El conductor de la máquina del Ferrocarril Sarmiento que el 22 de febrero de 2012 chocó contra el andén de la estación Once y causó una tragedia, Marcos Córdoba, le confesó a su psicóloga María Dolores Carbia y la trabajadora social Silvina Blanco que había anulado el sistema de frenos antes del siniestro.
“Yo tengo responsabilidad, anulé el dispositivo, pero no lo hice a propósito, nunca imaginé que algo así podía ocurrir”, aseguró Córdoba en diálogo con las profesioanes un encuentro virtual realizado por Zoom.
La entrevista fue solicitada por la Fiscalía de Ejecución, a cargo de Guillermina García Padín, y ordenada por el juez de Ejecución Penal Jorge Luciano Gorini como respuesta a un pedido de la abogada Valeria Corbacho para que se le conceda a Córdoba la libertad condicional.
Al ser consultado por los motivos que lo llevaron a tomar esa decisión, el motorman aclaró: “Es una costumbre, me enseñaron así en la práctica. La mayoría lo hace por momentos para descansar la mano”. Y remarcó: “Yo soy responsable de haber anulado el dispositivo del hombre muerto”.

Cabe recordar que el maquinista es uno de los condenados por la tragedia. La Cámara de Casación le fijó una pena de tres años y tres meses de prisión de cumplimiento efectivo. Actualmente está alojado en Marcos Paz, junto a los otros imputados en el caso.
Su confesión tiene un valor trascendental para terminar de descifrar cuáles fueron las causas del accidente que enlutó a la Argentina independientemente de las consecuencias jurídicas que provoque en un proceso penal que se encuentra finalizado y con sus condenados cumpliendo penas que fueron confirmadas por la Cámara de Casación.
La pena de Córdoba vence el 31 de diciembre de 2021. A partir del 30 de noviembre de este año, podría acceder a la libertad condicional y en virtud de eso su abogada hizo la petición que derivó en una confesión determinante para la investigación, que lo ubica como uno de los principales responsables de la tragedia ferroviaria más importante de la historia argentina.

Por su parte, las especialistas que dialogaron con Córdoba concluyeron que Córdoba estaba lúcido y orientado en tiempo y espacio en el momento en que reconoció que había desactivado el dispositivo de los frenos. “Presentó juicio conservado, con contenido de pensamiento coherente, sin evidencias de distorsiones cognitivas, alucinaciones o producción delirante”, se explica en el informe.
“Sus funciones intelectivas básicas (atención, concentración y memoria) no presentaron particularidades. Durante la entrevista se mostró respetuoso y colaborador”, añadieron. En ese sentido, las profesionales destacaron: “Respecto de los hechos por los que resultara condenado, se responsabiliza por acciones que considera erradas en el desempeño de funciones negando intencionalidad explícita de cometer un delito, apelando a cierta minimización de los resultados posibles de esa maniobra que consideró naturalizada. Su implicancia subjetivamente en los hechos, de los que se siente en parte responsable, con visible monto de angustia en su relato, lo que denota resonancia afectiva. Manifiesta ideas de culpa y reparación mostrando capacidad empática para quienes resultaron víctimas y sus familias”.

Tras estas declaraciones, uno de los abogados de los que participaron del caso, Gregorio Dalbón, afirmó: “Esto confirma lo que yo dije durante mucho tiempo. Si el dispositivo del que él habla, que son nada más y nada menos que los frenos, no se hubiera anulado, el tren no hubiera estrellado contra el andén. Lo hizo para descansar la mano, según luego termina confesando”, explicó esta mañana Gregorio Dalbón.
La cuestión de los frenos había sido eje de polémica en el juicio oral. Pero no fue la única cuestión que había sembrado dudas sobre el accionar del conductor del tren. El test que le realizaron al motorman varias horas después del accidente arrojó un valor de 0,13% de alcohol en sangre, algo que confirma que había consumido alcohol, inadmisible para un chofer profesional de un servicio público de transporte de pasajeros.