El pasado 11 de noviembre, uno de los boliches más reconocidos de La Plata se dio el lujo de celebrar sus 44 años de vida. Por aquel entonces, a base de mucho esfuerzo y dedicación, un grupo de estudiantes universitarios lo apostó todo en su sueño y así nació el mítico espacio de 46 entre 13 y 14, que resiste al paso del tiempo.
Tras adquirir un lote de casas abandonadas, los jóvenes diseñaron una estructura única para la época y decidieron bautizar el nuevo lugar al igual que la obra del reconocido escritor alemán Hermann Hesse: así nació Siddharta.
"Uno de los socios, Alfredo Sarno, tuvo la idea de abrir Siddharta. Él fue el verdadero creador porque nos juntó a nosotros, que éramos un grupo de estudiantes universitarios, y tuvo la visión de crearlo. Él fue el arquitecto del Almacén San José, donde se hacían muchas fiestas, sobre todo de las promociones de la Facultad de Veterinarias, los fundadores de ese lugar eran egresados de ahí", le cuenta a 0221.com.ar Mario Pistilli, uno de los fundadores del ya mítico boliche platense, y agrega: "Todo surgió cuando Alfredo vio unas casas que estaban abandonadas. Nos pareció un buen lugar porque era fuera del centro. Queríamos conseguir un lugar menos convulsionado a lo que era el centro y de ahí aparecieron estas casas que estaban en 14 y 46".
Por aquel entonces, la noche platense era distinta y el ritmo lo marcaban algunos bares y boliches bailables o centros de estudiantes que reventaban de jóvenes que solo buscaban un lugar para charlar, bailar y tomar un trago. "El boliche es como una L, entrás por 46 y salís por 14. Antes era al revés. Muchos creen que es toda la esquina pero ahí hay una farmacia. Era un barrio muy tranquilo porque no estábamos en lo que se decía el centro de La Plata. La verdad que la ubicación y la esencia de Siddharta nos dio resultado porque la gente nos respondió durante mucho tiempo. Todo era a pulmón porque éramos a estudiantes. Estábamos metidos en la facultad y teníamos que cursar. En esos ratos metías un volante y un afiche, mientras nos íbamos conociendo con la gente", relata Pistilli.

"Bares siempre hubo en la ciudad y creo que estaban bien definidos hasta en el tema de los horarios", sostiene el, ahora, empresario y remarca que "de 10 a 11 te ibas a tomar algo y después seguías en algún boliche", como Macondo o los centros de estudiantes. Pero no todo fue color de rosas para el nuevo boliche platense y es que llegó a la ciudad en medio de un convulsionado momento político y social: "Nosotros nacimos en pleno proceso militar, en el '77. Los primeros años fueron duros por los controles policiales. Teníamos un público tranquilo pero no había esa efervescencia de los '70 ya estaba aplacada. Todo esto desde el punto de vista político".
Siddharta fue pensado para atraer a todos los jóvenes de las distintas facultades de la UNLP, una mística que todavía sigue vigente. "Nosotros tuvimos la visión de tener un público universitario grande, de 22 o 23 años, y marcamos un poco la historia con ese target de gente. Nos siguieron mucho tiempo", sostiene Mario y añade que todo fue un "trabajo de hormiga". "La gente empezó a venir. Eso no paró durante mucho tiempo. Éramos un boliche universitario. La idea era pasarla bien, que la gente lo pasara bien. En su momento los únicos que hacían fiestas universitarias éramos nosotros, hablo de promociones", cuenta y se anticipa: "A Siddharta lo marcó a fuego ese tipo de fiestas, que esperamos que las podamos seguir haciendo".

Fue así que Siddharta se convirtió en una referencia de la noche platense y marcó a fuego a miles de platenses, algo que pasó de generación en generación. "Hace poco vino una chica a reservar el lugar para una fiesta de fin de promoción y me dijo que sus padres se habían conocido acá. Creo que por acá pasaron dos o tres generaciones, eso te da satisfacción. Cuando vos a tu hijo le comentás 'acá conocí a tu mamá', eso es algo para acordarte y te acordás porque el lugar es piola, lindo. Los lugares feos no los contás", cuenta Pistilli.

Esto mismo ocurrió con las matinées, cuando los jóvenes dejaban a sus hijos en las puertas de Siddharta, en una guardería, por la confianza que el lugar supo construir con más de cuatro décadas de trabajo. "Cuando organizábamos matinée los padres dejaban a los chicos con suma confianza porque habían sido clientes de Siddharta toda la vida, los mismos padres y madres. Ahora esos chicos siguen viniendo. Hubo cosas que pasaron que te hacen recordar lo bien que la pasaba la gente en su momento", remarcó.
En el marco de los festejos por sus 44 años, ya está todo listo para realizar una gran celebración este sábado que promete ser inolvidable, como las muchas noches que miles de personas compartieron durante años en el icónico boliche, una más en la que seguramente se volverán a contar anécdotas, recordar grandes fiestas y se hará honor a lo que Siddartha siempre fue: un espacio para disfrutar de la mejor música y pasarla bien entre amigos.