"Tenemos que agradecer que no nos pasó nada. Me refiero a que no tenemos ningún golpe o herida. Es increíble. Me escucho y me indigno porque no puede ser que me tenga que conformar con eso", reflexionó el hombre que, junto a su esposa, fue víctima de un violento robo el pasado jueves, en su casa de 23 entre 64 y 65.
Aunque prefirió reservar su identidad, el damnificado contó que al menos tres delincuentes armados, con gorras y barbijos para ocultar sus caras, ingresaron sin forzar la puerta de su casa cerca de las 13.30 y tras casi una hora de amenazas se marcharon con un cuantioso botín.
Si bien los implicados terminaron confesándole a la pareja que habían obtenido una llave a través de un "entregador", ninguna de las víctimas las vio y creen incluso que podrían haber dejado la puerta entreabierta sin darse cuenta. "¿Quién nos podría haber entregado si no tenemos nada? Se terminaron llevando las cosas de la cocina para justificar un poco todo el operativo que montaron. Se deben haber dicho entre ellos ‘que valga la pena, por lo menos llevemos los cuchillos’. No forzaron la entrada. No rompieron nada. Creemos que fue un descuido nuestro que dejamos la puerta abierta. No creo que hayan tenido llave", advirtió el hombre en diálogo con El Día.
Una vez que entraron, fueron a la cocina y redujeron a la dueña de la casa, su pareja. "Recién había terminado de almorzar y me tiré a descansar un poco. Me agarraron acostado. Cuando me desperté tenía una pistola apuntándome. Mientras me ataban los pies y las manos me empezaron a preguntar dónde tenía la plata", contó la víctima y agregó: "Yo les preguntaba por mi esposa y la trajeron a la habitación en la que me encontraba. A los dos nos pusieron en posición fetal en la cama con manos y pies atados".
Tras varios minutos de un violento interrogatorio, los delincuentes terminaron llevándose el precario botín de dos celulares y una notebook recién comprada. La pareja contó que destrozaron todo el lugar en la búsqueda de más elementos para llevarse: también juntaron cuchillos, platos, ollas y ropa.
"Había uno que estaba medio al mando de todo. Era el más grande. Tenía como 35 años y los otros dos tenían 25, por ahí. Nos creyeron que no teníamos nada. Nos dejaron atados y cada cinco minutos venían a vernos", contó. Además, relató que encontraron una caja de balas y lo increparon: "¿Dónde tenés el arma? Hablá porque te corto los dedos", contó el hombre que le dijeron y añadió: "Mi señora estaba muy nerviosa y yo intentaba hacerles entender que la pistola se la habían llevado en un robo anterior".
"Estoy cansado de que me roben. Es la cuarta vez que me pasa algo así. Siento mucha indignación. Si hubiese tenido el arma, no te quepa la menor duda de que la hubiera usado", advirtió la víctima. Y cerró: "No queríamos, pero vamos a tener que enrejar todo. A esta altura, no nos queda otra".