martes 07 de abril de 2026

"A qué te podés acostumbrar"

Siento que se me escapan las palabras, las maneras de contar. Como si se hubieran marchitado con el tiempo, con estos años que pasaron y que no trajeron respuestas. No quiero relatar como una autómata. No quiero hacer un raconto de datos cronológicos que me relacionen con Jorge Julio López, como si eso fuera todo. Puedo hacerlo, pero no quiero. No es eso lo que quiero. Se me cruzó por la cabeza revisar alguno de los textos que compartí para otros aniversarios; volver sobre mis propias palabras, sobre mis propias sensaciones. Como si cambiara en algo con el pasar de los años el sentimiento que surge con su desaparición, con su testimonio, con su historia, con lo que López significó para mi y para mi familia. Siento que me repito cuando cuento cómo supe de su existencia; siento que me repito cuando cuento sobre su declaración en los Juicios por la Verdad en 1999; siento que me repito cuando cuento que nunca nos abrazamos; siento que me repito cuando hablo del juicio a Etchecolatz. Pero cuando digo que Jorge Julio López permanece desaparecido desde 2006 siento que es la primera vez que lo digo. Porque no puedo, no debo acostumbrarme a que esté desaparecido. Porque es una locura verse obligado a retomar la consigna “aparición con vida” 30, 40 o 46 años después. Porque es impensado que una persona pueda desaparecer, nuevamente, en democracia, con la impunidad y el desinterés que se demuestran por este hecho, y en el marco en el que se produjo su desaparición.

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En 1991, el día anterior a cumplir 15 años, supe que existía una persona que había sido testigo del fusilamiento de mi mamá y mi papá. Que había estado secuestrado con ellos. Que era compañero de militancia en el barrio de Los Hornos. Que era un hombre grande. Y que nunca había querido declarar. Esa persona era Jorge Julio López.

Durante esos años, me manejé en soledad, haciendo malabares entre el dolor, la certeza, la angustia de saber, y la realidad de tener más edad que mis padres. Por no lastimar (y quizás también no lastimarme) no hablé, no pregunté, no busqué.

Varios años después de saber que mi mamá y mi papá estaban muertos, que habían sido asesinados, el resto de mi familia conoce la misma información y se pone en contacto con López.

En 1999, en el marco de los Juicios por la Verdad, con un Estado que aun no acompañaba los procesos legales formales, Jorge Julio López declara. Relata con una cantidad de detalles inesperados lo que vivió, lo que vio, los lugares en los que estuvo secuestrado y las personas que recordaba haber visto. Su relato era tan preciso. Parecía una botella de gaseosa que había sido agitada y después de un tiempo le quitaban la tapa: tenía tanta necesidad de contar, se le salían las palabras. “Pare de recordar”, le dijeron en algún momento. No paraba. Entre sus recuerdos estaban las palabras de mi mamá, cuando en cautiverio reconoció que López estaba con ella. Le pidió que nos buscara; que nos dijera, que nos contara. López declaró que antes de que la fusilaran mi mamá pidió que la dejen con vida, porque quería criar a su hija. En lo personal, eso es López para mi: la persona que me trajo a mi mamá como una mamá. Para mi familia, las palabras de López ponían fin a una búsqueda en la que habían sido burlados, ponían fin a una espera que no existía desde hacía décadas. Familiarmente, podíamos cerrar un ciclo gracias a la declaración y a la memoria de López. Claro, empezaríamos otros, diferentes. Pero esa espera, esa incertidumbre, el no saber, quedaban atrás.

En 2006 se lleva a cabo en La Plata el primer juicio por delitos de lesa humanidad. Uno de los casos por los que se juzgaba a Etchecolatz era el secuestro y asesinato de mi mamá y mi papá. López, entre otros, era testigo. Fue en ese marco que él pudo reivindicar su militancia; que su familia supo lo que había vivido y callado. Más y más detalles y hechos y nombres salían de su boca. Cuando llega el momento final, y comienzan los alegatos, nos encontramos todos con una ausencia desconcertante, inesperada, atemorizante. Jorge Julio López no estaba. Jorge Julio López estaba desaparecido. Ni perdido, ni en la casa de una tía: DESAPARECIDO.

Jorge Julio López permanece desaparecido desde el 18 de septiembre de 2006.

Frente a esto, poco importan mis ganas de haberle agradecido, mirándolo a los ojos, su declaración. Frente a esto, carece de peso la espina que pueda quedarme por no haberme animado a hablar con él antes. Frente a esto, pocas cosas parecen relevantes.

Jorge Julio López permanece desaparecido desde el 18 de septiembre de 2006.

Cuando me convocaron para participar de esta publicación, acepté inmediatamente. Es lo menos que puedo aportar para que no deje de recordarse que Jorge Julio López permanece desaparecido desde el 18 de septiembre de 2006.

Jorge Julio López permanece desaparecido desde el 18 de septiembre de 2006.

Aparición con Vida

 

*Mariana De Marco es hija de Patricia Dell’Orto y Ambrosio De Marco, quienes fueron secuestrados y asesinados durante la dictadura de 1976. Tenía 25 días cuando se llevaron a sus padres.

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