sábado 04 de abril de 2026

Un platense convirtió un barco hundido en su casa y ahora navega con su familia por Brasil

Fernando Zuccaro compró el navío naufragado a 1.500 dólares y lo transformó en su hogar, donde vive con su mujer y dos de sus cinco hijos. Ahora surca el atlántico en dirección al norte, navegando el que, según los expertos, es el segundo barco más antiguo del mundo en actividad.

--:--

El platense Fernando Zuccaro tiene 60 años y desde pequeño se interesó por la naútica. Según contó, a los 11 años ya aventuraba junto a su hermano con cruzar el Río de la Plata hasta Colonia, en Uruguay.

Con el correr de los años, adquirió su primera nave, el Jano II. "Vi un anuncio en una revista. Tenía un precio absurdo y estaba en San Isidro. Había quedado trabado en una sucesión y estaba podrido. Lo compré con un amigo y salí desde allá en dirección a La Plata. Cargué nafta en el Riachuelo y cuando estaba entrando al puerto, hubo una sudestada de fuerza ocho y me hundí. Me rescató el Draga 259 Mendoza", relató y agregó que sus amigos de rugby lo cargaban y le silbaban la canción de Popeye el marino.

Lee además

Esos inicios un poco frustrados no lo frenaron y volvió a comprar un barco desarmado en el Yacht Club de La Plata “Era un Light Crest diseñado por Germán Frers que se llamaba María B. La cosa ahora sí iba en serio. Navegaba con amigos a Montevideo o Punta del Este. Ahí aprendí mucho y nunca dejé de hacerlo. Pasaba más tiempo en el agua que en tierra. Mi mamá todavía guarda mi primera brújula”, explicó. Luego tuvo un narval, el Marian Dik, y llegó a Europa atravesando el océano a vela.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

She is waiting for you! . . . #sailboat #sailboat #instasailing #adventure #islands #sea #eventos

Una publicación compartida por Tall ship Goleta Gringo 1886 (@goleta.gringo) el

"Me recomendaron buscar veleros rápidos cargueros, como el antiguo Pegli. Me costó muchísimo encontrarlo, hasta que un día me avisaron que estaba en Rincón de Milberg. Llegué a verlo y me dijeron ‘Ahí lo tenés’. Estaba hundido", contó sobre cómo encontró el Pegli, un navío genovés de 1886 que compró 1990 y comvirtió en su goleta.

Así comenzó su loca historia como marino. "Lo compré por 1.500 dólares, como chatarra. Lo saqué a tierra para repararlo. Media bodega estaba llena de barro, ratas, restos de zapatillas. Todo lo que arrastra el rio Luján. Me pasé dos días sentado en el astillero mirándolo y pensando qué hacer. Pero era tan perfecto que no lo podía dejar morir", agregó sobre el momento en que decidió arreglarlo.

Tras seis meses y con ayuda del Astillero Río Santiago, Técnica Naval de Tigre y la Armada Argentina, Fernando logró reparar el barco, de 29,80 metros de flotación, 37,60 metros de eslora total y un calado de tres metros. Él mismo contó que restauró con sus propias manos desde la carpintería hasta las fundas de los colchones.

El navío se había construido en Italia en el Astillero Roncallo de Génova y fue lanzado por primera vez al mar en 1886. "Es un barco que navegaba cargado. ¡Traía hasta 350 toneladas! Salía de la Toscana con mármol de Carrara que descargaba en Irlanda. Ahí se llenaba de carbón de piedra y venía a la Argentina. En el puerto de La Plata limpiaban la bodega a escobazos, lo llenaban de trigo y zarpaba de vuelta al Viejo Continente", contó el marinero platense.

En esa línea explicó que "dejó de hacer ese trayecto en 1933, cuando se creó la Marina Mercante. Entonces le dieron la matrícula 45 y llevaba cebollas de Mar del Plata a Río Grande Do Sul, donde cargaba café. Después, chatarra a Uruguay. Más tarde le pusieron un motor y transportaba madera hacia el Norte. Cuando el casco se pudrió, le sacaron el motor e iba a remolque. Hasta que se pudrió del todo y lo abandonaron".

Muchos aseguran que este es el segundo barco más viejo del mundo en continuar sigue navegando, solo por detrás de uno que está en Estados Unidos y es dos años más antiguo.

"A fines de los '90 me estaba quedando sin trabajo y un día exploté. No podía respirar, se me hinchaba la lengua y fue un quilombo bárbaro. Vino la Unidad Coronaria de La Plata, me medicaron y empecé un tratamiento. Fue un espasmo coronario y me sirvió para cambiar la cabeza. Elegí vivir un poco más tranquilo", sostuvo y así fue que se lanzó al mar.

Ya hace tres años que optó por vivir navegando con su familia y hoy está en Caravelas, al sur de Salvador de Bahía, en Brasil, acompañado por su mujer, Bárbara Beron Vera, Juan (7) –el hijo que tienen en común–, Aquiles (23) –hijo de Fernando de una pareja anterior– y Maxi, un sobrino. Además, Fernando es papá de Amparo (25), Clarita (20) y Mateo (18).

"Nada nos limita. Tenemos las comodidades de una casa: cámara frigorífica, heladera, microondas, horno de ladrillo, lavarropas… Nunca tuve televisión, porque no me gusta. Pero ahora pusimos un plasma para ver películas. Tal vez extraño ver partidos de rugby. Tenemos seis camarotes dobles con baños y ducha, además de dos camarotes cuádruples. Las camas son grandes. Contábamos con un chulengo, pero una ola lo tiro al agua. Vivimos sin cerradura. No hay ruidos de bocina. Y recién estábamos almorzando en la popa mientras los delfines saltaban a nuestro alrededor", contó Zuccaro.

Pero la vida en el mar no es todo color de rosas y la familia debió atravesar varias tormentas y obstáculos en su travesía. "Claro que hubo momentos feos, pero es así como conoces lo lindo. Duran un rato y nadie se asusta, el barco es confiable y tengo la mejor tripulación de mundo", explicó.

"Salimos de Argentina con el dólar a 14 pesos y ahora está arriba de 100. ¡¿Qué se le va a hacer?! La remamos… Llevamos gente, compartimos gastos y participamos de regatas. La vida abordo es barata. Lo caro es mantener el barco. Pero, a esta altura, la tranquilidad y esta calidad de vida suplen cualquier necesidad de un gran auto o un buen teléfono”, contó el marinero sobre cómo sustentan sus viajes y dejó lejos quedó la posibilidad de seguir viajando.

Dejá tu comentario

Las más leídas

Te puede interesar