Alejandro Sabella fue un maestro del fútbol. Con grandes convicciones políticas, el exentrenador ídolo de Estudiantes y de la Selección Argentina fue un hombre culto, estudiante inconcluso de abogacía, que siempre utilizó frases inspiradoras para definir momentos y situaciones.
Pachorra expresó sus profundos pensamientos y en más de una oportunidad mezcló la política y las acciones de vida. "La democracia es el poder del pueblo, que gobierna a través de sus representantes. Y eso es en definitiva lo que he sido yo: un representante de la patria deportiva", sostuvo en uno de los homenajes que le realizó la Universidad Nacional de La Plata después del Mundial 2014.
"Somos representantes de sueños y de ilusiones y no nos podemos olvidar nunca. Y en cada una de nuestras actitudes tenemos que dejar bien sentado el orgullo, la dignidad y lo que es el ser argentino", agregó en esa ocasión.
A pesar de ser un digno representante de la escuela pincharrata, Sabella supo diferenciarse de una máxima del doctor Carlos Bilardo "el segundo es el primer perdedor" y en un reconocimiento que le hicieron en la Municipalidad de Ensenada dejó sellada su opinión al respecto: "Cuando salimos segundos con 40 puntos y habiendo jugado 10 partidos por Copa Libertadores, me preguntaban eso. Por ser segundos no fuimos reconocidos, pero aquel fue el mejor equipo de Estudiantes que dirigí y no ganamos nada", afirmó Alejandro.
"Después tuvimos la suerte de salir campeones con 45 puntos y en ese momento me acordé del Vélez que salió segundo con 43. Quería reconocerlo porque gracias a ellos nos esforzamos más, nos hicieron mejores y también merecieron salir campeones. Es difícil perder pero también hay que saber ganar, ser justo y magnánimo en el momento de la victoria, por eso quiero reconocer a mi amigo el Flaco Gareca", expresó Sabella por aquel entonces.
La obtención de la cuarta Libertadores del León, en 2009, también dio lugar a otro de sus memorables momentos. Estando en el balcón de la Municipalidad, celebrando frente a los fanáticos albirrojos, se dirigió a ellos con frases de dos líderes políticos Juan Domingo Perón y Raúl Alfonsín y ante una Plaza Moreno repleta de hinchas lanzó: "La ciudad está en orden", primero; y tras el delirio y la ovación agregó un "llevo en mis oídos la más maravillosa música, que es el grito del pueblo pincharrata" antes de rematar con un "Estudiantes de la Patria".

Aquel día del 2001 que asumió como técnico del conjunto nacional, en tanto, miró hacia un costado en plena presentación y expresó lo que iba a transformarse en un estilo de conducción, una semblanza de su forma de ser: "Allí tenemos la bandera, creada por Manuel Belgrano. Él dio todo por la Patria, dejó su sueldo, murió pobre. Es el ejemplo a seguir: el de poner el bien común por encima del individuo".
Sabella fue también un gran motivador, con arengas imborrables, pero antes de la final de la Libertadores y antes del viaje a Brasil colgó un marco vacío en una de las paredes de la concentración del Country y les dijo a sus jugadores "ahora falta la foto de ustedes con la Copa". Antes de jugar en el Mineirao completó: "Ahora salgan, miren al cielo y bajen una estrella para ponérsela en la camiseta".

Sabella alguna vez contó una anécdota previa a la final de la Copa del Mundo ante el Barcelona y una charla que tuvo con Rodrigo Braña: "Chapu, tengo un amigo que me dice que te pida una cosa, que entres y le pegues una patada terrible a Iniesta. Yo te voy a pedir por favor que no lo hagas, si nos quedamos con 10 vamos a conocer el infierno mismo". Así les inculcaba a sus jugadores que el partido se empezaba con 11 y se tenía que terminar con 11.
A un año de su muerte sus enseñanzas siguen en pie, resonando en los vestuarios no solo de Estudiantes sino de todo el fútbol argentino.