lunes 27 de abril de 2026

Las vacunas contra el COVID-19 pueden tener un efecto secundario confundible con el cáncer

Así lo indicaron especialistas de Estados Unidos a The New York Times.

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Mientras la campaña de vacunación contra el COVID-19 avanza en el país y en el mundo, especialistas de Estados Unidos indicaron que las inmunizaciones pueden tener un efecto secundario confundible con el cáncer. Según explicaron, las dosis para combatir al coronavirus pueden producir una inflamación de los ganglios linfáticos en la axila o cerca de la clavícula, lo cual es un síntoma compatible con esta enfermedad.

El descubrimiento se hizo luego de que los médicos del país norteamericano identificaran cada vez más esta señal en las personas vacunadas y llevaron tranquilidad a la población al señalar que la inflamación es una reacción normal del sistema inmunitario a la vacuna, que se presenta del mismo lado en el que se aplicó la inyección.

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Aunque los pacientes quizá no lo noten, los ganglios linfáticos inflamados se ven como manchas blancas en las mamografías y las tomografías del tórax, imágenes que pueden indicar la propagación de un cáncer desde un tumor en el seno u otra parte del cuerpo. En ese sentido, los expertos ya empezaron a publicar informes con el objetivo de que los pacientes no tengan que hacerse pruebas por una afección inofensiva que pasará al cabo de unas semanas. 

"Estoy impaciente por dar a conocer esta noticia, sobre todo a las pacientes que están en una etapa de monitoreo tras un tratamiento satisfactorio del cáncer", dijo a The New York Times  Constance D. Lehman, autora de los artículos sobre el fenómeno y jefa de imagenología mamaria en el Hospital General de Massachusetts.

La inflamación en la axila fue un efecto secundario que se detectó desde los ensayos grandes de las vacunas de Moderna y Pfizer-BioNTech. En el estudio de Moderna, el 11,6% de los pacientes informaron que los ganglios linfáticos inflamados aparecieron después de la primera dosis, y el 16 por ciento reportaron que la hinchazón se dio después de la segunda. La incidencia en Pfizer-BioNTech parece ser menor, pues al parecer solo el 0,3% de los pacientes han presentado este efecto. Pero estas cifras únicamente reflejan lo que los pacientes y sus médicos notaron y los radiólogos afirman que la tasa real quizá sea más alta y es probable que muchos más casos aparezcan en imágenes como mamografías, resonancias magnéticas o tomografías computarizadas.

En ese sentido, Lehman señaló que es importante que los centros de escaneos de diagnóstico pregunten a los pacientes si se han vacunado contra el COVID-19 y que registren la fecha de la inyección y el brazo en el que se les administró. La especialista precisó además que en las personas con cáncer que se vacunaron recientemente y desarrollen un aumento en el tamaño de los ganglios linfáticos, puede ser necesario realizar más pruebas, incluida una biopsia de los ganglios.

En esa línea, enumeró algunos casos como el de una mujer que había padecido cáncer en el seno derecho se sometió a una mamografía rutinaria, en la que se vio un ganglio linfático dilatado en la axila izquierda pero ninguna otra anomalía. Hacía poco había recibido una vacuna contra el COVID-19 en el brazo izquierdo y los médicos determinaron que no serían necesarias más pruebas a menos que los ganglios estuvieran inflamados por más de seis semanas.

En tanto, un hombre con antecedentes de cáncer de huesos se realizó una tomografía computarizada de tórax realizada como parte de su seguimiento y descubrió ganglios linfáticos inflamados en una axila, en el lado en que se había vacunado, pero al no haber otro síntoma y no fue necesario realizar más pruebas.

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