubro, siempre se necesita a una actualización, porque yo no puedo vivir con las mismas expectativas que vivía cuando recién estaba arrancando.

Hoy es la era del compilado, cada uno tiene en su playlist todo tipo de música. Y para la mayoría es todo lo inmediato, la ansiedad de ver qué hay, qué no hay; ninguna canción puede echar raíz, todo es de una rapidez increíble. Hoy brotan artistas, canciones, personajes, ¿pero cuándo va a haber clásicos?

Yo tengo un grupo de gente con el que trabajo y vamos viendo todo esto. Yo freno la pelota, yo sé de dónde vengo, sé las cosas que he hecho y le doy principalmente importancia a mi actualidad más que nada. Toda la experiencia que tuve con la banda fue increíble, mi resolución dentro de la banda también -a nivel compositivo y autoral-; me sorprendió porque no esperaba una realización, entre comillas, de mi trabajo, de esta manera, de escribir canciones que han trascendido mucho, muchos públicos, y no solo del país. Y a mí también, porque esas vivencias de escribir uno no sabe dónde van, qué fin tendrán, y me sorprende por eso.

Esta foto de Los Pericos, tomada a finales de los '80, la sacó el exfuncionario de Mauricio Macri, Nicolás Dujovne

—¿Sos de hacer balances?

—Sí, hago balances. A veces es necesario hacerlos para saber dónde uno está parado; es necesario parar para proyectar y ver qué cosas podemos llegar a hacer y qué cosas ya realmente dejar de lado.

Yo en un momento tenía todos mis recuerdos guardados en cajas: los discos de oro y de platino, todos esos reconocimientos de las compañías discográficas, todos los premios... y en un momento me preguntaron por qué guardaba todo eso, y me dijeron que eso yo lo tenía que ver todo el tiempo, que tenía que verlo pero no por una cuestión de vanidad, sino por una cuestión de ser consciente de todo lo que hice, para seguir haciendo, como un incentivo más.

Y por supuesto el público, que es un termómetro, y uno va midiendo a ver hasta dónde te dejan desviarte, hasta dónde te dejan experimentar, y si después ese resultado realmente es del gusto de ellos. Así que yo he tenido la suerte de recorrer el universo musical y hacer no solo reggae, sino de cantar otro tipo de canciones; mi público me da ese permisito.

—Con respecto a las canciones, además de los hits, en tu repertorio sos de incluir algunas perlas que para los seguidores son agradables de escuchar en vivo ¿eso responde a que te gusta regalarles esos mimos, o sos de escuchar viejos discos para recordar esos momentos y disfrutar vos mismo de esas reinterpretaciones?

—Yo creo que hoy hay canciones que me representan más que otras. No tengo el setlist fácil para solamente agradar; a mí me gusta sentir lo que estoy cantando. No soy del piloto automático arriba del escenario. Entiendo que hay muchas canciones que son mainstream y que la gente las necesita, pero si las sigo cantando es porque todavía las reelaboro en mi cabeza, como Más cerca del cielo. Son canciones que en su momento tal vez fueron traspasadas por otras canciones más conocidas o que fueron más de digestión rápida para el público.

Hay canciones que tienen otro tipo de lírica y que hoy a mí me resignifican muchas más cosas. Lo mismo que con Big yuyo, que pareciera como si fuera solamente una canción fácil, y no lo es... habla del agobio dentro de la sociedad... Y entiendo que esas son canciones hoy tienen otra resignificación diferente, las hago desde otro lugar. Lo mismo con Casi nunca lo ves, que la estoy tocando en un formato acústico. Originalmente es un rock y yo coincidí con la banda en tener un sonido reggae... de hecho, los músicos que me acompañan son todos músicos de reggae.

