La tercera audiencia del juicio oral a dos expolicías acusados por el crimen del subcomisario Jorge Gutiérrez a bordo del tren Roca (hecho descubierto el 29 de agosto de 1994 en La Plata) dejó como saldo una cadena de indicios que apuntan contra uno de los sospechosos. En el banquillo de los acusados al excabo de la Policía Federal Argentina (PFA), Alejandro “Chiquito” Santillán, y al exefectivo de la bonaerense Francisco Severo Mostajo.
Juan Carlos Cáceres es un expolicía que conoció a la víctima. En su relato ante la magistratura y las partes dio detalles de un incidente que tuvo a bordo de una formación ferroviaria con dos personas de similares características a los acusados. Aseveró que “el más grandote” (se sospecha que es Santillán) solía portar dos armas de fuego, la reglamentaria que le proveyó la fuerza policial y otra “para los vagos”. Esa segunda arma era “pequeña” de un calibre similar al utilizado para ejecutar el subcomisario de un disparo en la cabeza.
El incidente relatado ocurrió tiempo antes del crimen. Cáceres viajaba en tren desde Avellaneda hasta Hudson. En uno de esos viajes de regreso a su hogar luego de haber cumplido su turno laboral, vio a dos personas agredir a un tercero. Ante ese panorama extrajo su arma de fuego, se identificó como policía y los redujo a ambos.
La persona “grandota” se identificó como policía. “Me dijo que era de la Brigada de Constitución de Los Leones”, en referencia a que integraba la División Ferroviaria de la Policía Federal que en esos años tenía la custodia de seguridad de las formaciones ferroviarias de la línea Roca del ferrocarril.
“El grandote dejó el arma chiquita en el piso y se identificó como policía, después mostró que llevaba el arma reglamentaria y me dijo que el arma más pequeña era ‘para los vagos’”, dijo el testigo quien en otro pasaje de su relato recordó que entre sus compañeros de trabajo se comentaba que el asesino de Gutiérrez “fue un ‘vigi’ de la Federal”.

Al momento del crimen Cáceres era efectivo de la comisaría Segunda de Avellaneda y era subordinado de Gutiérrez a quién describió como “muy buen jefe, muy buena persona, un sabio”.
También declararon otros expolicías que fueron compañeros de la víctima. Confirmaron que al lado de la seccional funcionaba un depósito fiscal, que Gutiérrez no tenía problemas con nadie, que su aspiración inmediata era ascender a comisario y dejaron un concepto personal y laboral intachable. Se sospecha que el subcomisario fue asesinado cuando investigaba maniobras de contrabando vinculadas a la llamada "Aduana paralela".

LA VOZ DE LA FAMILIA
En la segunda jornada del juicio que se desarrolló este martes 26 de abril declararon Nilda del Valle Maldonado, viuda de Gutiérrez; sus hijos Jorge, David y Marilyn; su hermano, el exintendente de Quilmes, Francisco “Barba” Gutiérrez, dos policías y un maquinista.
“Fue una jornada emocionante por el relato que hizo la familia que hace 28 años que pide justicia”, indicó Lucia Extremera, una de las abogadas querellantes, quien señaló que la esposa y los hijos del subcomisario “hicieron hincapié en cómo les cambio su vida de un segundo para el otro”.

“Todos los integrantes manifestaron que no tenían respaldo de la Policía, que los dejaron solos”, destacó la abogada, tras casi doce horas de audiencia.
Extremera detalló que “a los hijos se les consultó cómo fue su vida, qué estaban haciendo en ese momento” y puntualizó que hubo momentos emocionantes como cuando su hija Marilyn recordó que “una noche lo encontró a su padre en la cama lagrimeando y ella le secó las lágrimas con las manos como hacía él cuando ella lloraba”.
Durante las declaraciones, los familiares expresaron que notaron preocupado al subcomisario y que estaba investigando el depósito lindero a la comisaría.

Por su parte, el exintendente de Quilmes, Francisco “Barba” Gutiérrez, según indicó la letrada, “hizo hincapié en la investigación posterior, en el día que se enteró del homicidio, cuando fueron a hacer el reconocimiento del cuerpo, cómo llegó la comisión investigadora y cómo, junto con el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), pudieron llegar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos”.
“Retrató cómo fue la lucha y la investigación donde se conoció que su hermano estaba investigando lo que después se denominó ‘aduana paralela’”, agregó Extremera y dijo que el exjefe comunal nombró en su declaración al represor Carlos Gallone, detenido por la causa “Masacre de Fátima”, quien respondía a la Policía Federal Argentina y custodiaba el galpón.
Además, declararon tres testigos más de la causa, entre ellos dos policías que participaron de la investigación del asesinato.

“Ellos se refirieron al procedimiento que desarrollaron para identificar los testigos”, indicó la abogada y agregó que “contaron cómo empezaron a investigar a todo el entorno dentro de la comisaría, como pudieron identificar a los dos testigos principales del caso y cómo fue su trabajo en los trenes para dar con los dos testigos”.
La Sala I de la Cámara de Apelaciones y Garantías de La Plata comenzó a juzgar a Santillán y Mostajo por el delito de "homicidio agravado por alevosía".
Por este caso, Santillán ya había sido absuelto en un primer juicio que se desarrolló en 1996 y que luego fue anulado, mientras que Mostajo estuvo prófugo de la Justicia durante la mayor parte del proceso.

Está previsto que durante las audiencias declaren unos 70 testigos, algunos de los cuales ya cuentan con protección para resguardar su integridad, según el planteo que hizo la Corte Interamericana.
Según un comunicado del CELS, que acompaña a la familia de la víctima, el crimen ocurrió cuando Gutiérrez investigaba lo que ocurría en "depósitos de mercaderías vinculados al caso de la 'Aduana paralela', un resonante escándalo durante el gobierno de Carlos Menem".
La acusación oficial está en manos de fiscal de juicio Martín Chiorazzi y el tribunal está integrado por Miriam Ermili, Laura Lasaga y Juan Benavides.