Rubén Obregón tiene 64 años y estaba de vacaciones, cortando el paso, cuando fue sorprendido por dos motochorros en la puerta de su casa y se convirtió en una nueva víctima de la inseguridad. En cuestión de minutos, los asaltantes entraron con él a la vivienda, lo golpearon y huyeron del lugar con un importante botín.
Fue el martes pasado, por la mañana, cuando el hombre juntaba pasto y hojas en 506 entre 23 y 24 y dos hombres armados le apuntaron directamente al rostro y lo obligaron a entrar a la vivienda donde llevaron a cabo el asalto.
Todo arrancó con gran violencia. Uno de los ladrones le dio un culatazo en la cabeza y Rubén empezó a sangrar de inmediato, por lo que luego recibiría dos puntos de sutura en el Hospital de Melchor Romero. El cómplice subió rápidamente a la planta alta, para despertar a la esposa de su víctima, Patricia Gatica de 64 años; y a su hijo, Nicolás de 28.
"No entendía nada. Y menos todavía cuando (el ladrón) me dijo 'dame los dólares, que te batieron'. Le aseguré que no teníamos dinero en casa para darle, pero con una mano me apuntaba con el arma y con la otra revisaba la habitación", explicó angustiada la mujer en diálogo con El Día. Patricia comentó que "por suerte" su hijo no llegó a despertarse "porque si llegaba a hacerlo y veía que a su padre lo habían golpeado y lastimado, iba a reaccionar y ahí podía pasar cualquier cosa".
Fueron entre 10 y 12 minutos. Los extraños movimientos en la zona hicieron sospechar a los vecinos y uno de ellos encendió la alarma vecinal. Los ladrones, uno de unos 45 años y otro de unos 21 o 22, huyeron de la escena a toda velocidad. "Dale, dale, vamos ya", se dijeron y salieron a la calle, tomaron la camioneta de Rubén y la moto en la que habían llegado y desaparecieron.
Los delincuentes se llevaron una billetera, un celular, un anillo y la Volkswagen Amarok de la familia. "Llamamos a la compañía aseguradora para activar el sistema de rastreo satelital de la camioneta. Pero nos dijeron que justo al mediodía se había cancelado el convenio. Mucha casualidad. Nos hace pensar que cobraban ese servicio cuando ya no lo teníamos", relató Patricia, pero también se mostró aliviada gracias a la rápida reacción de sus vecinos porque de haberse extendido el asalto "las cosas se hubieran puesto mucho más difíciles".
Los motochorros continúan prófugos pese a que la Policía analiza las cámaras de seguridad de la zona y los busca con intensidad en las inmediaciones del lugar.