La batería y el bajo marcan el tiempo final para que guitarra y saxo diluyan Ropa Sucia hasta un silencio extraño, sin aplausos ni gritos. Algunos silbidos cortan la oscuridad y son el preludio de un cántico de guerra. El “Milicos, hijos de puta...” llega atronador desde el fondo del gimnasio y el ambiente se enrarece inevitablemente. Corridas, empujones y el aire fresco de la noche otoñal que se cuela junto al olor a gas lacrimógeno que viene desde la rambla de la avenida 13 y llega hasta el fondo, donde casi todos los músicos dejaron el escenario ante la inminencia de los incidentes.
Muchos pibes de remeras ya están dispersos por la calles aledañas. Corren hacia Plaza Moreno o se refugian donde pueden. Otros prefieren volver a entrar porque los convoca el sonido de la guitarra hipnótica de Skay Beilinson, el único que no se había ido. Es un solo cadencioso con el que el músico de Tolosa parece aplacar a las fieras. Se prolonga durante cuatro o cinco minutos hasta que el resto de la banda empieza a volver.
Semilla Bucciarelli marca un ritmo con el bajo para que se sume la batería de Walter Sidotti. “Volvamos, volvamos a los nuestro, no le den mierda a la mierda”, dice el Indio Solari de nuevo parado en el centro. E insiste para que los pibes terminen de reingresar: “No le den mierda a la mierda, que terminamos todos enmierdados, vengan vamos”. La zapada crece y el cantante improvisa unos versos en ingles dedicados a los uniformados que arrancaban una década marcada por el gatillo fácil.
La banda parece reencausar las cosas y llega hasta al final con dos temas más. Suenan Rock para los dientes, canción que termina con Skay desencajado gritando a coro con Solari “nada ni nadie nos puede parar”, y Música para pastilla. El popurrí que incluía Mariposa Pontiac, Rock del país, El gordo tamposo y Un tal Brigitte Bardot, pudo haber sonado sobre el final, como había ocurrido la noche anterior, en el primero de los dos shows con que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota volvía a su ciudad después de cinco meses de no pisar escenarios.
Quienes fueron testigos y protagonistas de aquella jornada podrán completar con sus recuerdos lo que ocurrió en Atenas. Podrán alimentar la leyenda o desmentirán esta crónica. Pero nadie les quitará el privilegio de haber estado presente en un momento y en un lugar que con el tiempo transcurrido puede considerarse histórico para la cultura rockera de la ciudad.

Ninguno de los músicos sabía que aquellas dos presentaciones en el Club Atenas, el 11 y 12 de mayo de 1990, serían las últimas que la banda daría en La Plata, la ciudad que los vio nacer y crecer. El clima de época en Argentina, marcado por el inicio del denominado “neoliberalismo”, empezaba a colarse en los shows al mismo ritmo en que crecía la convocatoria y se reperfilaba la composición etaria y social de las bandas ricoteras que llenaban cualquier lugar. Los Redondos arrancaban una conflictiva transición hacia los grandes estadios, marcada por el descontrol en la entrada de los conciertos y una escalada represiva que explotaría justo un año después con la muerte de Walter Bulacio, un adolescente que no pudo ingresar a una presentación en Obras Sanitarias y fue víctima de la brutalidad policial.
Las palabras del Indio al final de aquella zapada mítica en Atenas suenan premonitorias. “No alimentemos la mierda que se nos viene encima. Estamos solos, no sé si se dieron cuenta, estamos solos. No sean boludos, estamos solos, cuídense, cuídense”.

Tal vez ecordaba entonces las tensiones de la noche anterior, cuando sonaba Susanita y varios ricoteros efusivos subieron al escenario y sin querer desconectaron algunos instrumentos. “Vamos a aclarar un poco esto. Suben acá y no nos dejan tocar más... desenganchan todo, ¡es un quilombo!. Ponchen ahí y tratemos de nosotros ser la música de fondo de ustedes. Sino no podemos curtir”, se quejaba el vocalista.

La gira, que en la práctica implicaba la presentación de los temas de Bang!¡Bang!! Estás liquidado, contemplaba otro desembarco en el gimnasio de la avenida 13 en el mes de agosto que nunca se pudo realizar. Mucho tuvieron que ver los incidentes en el show de mayo, cuyos audios fueron rescatados de la consola y circularon poco tiempo después en casets piratas que se vendían en la feria artesanal de Plaza Italia. A 30 años exactos, lo que ocurrió aquella noche puede escucharse con una calidad de sonido bastante aceptable en varias cuenta de Youtube.
Los Redondos dieron unos 60 conciertos más durante los once años que siguieron hasta su disolución en 2001, pero nunca pudieron volver a La Plata. Un lugar que hasta entonces había sido una parada inevitable. Desde los show en el Club Lozano, en la calle 11, hasta el Polideportivo de Gimnasia; pasando por el Garaje Zárate de 10 entre 57 y 58 o el Coliseo Podestá. O mucho antes, en antros reducidos y olvidados.

Recién en el nuevo siglo los socios compositores volvieron a La Plata, pero por separado. Skay lo hizo hizo primero, en dos noches de junio de 2003, para presentar en el Teatro Bar su disco debut como solista. Y lo mismo hizo el Indio dos años después, el 12 y 13 de diciembre de 2005, en dos shows históricos en el Estadio Único donde quedó en claro que sería el heredero de Patricio Rey como fenómeno de masas.

LOS SHOWS Y LA CRÓNICA
El relato frío de los últimos shows de los Redondos en La Plata habrán dicho que la banda presentaba su cuarto disco de estudio Bang!¡Bang!! Estás liquidado y eso se refleja en la lista de temas. Solo faltaron dos canciones de aquel disco que vio la luz en 1989. Aquellas noches sonaron Un pacman en el Savoy, Héroe del Wisqky, La Parabellum del buen psicópata, Nuestro amo juega al esclavo, Maldición va a ser un día hermoso, Ropa Sucia (dedicado a Rocambole que estaba en la platea y ese fin de semana cumplía años) y Rock para los dientes.

Dos discos que aún no habían sido editados fueron de los más visitados de aquellas noche. Típico de los Redondos, muchos de sus temas más populares se conocían antes en los recitales. Son los casos de Mi perro dinamita, Fusilados por la Cruz Roja (que en la primera noche tuvo un agradecimiento para la histórica banda platense Viejos, Sucios y Feos y para "el Negro Cañón", el personaje de Masacre en el Puticlub "que está esta noche seguramente aquí", según el Indio) y Nueva Roma, que verían la luz en el siguiente álbum La mosca y la sopa. E incluso Susanita y Perdiedo el tiempo, dos temas coreadas por la multitud que tendrían que esperar tres años, hasta que saliera a la calle el doble que se vendía por separado Lobo suelto / Cordero atado. Algo parecido ocurría con el Blues del noticiero que saliera después en el “pirata/oficial” En directo.

Un solo tema de Gulp!, el disco debut (Roto y mal parado); dos de Oktubre (Divina TV Fürer y Música para pastillas) y dos de Un baion para el ojo idiota (Vamos las bandas y Ella está tan linda) completan una lista de temas que parece lejana de la época de masividad absoluta de algunos años después, cuando resultaba inimaginable un show de los Redondos sin que sonaran Un ángel para tu soledad, El pibe de los astilleros, Juguetes perdidos o un cierre sin Ji ji ji, el tema de Oktubre que ya tenía rodaje pero aún no era el hit capaz de provoca el pogo más grande del mundo.