La temida variante del COVID-19 sigue generando preocupación al rededor del mundo y las autoridades sanitarias argentinas batallan a diario con la pandemia para evitar que la nueva cepa se propague por el país generando un nuevo brote de la enfermedad y la cantidad de víctimas fatales. Los expertos indican que la mayoría de los pacientes vacunados que contraen la Delta son asintomáticos o experimentan síntomas muy leves, como tos seca, cansancio o fiebre, pero también advierten que es capaz de producir efectos más graves como dificultad para respirar, dolor abdominal, pérdida de olfato, diarrea, dolor de cabeza y secreción nasal, entre otros.
El estudio de síntomas, respaldado por la compañía de ciencias de la salud ZOE en Estados Unidos y Reino Unido, estuvo recopilando datos sobre los efectos en millones de personas y manteniendo una lista de los más comunes reportados por aquellos que contrajeron la enfermedad y fueron completamente vacunados, parcialmente vacunados o no vacunados.
El trabajo, publicado a fines de julio, cuando los casos de la variante Delta estaban aumentando en ambos países, concluyó que casi el 74% de los contribuyentes completamente vacunados que padecieron SARS-CoV-2 tuvieron secreción nasal, seguidos por dolor de cabeza, estornudos, dolor de garganta y pérdida del olfato como los cinco síntomas principales.
"En términos de los síntomas que vemos que son diferentes entre las personas vacunadas y las no vacunadas, los síntomas realmente siguieron siendo los mismos", reconoció Jack O'Horo, especialista en cuidados intensivos y enfermedades infecciosas de la Clínica Mayo, y agregó: "Todavía estamos viendo inicialmente síntomas de tipo resfriado como tos y fiebre. Y las personas que tienen infecciones más graves, síntomas de infección de tipo neumonía".
Vale destacar que la variante Delta fue identificada por primera vez en India en diciembre de 2020 y es producto de los cambios genéticos del virus que le permitieron una mayor transmisibilidad. Según datos publicados por el gobierno británico, esta cepa es entre 40 y 60% más transmisible que la variante Alfa (detectada en Inglaterra) y casi dos veces más que la cepa original del SARS-COV-2 identificada en Wuhan, China.
De esta manera, si bien la variante Delta se propaga con más facilidad y puede reducir la efectividad de las vacunas en algunos individuos, no causará síntomas que los expertos en COVID-19 aún no hayan identificado.