jueves 26 de marzo de 2026

"Aún sufro las consecuencias": el testimonio clave que permitió esclarecer el caso Bru

“Para mí, la causa de Miguel Bru fue un antes y un después. Desde entonces, he tenido una vida de mucho sufrimiento que se llevó a mi hermano y hoy sigue golpeándome. Aún sufro las consecuencias de haber dicho la verdad”.

Quien habla es Celia Noemí Giménez; su testimonio fue clave para arribar al esclarecimiento de la causa por la desaparición del estudiante de Periodismo a manos de un grupo de policías bonaerenses que el 17 de agosto de 1993 lo detuvieron y torturaron hasta la muerte en la comisaría Novena de La Plata y luego ocultaron su cuerpo en busca de impunidad.

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Celia hoy tiene 58 años, diez hijos y 25 nietos. Su vida no ha sido nada fácil. Desde la adolescencia, ejerció la prostitución en la Zona Roja platense. Celia solía pararse a esperar clientes en 1 y 67. A dos cuadras de allí, Miguel Bru ocupaba una casa abandonada junto a un grupo de amigos. Celia y Miguel se conocieron en la Plaza Matheu, uno de los epicentros de la Zona Roja en los '90. “Yo conversaba mucho con él, era un pibe bárbaro, muy tranquilo”, recuerda la mujer durante una entrevista con 0221.com.ar, la primera desde que ocurrieron los hechos en la que acepta hablar abiertamente y ser fotografiada. 

EN LA ZONA ROJA

Giménez, a quien todos conocen como “La Negra”, habita en los fondos de una humilde casa compartida en el barrio Villa Elvira donde, desde hace más de nueve meses, permanece con prisión domiciliaria, custodia permanente en la puerta y una pulsera electrónica en su tobillo derecho. Está procesada en la investigación abierta en el Juzgado Federal N° 1 de La Plata, a cargo del juez Alejo Ramos Padillapor el asesinato de Johana Ramallo. La acusan de ser una de las “administradoras” de la Zona Roja, escenario en el que se produjo, en julio de 2017, el crimen de Ramallo, cuyo cuerpo fue hallado descuartizado en las costas de Berisso. Ella rechaza enfáticamente los cargos en su contra y dice estar convencida de que su actual situación “es un vuelto” por su aporte para resolver, tres décadas atrás, la causa por la desaparición del estudiante de Periodismo por el que resultaron condenados cuatro policías de la comisaría Novena.

Giménez: "Yo nunca mentí, robé, ni maté a nadie"

–¿Cómo conoció a Miguel Bru?

–Él iba a la Plaza Matheu y ahí parábamos nosotras. Nos juntábamos y compartíamos unos mates calentitos o un fasito. Era un pibe bárbaro, charlabamos mucho y para mí era como un psicólogo. Me hablaba, me daba consejos para que me cuide en la calle y que evitara consumir cocaína, que en aquel momento empezaba a distribuirse mucho más.

"Trabajo en la calle desde los 14 años; siempre fui con la verdad y nunca robé, lastimé, ni maté a nadie"

–¿Cuáles cree que fueron los motivos del crimen?

–Yo no lo sé. Se dijeron muchas cosas. Se comentaba que había un problema por drogas. Ellos creían que Miguel manejaba drogas y lo torturaron para que confesara.

-¿Cree que en el caso Bru se hizo justicia?

-Y bueno, es cierto que hubo un juicio y se encontró a los culpables... pero justicia habría si se pudiera saber qué hicieron con el cuerpo.

–En su momento hubo versiones de que usted había sido la entregadora…

–Eso fue todo armado. Me quisieron involucrar. Un día aparecieron con un escrito que decía que yo había ido a Magdalena con el chico y que le había avisado a la Policía. ¡Era mentira y me negué a firmarla!

Celia Giménez lleva más de cuatro décadas ligada a la Zona Roja de la ciudad y al ambiente que pulula a su alrededor, donde las fronteras se diluyen y el delito convive con la marginalidad y la venta de estupefacientes está a la vuelta de la esquina. Por el vínculo de una de sus parejas anteriores, el sargento Justo José López, llegó a ser padrino de uno de sus hijos. 

La mujer se enteró de que a Miguel Bru lo habían torturado hasta la muerte cuando el 18 de agosto de 1993, al día siguiente del hecho, fue a visitar a su hermano, Luis Horacio Suazo, que estaba detenido en la Novena. Zuaso le contó que López había sido el autor material y también aseguró que, al sacar su cuerpo sin vida por el portón del fondo de la seccional, los policías llevaban consigo dos bidones con combustible.

