Para los hermanos Alfano, los waffles forman parte de una mística familiar, un desencadenante de olores y sabores que los traslada a momentos felices como las vacaciones familiares. “La idea de hacer waffles surgió hace diez años más o menos, desde que íbamos a la Costa con nuestra familia. Veíamos que todo el mundo comía waffles, a nosotros también nos encantaban y pensamos en la forma de hacer el producto y mejorarlo”, cuenta Valentín Alfano a 0221.com.ar.

DEL DULCE DE LECHE A LA BONDIOLA
Los productos de El Almacén del Waffle se hacen en el momento, uno de los secretos para que siempre salgan ricos. Los sabores que explotan en los paladares platenses van desde lo clásico, como un waffle de dulce de leche con banana hasta un sabor nuevo como el de Nutella con helado y también, algo más gourmet, como crema y manzana caramelizada. “Ese lo pide todo el mundo”, agrega Manuel Alfano, que además dice que la variante salada de bondiola braseada con muzzarella y queso sardo también es una de las más elegidas en La Plata.

Valentín realza la nobleza del producto y no se olvida de remarcar que lo mejor es el contraste de temperaturas: “Tiene algo que no tienen otros, te comés un waffle que sale calentito y recién hecho con una bocha de helado encima”.
“Es un producto que tiene un nivel de conocimiento importante en la gente, pero es difícil que uno haga la mezcla en su casa. Nosotros resolvemos un poco eso, darte el gustito que quieras en la semana y con un producto increíble”, una palabra que repitien casi al unísono.
“TENÍAMOS UN SUEÑO”
Los hermanos aclaran que no son empresarios, “somos emprendedores”. Trabajadores a todo pulmón que supieron abrirse paso en un mercado competitivo como es el gastronómico, en el cual la innovación tiene que estar atada a una propuesta que consuma el mercado.
Todo comenzó en 2016, cuando probaron miles de recetas y llenaron de harina la cocina familiar. “Compramos una máquina industrial de fundición y lo que sucedió es que no la sabíamos usar. Habíamos leído que hacía falta un poco de manteca para que no se pegue la masa y se ve que le pusimos muy poca. Estuvimos un día entero limpiando los restos”, cuenta entre risas uno de los hermanos.
La vuelta de rosca para ellos llegó cuando se toparon con la auténtica receta belga que decidieron probar con un puesto en la feria gastronómica de Plaza Azcuénaga, en 19 y 44. “Empezamos a hacer pruebas para buscar un producto más allá del típico sándwich de dos tapas. Desarrollar un waffle belga que acá no es muy conocido, pero es un producto excelente”, explican.

“Empezamos en agosto del 2016 con nuestro actual 'waffle clásico' y un puesto muy sencillo. Literalmente arrancamos con una sola máquina, un gazebo que se volaba, un tarrito de dulce de leche, unas bananas y algunas frutillas”, recuerda Manuel.
Con mucha iniciativa y por amor al waffle, se lanzaron con una carta muy simple compuesta por cuatro opciones. “Cargamos los equipos, el gazebo y todo lo que necesitábamos en el auto de mis viejos, armamos el puesto, llevamos un bidón de mezcla y nos pusimos a vender”.
Esa primera experiencia en la feria se dio en un día de invierno y se vieron desbordados por la cantidad de gente que se acercó a pedir un waffle caliente. “Teníamos un solo bidón de mezcla y a los pocos minutos estábamos con 50 clientes y no teníamos ni siquiera un talonario de números”, agrega Manuel. Para ellos, la organización se dio a partir de la experiencia y el trabajo duro. “Al otro día fuimos con el doble de todo. Nos desbordó la gente, fue un caos lindo”, detalla.

