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La emotiva carta de la hermana de Emiliano Sala tras intentar quitarse la vida

Romina estuvo internada durante una semana y recibió el alta durante las últimas horas. Al salir, publicó un conmovedor escrito en Instagram.

Romina Sala, la hermana Emiliano -el futbolista argentino que murió en 2019 tras caer su avión en el Canal de la Mancha-, fue dada de alta tras permanecer internada una semana en estado crítico por haber intentando quitarse la vida, y dio a conocer una emotiva carta a través de las redes sociales.

El martes de la semana pasada, por la madrugada, fue encontrada por una amiga, totalmente desvanecida en su vivienda. La joven, de 29 años, tuvo que ser llevada de urgencia a un centro de salud, donde fue rápidamente asistida por el personal médico.

Tras permanecer siete días bajo estricto control, recibió el alta y compartió una conmovedora carta en su Instagram, donde reflexionó acerca de su situación emocional y la salud mental.

"No siento angustia. Ya no. Siento la posibilidad que me abre la vida de ser consciente de lo que voy a elegir para seguir viviendo con un paisaje diferente", expresó en una de las frases que escribió.

Romina es instrumentadora quirúrgica y tiene un hijo de 2 años. Fue la primera en viajar a Europa tras conocerse la noticia de que la avioneta en la que viajaba Emiliano, desde Nantes a Cardiff, había perdido contacto el 21 de enero.

Los restos de la aeronave se encontraron en el Canal de la Mancha el 3 de febrero y el 7 el equipo forense confirmó que el cuerpo hallado en el interior era el del futbolista argentino.

LA CARTA COMPLETA

Los días que pasaron, un suceso personal me sacó los pies del camino que había elegido caminar. Como alguna vez dije, la vida es imparable y la única cosa que nos queda frente a esa potencia, es frenar la marcha, cambiar la dirección de nuestras alas y volar a favor del viento que se dio vuelta en el medio de su propio viaje.

Una de las cosas que frenaron junto con mis pies, fue mi cabeza. Podría pensar que se quedó vacía y no estaría pensando de manera equivocada. Trato de buscar los conceptos que tenía adentro y ya no me sirven.

Las metas que tenía hace una semana ya no quedan en el mismo lugar. Mis prioridades y las causas que las sostenían, se cayeron como un mazo de cartas.

Y la palabra control dejó de existir en mi diccionario. Nada queda donde estaba antes, porque cuando un hecho inesperado irrumpe, no solo ya no hay nada: tampoco hay un antes.

Un día, todo, parece empezar otra vez. Un día tenemos que empezar otra vez.

No siento angustia. Ya no. Siento la posibilidad que me abre la vida de ser consciente de lo que voy a elegir para seguir viviendo con un paisaje diferente.

No me pasa solo a mí. Cada uno de nosotros se choca una vez con un golpe que nos rompe las estructuras y nos demuestra que no estamos hechos de porcelana.

Plastilina. Mi cuerpo es de plastilina. Mi piel es de plastilina. El mundo es de plastilina.

Me toca reinventar un nuevo camino. Arremangarme otro buzo, en otras manos, de una vida que es cualquier cosa menos estable y quieta. Y no está mal.

La hostilidad del mundo me golpea cada dos por tres y me vuelve a centrar en otro centro: no es así como tenemos que vivir. No es así como quiero vivir. No es así como hay que vivir.

De a ratos caigo en la trampa y me veo queriendo cosas que son eso: cosas. Y por suerte, una nueva piedra en la cabeza me recuerda que no necesito nada en forma de objeto para ser feliz.

El mundo viene con paquetes de regalos que nunca abrimos porque nunca nadie nos dijo que eran nuestros.

Tocarnos - Olernos - Mirarnos - Escucharnos - Probarnos - Amarnos - Cuidarnos - Abrazarnos - Disfrutarnos. Elegirnos. Vivirnos.

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