La gran figura de ese equipo fue el “10”, Rubén Capria. “La campaña fue impresionante pero yo lo que más me guardo es lo que decía siempre Alfredo Di Stéfano, que es fundamental enamorar a la gente y ese equipo se ganó el corazón de los hinchas y eso es para siempre”.
El vestuario, después de consumarse el descenso en cancha de Lanús, fue desgarrador. Las caras y el llanto del Ruso Prátola, del Mago, de Calderón y de tantos otros nombres con un tremendo sentido de pertenencia marcaron una herida, que de la única forma que podía cerrarse era haciendo historia para el regreso.
José Riccione, presidente de aquél momento, tenía como elegido a Carlos Babington para hacerse cargo del equipo; pero la historia y el ADN pudieron más. Miguel Russo le habló a Eduardo Manera para tomar el timón y así casa por casa convencieron al mundo Estudiantes de que tenían que ser ellos. Y fueron ellos.
El descenso marcaba una realidad institucional muy grave. Jugadores había pero era lo único. El Country no tenía ni una cancha para entrenar en buen estado, cada uno usaba una ropa distinta. El Colegio de Abogados y Utedyc en City Bell se transformaron en campamentos para trabajar hasta empezar a reconstruir todo.

Muchos se quedaron y pusieron la cara, otros aparecieron, como por ejemplo un tal Juan Sebastián Verón y otros vinieron a poner el hombro. Uno de ellos, Juan Manuel Llop, un emblema de Newell’s. “Para mi fue un orgullo ser parte de ese equipo, la gente fue impresionante. Un grupo que desde el cuerpo técnico tenía muchos valores, además de buenos jugadores”, recordó.
“A mi me tocó ayudar y me hubiera gustado retirarme en el club. Había muchos chicos con un sentido de pertenencia muy grande, buenos jugadores que empezaron a mostrarse y otros que vinimos a aportar lo nuestro. Se formó un gran equipo”, confesó el hoy DT de Platense.

Campeón 5 fechas antes, récord de puntos (65) cuando todavía no existían los 3 por partido ganado. El equipo concretó 27 victorias, 11 empates y sólo perdió 4 partidos. Rafaela terminó con 54 y Colón con 52.
El debut fue un domingo a la mañana, con televisión por Canal 9. La mayoría de los partidos los transmitió Dardo Rocha Cable Visión. El Pincha vestido de blanco y apenas un empate 1 a 1 con Chacarita como local. Russo los recibió en el vestuario con un lacónico “bienvenidos al Nacional B”.

El equipo se hizo camino al andar. Mariano Armentano, un joven delantero que llegó de Vélez anotó el primer gol: “Fue inolvidable en lo deportivo, en lo emocional, fui parte de un grupo de personas y jugadores increíbles. Es un orgullo que me guardo haber sido parte de ese momento. La gente nos dio una mano muy grande, porque llenó todas las canchas”.
Otro de los que aportó su granito de arena fue el Cabezón, Alejandro Méndez, que llegó de Morón, un delantero aguerrido y goleador: “Era un plantel extraordinario, con una riqueza técnica y táctica que superaba la media. Había personalidades muy fuertes pero la dupla técnica lo llevó de la mejor manera, con una armonía tremenda”.

“El plantel era muy numeroso, a veces uno no iba ni al banco pero todos tiraron para adelante. El equipo tuvo futbolísticamente una gran vocación ofensiva, por momentos fue una topadora. Cuando se encontró el funcionamiento el equipo fue una máquina. Un orgullo haber sido parte”, agregó el ex gallito.
José Luis Calderón se transformó en un goleador implacable, en uno de los referentes y fue el máximo artillero de la categoría con 26 goles. El equipo, que rotó mucho por momentos terminó con una base que salía de memoria: Bossio, Leo Ramos, Prátola, Llop y Ricardo Rojas; Claudio París, Verón, el Sopa Aguilar y Capria; Armentado y Caldera.

El Mago Capria volvió a referirse a aquella campaña y reflexionó: “después de todo lo que vivimos fue un año muy disfrutable, fue un equipazo, el grupo tenía mucha química dentro y fuera de la cancha, el equipo contagió de adentro hacia afuera”.
Hubo muchos nombres para destacar como Gottardi, Trobbiani, el profe Córdoba en el cuerpo técnico, el recordado Rául Nigro como médico y varios jugadores que empezaron a mostrarse como un tal Palermo, Azconzabal, Coco Capria, Zapata, entre otros que llegaron y dejaron su improntan como los paraguayos Javier Ferreira, Domingo Arévalo, Adelio Salinas, el uruguayo Luis Sosa, entre otros.
Se cumplen 25 años de algo que fue mucho más que un ascenso, de un equipo que dejó una huella por su juego y sus números, que representó un volver a ser, que Estudiantes volviera a sus raíces.