Unos meses después, luego de investigar el producto y su historia, los hermanos se toparon con el waffle belga. “Fue un verdadero desafío agregarlo a nuestra carta”, sostienen. La originalidad de la propuesta recae en una masa que se trabaja con paciencia y conlleva un proceso de 17 horas de leudado en frío, sumado a la utilización de perlas de azúcar importadas de Bélgica, que al entrar en contacto con las planchas aportan una textura y sabor único.
“Es distinto a cualquier otra cosa que puedas haber probado acá”, explica Valentín. Así comienza la magia del proceso, el desarrollo del sabor único que distingue el producto de la marca.
“Nos gustaba mucho ir a la feria porque tiene su mística, desde que arrancás temprano a preparar todo y a cargar el auto, te ponés con tiempo a armar el puesto, compartís mate, hablás con otros puesteros. Se generaba una onda muy buena y positiva”, sostienen.
Ese fue el puntapié necesario para lanzar la actividad a toda marcha y los hermanos platenses se encargaron de llevar sus waffles a diferentes eventos itinerantes de la ciudad como el Oktoberfest, San Patricio y la Fiesta del Inmigrante, en Berisso. Manuel aclara que las redes sociales aportaron el ingrediente necesario para posicionarse de a poco en el mercado. “La gente te reconoce y los que nos seguían en redes, empezaron a aparecer en dónde estábamos”, sostiene.

Valentín y Manuel destacan que el apoyo familiar fue una base importante en el éxito del proceso que hoy los posicionó como exponentes en el mercado de los dulces platenses. “Primero nos ayudaban amigos de toda la vida, Gerónimo y Gastón Luques y Matías Avecedo. La parte familiar siempre fue muy importante porque nos dieron una mano grande. Nosotros hicimos todo desde cero, estuvimos en todos los detalles. El amor que uno le mete se ve reflejado en el producto final”, puntualizan.
EL GRAN SALTO
Cuando los hermanos conocieron el proyecto de Baxar Mercado, a través de un conocido pudieron presentar una propuesta para entrar en los planes del nuevo polo comercial ubicado en 51 entre 5 y 6. La innovadora propuesta fue aceptada por Grupo Apunto, desarrollador del mercado, y la construcción del local se comenzó a gestar.
De esta forma, los Alfano llevaron su marca a un nuevo nivel y trabajaron en el desarrollo de una identidad visual más profesional. “Nos dimos cuenta de que había que pasar de trabajar de eventos en ferias importantes, a trabajar en un lugar acompañados de marcas de primerísimo nivel como Valenti o La Cabrera”, señala Valentín.

Manuel dice que con el cambio, la que está más contenta es su madre. “Le desocupamos la casa. El negocio empezó a crecer tan rápidamente que la casa pasó a ser un depósito de máquinas, gazebos y el tráiler. Teníamos todo el equipamiento comprado. Los días siguientes a las ferias literalmente era un desastre de cosas en la casa”, recalca con carcajadas.
“Los dueños de Baxar y el gerente comercial siempre se reían porque cuando venían a recorrer la obra nos encontraban a nosotros adentro del local al nivel de una constructora, colgados del techo pintando, todos sucios", grafica Valentín, dándole forma al espíritu emprendedor que los caracteriza.

Si bien la inauguración del local se pospuso hasta este año por la situación epidemiológica y luego debieron acomodarse a las restricciones impuestas por el Gobierno, Valentín y Manuel tuvieron la ventaja de ofrecer un producto que funciona bien durante la tarde, un horario que le sentó ideal al público de Baxar. “Tuvimos una suerte que otros emprendedores no tuvieron”, recalca Valentín, que reconoce las dificultades de los emprendedores locales debido a los cierres sanitarios.

En el corazón de La Plata Soho, Baxar Mercado asegura a los locales y al público un área de ventilación cruzada de 3.000 m2 con todas las medidas de bioseguridad necesarias para sus visitantes. “Notamos que el producto acompaña momentos de paseo y de ocio para la gente y acá se puede realizar de manera tranquila”, resume Valentín. “Por más que haya mil y una trabas, se puede y hay que seguir intentando”, sintetizan los hermanos.