En el año 2006 tuvimos en La Plata el privilegio de iniciar el segundo ciclo de juzgamiento por los crímenes sucedidos durante la última dictadura, luego de haber derrotado las leyes de impunidad. El juicio contra Miguel Osvaldo Etchecolatz y los que luego se sucedieron, se caracterizaron por una amplia participación del movimiento popular en la escena de justicia.
Esta presencia se vio en las movilizaciones que acompañaron al juicio, en el público que llenó el Salón Dorado de la Municipalidad y en las querellas, que representando a víctimas, familiares y organizaciones podíamos plantear estrategias jurídicas para que los juicios fueran un poco más cercanos a la justicia que necesitábamos. En ese momento, las organizaciones y querellantes particulares nucleados en la coordinación “Justicia Ya”, llevamos adelante el pedido de que se reconociera judicialmente que los hechos sucedidos durante la última dictadura fueran calificados como genocidio.
En ese contexto, Jorge Julio López fue uno de los casos de ese juicio, testigo y también querellante de este espacio. Remarco esto porque a López “la justicia” no fue a buscarlo: López fue al juicio junto a otros y otras sobrevivientes nucleados en la Asociación Ex Detenidos Desaparecidos y reclamó activamente justicia para sí y para los que no sobrevivieron.
López había tratado, en soledad, durante muchos años, de reconstruir lo sucedido. Mucho de lo que hoy sabemos sobre los distintos sitios de Arana que funcionaron como centros clandestinos de detención se lo debemos a él. A partir de encontrarse con otres, desde la primera vez que pudo declarar, allá por 1999, en el Juicio por la Verdad de La Plata, pudo romper el mandato de silencio y terror que pesaba sobre él y sobre las y los sobrevivientes.
López se emocionaba profundamente cuando tenía que mencionar a quienes fueron sus compañeros de militancia en la Unidad Básica “Juan Pablo Maestre” de Los Hornos y con los que luego fue secuestrado: Alejandro Sánchez, Norberto Rodas y particularmente Patricia Dell´Orto y Ambrosio De Marco, pareja de jóvenes militantes cuyo homicidio tuvo que presenciar en Arana.
De su testimonio recuerdo vívidamente su reivindicación a la militancia de les jóvenes de esa época, atípica aún en la escena judicial. “¿Saben qué hacía Patricia Dell´Orto y otras chicas, como Mirta Manchiola…? Se dedicaban a cuidar chicos, a darles de comer. Y cuando nadie los apoyó iban con los chicos de la universidad, con la Juventud Peronista, iban de pie si era necesario, en micro, para llevarles cosas a los chicos… Iban todos los días al barrio. … Ellas llevaron a los chicos del barrio a Mar del Plata, los hicieron conocer lo que era un mar, lo que era bañarse en un mar, a todos los chicos medio desamparados. Estas 4 o 5 mujeres… Esas son mujeres de oro. Y estos asesinos las mataron sin piedad… Yo cooperaba con los Montoneros, yo se lo digo derecho, yo no me saco la venda de los ojos. Cooperaba con ellos porque fueron los únicos valientes que le hicieron frente a 240 mil tipos, entre ellos policías, soldados, marinos, prefectura, gendarmería, que cooperaban todos. Fueron los únicos seis mil tipos que salieron a la calle. Y con orgullo se lo digo, con orgullo. Y si no, júzguenme, porque fueron unos cuantos pibes que salieron a defender a la gente.”
Luego de su testimonio, casi al final del juicio, participó en todos los reconocimientos judiciales a los centros clandestinos de detención donde había estado: Arana, Comisaría Quinta y la Comisaría 8va.
En Arana, insistía con las averiguaciones que había hecho y la posibilidad de que hubiera cuerpos enterrados en el lugar. Dos años después el Equipo Argentino de Antropología Forense halló restos humanos, a metros del aún hoy Destacamento de Arana.
Se lo veía sereno y hasta diría feliz de convertir sus verdades en justicia.
El 18 de setiembre no llegó al Salón Dorado de la Municipalidad, cuando teníamos que alegar en su nombre. Familiares y compañeres salieron a buscarlo. Mientras alegábamos, Nilda Eloy fue a presentar un habeas corpus con uno de los abogados.
Sus compañeros de la Asociación Ex Detenidos Desaparecidos tuvieron la claridad necesaria para, esa misma noche, sacar un comunicado que decía: “Nuestro compañero Julio López, ex detenido-desaparecido, testigo y querellante en el juicio oral que está llevando a cabo contra el represor Miguel Osvaldo Etchecolatz, se encuentra con paradero desconocido desde esta mañana. Julio tiene 76 años, testimonió sobre su secuestro, sucedido en octubre de 1976, llevado a cabo por una "patota" que integraban, entre otros, Etchecolatz. Estuvo detenido-desaparecido en los centros clandestinos Destacamento policial de Arana, "Pozo de Arana", y Comisaría Quinta de La Plata. Debía presentarse esta mañana para presenciar los alegatos de las querellas contra el represor en el edificio de la Municipalidad de La Plata, y al no comparecer se descubrió su ausencia desde muy tempranas horas. Ante esta situación, que se prolongó durante todo el día, se realizó la presentación de un Habeas Corpus, denuncias en diferentes organismos estatales y medios de comunicación, y se está llevando a cabo una ardua búsqueda en la ciudad de La Plata. Solicitamos ayuda e información sobre su paradero. ASOCIACIÓN DE EX DETENIDOS-DESAPARECIDOS”.
Fueron muy difíciles esos primeros días, donde su ausencia activó todos los mecanismos sociales ante la desaparición de personas: dudas, sospechas, hipótesis descabelladas. El impacto que provocó el cuerpo incinerado que apareció tres días después en Punta Lara, las amenazas a participantes de los juicios en todo el país, las declaraciones de funcionarios que no estuvieron a la altura de los hechos.
Pero también hubo masivas respuestas populares: las marchas bajo la lluvia, la consigna “aparición con vida” resonando en las plazas, el “Sin López no hay Nunca Más” en todas las paredes de nuestra ciudad, son las imágenes que conservo de esos días tan dolorosos, que nos dejaron también la certeza de por qué y para qué hay que hacer los juicios y terminar con la impunidad del genocidio.
La ausencia de López se convirtió en presencia permanente: en los juicios, en el reclamo por saber qué sucedió y quienes son los responsables, en la interpelación de “A qué te podés acostumbrar”, que nos hace todos los días desde la esquina de 7 y 47.
Su testimonio, ahora exhibido en video, siguió condenando genocidas: en el juicio Circuito Camps, en el juicio Garachico. La última condena que recibió Miguel Osvaldo Etchecolatz en mayo de este año fue por los hechos que López había relatado y habían quedado afuera del primer juicio: A López le debemos muchos de los momentos de justicia que hemos podido conseguir.
Nosotres seguimos reclamando que su segunda desaparición no quede impune.
*Guadalupe Godoy
Abogada querellante, militante de la Liga Argentina por los Derechos Humanos.
Participó en el juicio contra Etchecolatz en el año 2006 patrocinando a les querellantes Jorge Julio López, Nilda Eloy y la Asociación Ex Detenidos Desaparecidos, como parte del colectivo Justicia Ya, un espacio de coordinación de querellas para los juicios y en la mayoría de los juicios por delitos de lesa humanidad en la ciudad de La Plata hasta la actualidad.