El coronavirus ya contagió a más de 290 millones de personas en el mundo y se cobró casi 5,5 millones de vidas desde el inicio de la pandemia. Desde noviembre del año pasado se identificó a la variante Ómicron y en poco tiempo se convirtió en la cepa de mayor peso y circulación global.
En ese marco, un grupo de investigadores realizó en Reino Unido el estudio conocido como Zoe COVID e identificó cuáles son los síntomas más frecuentes en las personas que se han contagiado esa variante de preocupación.
Los cinco síntomas principales fueron el goteo nasal, el dolor de cabeza, la fatiga leve o extrema, los estornudos y el dolor de garganta. El estudio, que se realiza a través de una aplicación en el celular, individualizó también la pérdida de apetito y la niebla cerebral como síntomas comunes, pero secundarios.
En tanto, si una persona se contagia con Ómicron puede ser menos probable que se provoque una pérdida del gusto y el olfato. La mayor aseguradora de salud privada de Sudáfrica, difundió datos que sugieren que las personas con Ómicron suelen presentar picor o dolor de garganta junto con congestión nasal, tos seca y dolor muscular, especialmente lumbar.
"Es probable que haya un gran solapamiento entre Ómicron y las variantes anteriores, porque esencialmente hacen lo mismo", explicó al respecto el médico especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de California en Los Ángeles Otto Yang y en diálogo con el diario The New York Times agregó que "si hay diferencias, probablemente sean bastante sutiles".
La variante Ómicron fue clasificada como preocupante por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en parte por presentar "más de treinta mutaciones en el gen de la proteína de la Espiga, además de numerosas mutaciones en otras regiones del genoma", de las que muchas ya se habían relacionado "con un aumento de la transmisibilidad o con un cierto grado de escape a la respuesta inmune". Las recomendaciones ante la nueva cepa son: abrir las ventanas y asegurar la ventilación cruzada, lavarse las manos frecuentemente, toser en el codo y, en lo posible, comprar los alimentos por medios electrónicos de ser posible y fuera de los horarios más concurridos.