El fin de año llega con un incremento llamativo en curva ascendente de contagios de coronavirus en todo el mundo, hecho que en Argentina se vio reflejado en la última semana con la confirmación de 62.261 nuevos casos, lo que representa un 130% más en la semana anterior.
La suba preocupa a las autoridades sanitarias que salieron a reforzar la necesidad de que se extienda el plan de vacunación, incluyendo la aplicación de refuerzos. En paralelo, científicos de todo el mundo buscan una explicación al rebrote de la enfermedad.
En ese marco, un estudio de investigadores del Reino Unido reveló que los anticuerpos producidos en la nariz disminuyen nueve meses después de la infección por el COVID, mientras que los que se encuentran en la sangre duran poco más de un año. Es que los anticuerpos presentes en el líquido nasal (conocidos como inmunoglobulina A o IgA) aportan una defensa de primera línea contra el COVID al bloquear al Covid cuando entra por primera vez en las vías respiratorias, siendo muy eficaces para impedir que el virus penetre en las células y provoque la infección.
Sin embargo, los investigadores descubrieron que los anticuerpos nasales sólo estaban presentes en los recién infectados y eran muy efímeros frente a la variante Ómicron, en comparación con las otras variantes. Los resultados se publicaron en eBioMedicine, del grupo de revistas The Lancet Discovery Science, y podrían explicar por qué las personas que se han recuperado del COVID-19 corren el riesgo de volver a infectarse, especialmente con Ómicron y sus linajes.

La primera autora del estudio fue la doctora Felicity Liew, del Instituto Nacional del Corazón y los Pulmones del Imperial College de Londres, quien explicó que “antes de nuestro trabajo, no estaba claro cuánto duraban estos importantes anticuerpos nasales. Nuestra investigación reveló respuestas inmunitarias duraderas tras la infección y la vacunación, pero estos anticuerpos nasales clave duraban menos que los de la sangre”. Mientras que “los anticuerpos sanguíneos ayudan a proteger contra la enfermedad -comentó-, los anticuerpos nasales pueden prevenir la infección por completo. Esto podría ser un factor importante detrás de las infecciones repetidas con el coronavirus SARS-CoV-2 y sus nuevas variantes”. Además, los investigadores señalaron que se necesitan estudios que evalúen directamente estos anticuerpos nasales y las reinfecciones para confirmar sus resultados.
En la investigación también participaron científicos de la Universidad de Liverpool que estudiaron a casi 450 personas que habían sido hospitalizadas con la enfermedad entre febrero de 2020 y marzo de 2021, previo a la aparición de la variante Ómicron y antes de la distribución y la aplicación de la vacuna.

El estudio también descubrió que mientras que las vacunas actuales son eficaces para aumentar los anticuerpos sanguíneos que pueden prevenir enfermedades graves y la muerte, no aumentan significativamente los anticuerpos IgA nasales. Por ese motivo, los científicos sugieren que la próxima generación de vacunas incluya aerosoles nasales o vacunas inhaladas que se dirijan a estos anticuerpos con mayor eficacia, para potenciarlos y reducir las infecciones de forma más eficaz; además de prevenir la transmisión.
En palabras del profesor Peter Openshaw, coautor del estudio y miembro del Instituto Nacional del Corazón y los Pulmones del Imperial College de Londres: “Nuestros resultados ponen de manifiesto la necesidad de vacunas en aerosol nasal capaces de potenciar estos anticuerpos locales en la nariz y los pulmones. Estas vacunas podrían evitar que las personas se infectaran con el coronavirus y reducir la transmisión del virus entre personas. Esto podría ayudarnos a controlar mejor la pandemia y detener la aparición de nuevas variantes”.

El doctor Lance Turtle, coautor principal del estudio, profesor clínico de la Universidad de Liverpool y especialista en enfermedades infecciosas de los Hospitales Universitarios de Liverpool, indicó que el estudio sugiere que “esta inmunidad de defensa de primera línea es independiente de otras respuestas inmunitarias y, aunque aumenta con la vacunación y la infección, sólo dura unos nueve meses”. No obstante, resaltó, “las dosis de refuerzo pueden aumentar la respuesta inmunitaria ligeramente y, por lo demás, tienen un impacto significativo en otras áreas de la inmunidad, protegiendo contra la enfermedad grave y la muerte de forma muy eficaz, por lo que siguen siendo muy importantes”.