Cuando miro para atrás por el espejo retrovisor, muchas cosas me gustan, pero bueno, siempre siento como que estoy en construcción: a mí también me gusta en cierta manera eso de estar todo el tiempo reconstruyendo. Hemos visto en la historia de la música que mucha gente a lo mejor se conforma con lo que tiene, baja la persiana y dice "tengo esto, a la gente le gusta esto y entonces sigo con esto mismo". Yo podría haber hecho eso también, pero prefiero seguir probándome y proyectando, aunque tenga más de 60. Quiero seguir probando cosas nuevas dentro del género, cuento con la libertad de no sentir que tenga que hacer demostraciones. El público ya sabe hasta dónde puedo llegar, y si tengo más techo me lo van a dar porque tengo un público que me lo permite también. Y eso es lo mejor que te puede pasar, tener un público heterogéneo y de orejas abiertas, porque eso es lo que te da funcionalidad también al momento de sentarte a componer.

—Teniendo en cuenta que Los Pericos fueron quienes levantaron en el país la bandera del reggae inmediatamente después de Sumo, que más tarde hubo una explosión del estilo con muchas otras bandas, y que luego el boom menguó ¿cómo ves la actualidad del género en Argentina?

—Yo siempre consideré, al menos personalmente, que éramos intérpretes de una música que escuchábamos a partir de salir a comprar discos. No había internet, no había absolutamente nada: yo no sabía qué desayunaba Ziggy Marley, y hoy pongo su cuenta en las redes y lo veo con su perro, sus libros y demás... pero en ese momento no teníamos esa información, había que invertir para escuchar música. Entonces, eso era horas culo frente a un vinilo, en el que a veces no venían ni las letras.

Bahiano, versión 2026

Nosotros fuimos la primera banda argentina que tocó en Jamaica en los dos festivales Sunsplash amadrinados por Rita Marley, en 1993 y 1994; luego vino Ziggy, UB40, compartimos escenario en cancha de River... Hasta ese momento éramos bastante combatidos por cierto grupo especializado del rock, y a partir del 93 hubo todo un resurgimiento. Aparte sacábamos Big yuyo; hubo toda una movida que trascendió el género, porque en cierta forma yo lo trascendía también: más allá del reggae yo era una persona que salía de ese cerco, de ese terreno, y me daba libertades.

En los primeros discos de Los Pericos yo hablo de ganja, de Selassie, pero no con una raíz profunda porque no teníamos ni idea... todo era hablar de Jamaica, y en realidad siempre con una misma línea conductora, que era la planta. Hasta que viajamos allá en el 93. Más adelante llegó internet, los artistas se empezaron a interiorizar un poco más, hubo más información, y yo creo que hay artistas que salen de esa veta de Selassie, el Rastafari y demás -que yo respeto enormemente-, y dentro de su música hablan de la cotidianidad, de las situaciones actuales, de cosas que no tienen que ver con la religión. Hay más canciones que hablan de cosas que son mucho más cercanas.

—¿Y vos cómo te movés dentro de este escenario actual?

—El reggae, obviamente como todo crecimiento de cualquier género, primero se expande y después como el agua que surca va buscando lugares donde instalarse, y de qué manera instalarse, con gente que a lo mejor no le gustaba tanto el mainstream o creía que su reggae era mejor, o tenía otro tipo de pensamiento para con el reggae, o que era un ultra del reggae... Si querés ser religioso dentro del reggae, o lo que sea, no importa, cada uno elige... Yo creo que también está bien ver si se sale un poco de eso de que el reggae solamente es para el fumador de porro, que si el reggae es solamente para el jipón o el bohemio o el tipo tocando en bermudas arriba de un escenario.

A mí, por ejemplo, que en los Premios Gardel el reggae no tenga una categoría de mejor canción, tapa, producción... muchachos, estamos desmereciendo al género desde una premiación de música ya desde el vamos. No es fácil para el reggae hoy por hoy en la Argentina; pareciera como que están faltando exponentes que traspasen esa línea que hablaba antes. Pero bueno, yo estoy muy contento con el género y lo sigo haciendo a mi manera -y puedo crear una disconformidad con gente dentro del reggae... sí, también, es posible-, yo tengo mi vida, mi música y mi planteo de cómo siento el reggae en en mi vida, alejado de lo que es Jamaica en Sudamérica, sin ser caribeño, con mi postura.