El nombre de la Negra Celia fue incorporado al expediente a partir de un anónimo que llegó al juzgado. Según ese texto, los efectivos no soportaban la actitud altiva de Bru, con quien los policías ya habían protagonizado varios altercados y habían decidido "darle un escarmiento, tratando de incriminarlo en algún hecho delictivo", luego de que el joven los denunciara ante la Justicia por un allanamiento ilegal de la vivienda que ocupaba.

En la nota sin firma se señalaba a Celia como la "entregadora" a la vez que "amante" de Justo López, quien se ocupaba de brindarle protección para sus actividades en la vía pública. También se indicó que la Brigada de Investigaciones había detenido a Luis Motín -por entonces pareja de Celia- a quien "se lo obligó a declarar que Celia le había comentado que en la casa de 69 se consumían drogas". Según se supo luego aquel anónimo fue confeccionado en una máquina de escribir que pertenecía al inventario de la propia Brigada platense. Un escándalo nunca esclarecido.

TESTIGO EN PELIGRO

El 27 de octubre de 1994, el juez a cargo del caso, Amílcar Vara, convocó a su despacho a Giménez y al sargento López. Aquel encuentro se hizo con anuencia del abogado Ramón Torres Molina, pero sin que la familia Bru lo supiera. Durante la singular audiencia, de la que no quedó registro alguno en el expediente, la mujer acusó al suboficial de haber matado a Bru. Celia asegura que López la amenazó de muerte delante del juez. Aquel día, el hermano de Celia esperaba que terminara el trámite en el pasillo de tribunales cuando se lo cruzó a López, que salió intempestivamente del despacho del juez. Se amenazaron mutuamente. Zuaso murió al día siguiente en un enfrentamiento con policías que nunca fue aclarado.

Entonces, Celia Giménez quedó muy expuesta y decidió ausentarse momentáneamente de la ciudad. Vivió escondida. Tiempo después la madre de Miguel Bru, Rosa Schonfeld, logró ubicarla y le pidió que testificara ante la Justicia.

En todo este período, la testigo fue víctima de constantes intimidaciones. En 1997 fue atropellada por un auto en la esquina de 1 y 67 y terminó internada en el hospital Gutiérrez. Casi pierde el embarazo de Mohamed, el último de sus diez hijos. Desde el vehículo le gritaron: “Dejate de joder con Bru, porque la próxima sos boleta”; según consta en la presentación efectuada ante la fiscal María Scarpino. Desde entonces, y durante mucho tiempo, la Negra vivió con custodia policial.

En 1998, el primer juez del caso Amílcar Vara fue destituido y en mayo del año siguiente al sustanciarse el juicio oral López fue condenado a prisión perpetua unto al oficial Walter Abrigo mientras que el comisario Juan Domingo Ojeda y el suboficial Ramón Cerecetto recibieron penas menores por encubrimiento.

–¿Por qué sostiene que su situación actual se relaciona con el caso Bru?

–A mí me tienen acá detenida por testimonios anónimos que surgen de gente que trabaja para la Novena y que me acusa de ser la administradora de la Zona Roja. ¿A ustedes les parece que en la pobreza en la que vivo puedo ser administradora de algo yo? Yo no lo entiendo: en su momento me jugué con la verdad de mi hermano muerto y me creyeron, ahora no creen que no tengo nada que ver con esta historia. Trabajo en la calle desde los 14 años y todos saben que yo siempre fui con la verdad y nunca robé, lastimé, ni maté a nadie.

–¿Pero, usted conoció a Johana Ramallo?

–Sabía quien era, pero solo supe su nombre por las noticias. La vi un par de veces con otra chica que todavía anda por la calle.

–¿Quién cree que después de tanto tiempo estaría detrás de esta maniobra que denuncia para perjudicarla?

–A mí me la juraron. No se quién. Puede ser López o gente vinculada con el juez Vara, que terminó destituido. No sé…o cualquiera de los otros policías que terminaron condenados o sus familiares. Acá hay una mano muy negra. Todos saben quién soy porque trabajo en la calle desde los 14 años. Yo no sé quién puede ser, de lo que no tengo dudas es que me están haciendo pagar por haber hablado aquella vez.

–¿Se arrepiente de haber dado su testimonio?

–No, no, para nada. Al contrario. Yo siempre fui con la verdad y hoy apoyo la cabeza en la almohada y duermo tranquila con mi conciencia y la compañía de Dios.

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