Vos pensá que yo ingreso a Los Pericos en el año '87, yo no los conocía y tuve que conocerlos también en el trajín del laburo, porque de pronto empezó a haber mucho laburo. Ahí empezamos a conocernos, también a tratar de empatizar; ellos ya se conocían. Entonces, yo tenía que sacarme también un poco esa obligación de tener que cantar en inglés - porque esa propuesta venía de parte de ellos y yo hice lo que pude, con la fonética y demás-. Y eso salió bien... yo era el Bad Bunny de esa época ¿qué canta? no se le entiende...

Y no me da prurito ahora. Si tengo que cantarlo en vivo, conscientemente y a propósito pronunciar así, me importa nada, porque es una herramienta más musical mía. Los Kuryaki en su momento también pronunciaban como querían, inventaban palabras, códigos... Shakira también, con su forma de pronunciar. Y bueno, yo inocentemente e inconscientemente encontré un lugar que también hizo de trampolín a la banda; eso hizo que se le prestara atención a una banda en su primer momento.

—¿Cuál fue el disco que te abrió la cabeza?

—El primer disco de reggae que escuché fue Kaya de Bob Marley. Ese es el disco que a mí me empatizó al 100%, y si bien yo venía escuchando a Led Zeppelin, Iron Maiden, Beatles, Stones, ese disco es el que a mí me marcó a fuego y dije "uy, me gusta este género, qué bueno está", y entonces a partir de ese disco y de ese artista empecé a investigar y a buscar más.

El primer disco que compré fue Rubber Soul de Los Beatles, que fue un cassette. Yo tenía 14 o 15 años... ese cassette lo gasté. También escuchaba Wind & Wuthering de Genesis, Kiss, Deep Purple, Bee Gees, Donna Summer, Funkadelic, había un lindo quilombo musical en mi cabeza. Y todo eso lo sumaba al reggae. Podría decirte también For Those About to Rock, de AC/DC, un discazo que era una síntesis de todo el rock diferente que había escuchado hasta ese momento... ahí había olor a fierro.

—Hay una faceta extramusical tuya muy interesante, que es la de conductor de radio y TV ¿eso es algo que nació por una inquietud personal o fue un ofrecimiento que te sedujo?

—Fue una curiosidad. Yo soy curioso por naturaleza. De hecho, tuve un programa que se llamó Curioso por naturaleza en Radio Del Plata, que iba los jueves y hacía entrevistas a colegas. Eso parte de la idea de no aburrirme también, porque esta profesión está todo más que bien, es hermosa, pero a veces se pone rutinario... llega un momento que decís "otra vez sopa"... excepto cuando salís al escenario. Entonces, una vez Marcelo Morano me preguntó si no quería hacer radio y así arranqué, haciendo programas de verano en FM Hit, y ahí me daban la libertad de poner la música que quisiera. También tuve la oportunidad de hacerlo en Radio Disney, en Uruguay, en Pinamar. Fueron decisiones que tomé para no aburrirme y por eso digo que también trascendí dentro del género, porque también estuve en otros escenarios que no eran de reggae.

—Con respecto a las decisiones, te escuché decir que sos un tipo al que le cuesta tomarlas, y que cuando las toma ya es tarde ¿estás por tomar alguna decisión trascendental en tu carrera hoy en día?

No. Y en realidad no es que me cueste tomar decisiones, quiero primero aclarar eso... sino que a veces hago pausas en mi cabeza porque si bien trato de tomar decisiones en frío, me doy ese tiempo porque siempre tengo la esperanza de que los conflictos se puedan revertir. Entonces no es que me cuesta, sino que a lo mejor tardo más de lo debido. Ahora aprendí, pero antes yo tomaba las decisiones cuando ya estaba desbordado y con el agua al cuello, y entonces todo se tornaba muy difícil. Siempre fui del sí fácil y hace algunos años aprendí que el no también es amigo. El no no significa que tengamos mala onda.

Así que no es que me cueste tomarlas, sino que cuando aparece un conflicto, espero a ver si hay oportunidades para solucionarlo.

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