Flores, bombones o regalos financiados con el descuento de algún banco y en cuotas sin interés. Esa es, todavía, la dinámica a la que estamos acostumbrados a recibir el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer fijado por la Asamblea General de la ONU en 1977. Pero las campañas publicitarias y la "celebración de la mujer" como epicentro de este día nos hacen olvidar lo más importante: su historia.
Graciela Queirolo, profesora y doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires, máster en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella e investigadora del CONICET-UNLP, explica que "el día de la Mujer tiene muchas adiciones que se van resignificando y juntando", y que por el contrario a lo que trascendió en los últimos años "hay algo muy mítico que se vincula a una huelga de costureras en la ciudad de Nueva York". Se refiere a Triangle Shirtwaist y el incidente que habría causado la muerte de 146 trabajadoras, la mayoría de ellas jóvenes inmigrantes."Pero realmente nunca se demostró que haya ocurrido este episodio puntual, el de la fábrica que se prendió fuego y donde murieron las mujeres trabajadoras. Es un relato verosímil pero no está estudiado ni demostrado", señala la especialista.
"Las mujeres trabajaban, estaban siendo explotadas y es creíble que algo así haya ocurrido. Pero creo que la comunidad de historiadores debe dar respuestas a este hecho puntual de Nueva York", apunta. Lo cierto es que desde hacía meses las trabajadoras de la industria textil venían reclamando mejoras salariales, laborales e igualdad de condiciones con sus pares varones, una demanda que definitivamente no era exclusiva del rubro. Por otro lado, la historiadora ubica un segundo momento con la intervención de Clara Zetkin, una política alemana perteneciente al Partido Socialista que ya avanzado el siglo XX decide reivindicar el 8 de marzo como Día de la Mujer Trabajadora.
"Ahí hay un sentido totalmente político más que de conmemoración, máximo porque se da una Conferencia Internacional de mujeres donde asisten mujeres de todo el mundo reivindicando estos derechos. Y en 1975 la Organización de las Naciones Unidas, en el contexto de celebrar el Año internacional de la Mujer y con un movimiento feminista en auge, decide establecer como efemérides el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Desde ese año hasta el presente se ha transitado un proceso de 'celebrar a la mujer', la femineidad, la figura decorativa, la compañera, la madre, la sacrificada, la esforzada. Por eso también las flores y los bombones: se toma como una celebración a la femineidad", explica Queirolo.
Y rápidamente ironiza: "Seremos bonitas, buenas, mereceremos flores... Pero también trabajamos, nos explotan más que a otros por ser mujeres, nos pagan menos, no nos dejan avanzar, siempre estamos encerradas en la casa abocadas a lo doméstico y al cuidado. Así llegamos al 2015 y los paros internacionales, donde precisamente lo que hacen es un llamado a ocupar las calles y los espacios de trabajo, clamando por derechos. Y los derechos tienen que ver con la equidad", advierte.
En esta historización "a vuelo de pájaro" puede verse cómo desde que se instauró la fecha, la perspectiva reinante sobre las mujeres y la femineidad hizo virar la reivindicación por la equidad hacia la "celebración de lo femenino" (lo especial, lo frágil, lo distinto, lo que 'da vida'... ¿o por qué acaso decimos 'feliz día'?). "Y hay toda una lógica del consumo, que está bárbaro fomentar el consumo, pero que todos y todas podamos ir a consumir, no que sea un privilegio de algunas y no de otras. Ese es el tema. Las flores por sí mismas no hablan", señala Queirolo.
LAS MUJERES Y EL TRABAJO
Para la doctora en Historia, "las mujeres siempre estuvieron vinculadas al trabajo, el problema es que se asoció al trabajo con empleo remunerado. Es decir que hay un montón de figuras del trabajo más allá del remunerado. Y dentro de lo que es estrictamente el empleo remunerado -la fábrica, la oficina, el hospital, la escuela- tempranamente se encuentra la presencia de mujeres. Por lo tanto, así como están trabajando, podemos encontrarlas en acciones de protesta".
Como ejemplo toma las huelgas docentes en la provincia de San Luis, Santa Fe y Mendoza, y más allá en el tiempo la Huelga de Inquilinos que se dio en Capital Federal y Rosario: "las mujeres de los conventillos salieron a protestar contra el incremento de los alquileres, le pusieron el cuerpo a la policía y a los desalojos mientras los maridos estaban en el mundo público del trabajo". Otro ejemplo es el de la huelga de ferroviarios de 1917 donde las protestantes "no eran trabajadoras de la empresa pero defendían el reclamo de que no despidan a los maridos, ya que la familia misma se quedaba en la calle".
"En todos los conflictos está esta presencia de mujeres, y se suele decir que 'acompañan' pero es una palabra que las desjerarquiza: están ahí, participando, de una manera distinta a como participan sus compañeros y de otros miembros de la familia. El 17 de octubre de 1954 ocuparon la plaza de Mayo y también pusieron las patas en la fuente. En La Plata hubo un 17 de octubre bien fuerte y ellas también estuvieron en esas actividades manifestándose y no entrando a la fábrica. Lo que pasa es que todo esto es todavía una historia por escribir", advierte Queirolo. "Y los sindicatos han sido muy poco amigos para mostrar este tipo de cosas".
LAS TAREAS "REPRODUCTIVAS" O DE CUIDADO
Según la historiadora, hay todavía un "deber ser" del trabajo y los trabajadores que obnubila nuestra capacidad de pensar en otro tipo de tareas. "Todavía hoy decimos trabajo y pensamos en el trabajador de overol manual, de industria. Y es una imagen que nos coloniza muchísimo. Hay que desarmarlo y pensarlo de otra manera. Lo mismo el sindicato, la primera imagen que tenemos en la cabeza es la mesa de machos reunidos discutiendo. Hay otras formas que tenemos que no solo poner en práctica sino ver cómo se hicieron en el pasado".
Y en eso entran también las tareas "reproductivas" o de cuidado: desde cuidar a los niños y niñas hasta ocuparse del adulto mayor de la familia, pasando por lavar la ropa, limpiar la casa, cocinar, etcétera. Es decir, todo aquello que permite que "la casa esté en orden" una vez que la persona llega de su trabajo asalariado. Pero entonces, esto significa que son dos trabajos. "El salario para amas de casa es una idea que viene de los años 70, y que plantea Silvia Federici con su frase 'aquello que llaman amor es trabajo no pago'". En un artículo que escribe en 1975 ella viene a reivindicar el valor que le agrega a la economía el trabajo reproductivo y de cuidado, y a sostener que sin ese trabajo el mundo no funciona", apunta la historiadora.
En ese punto, destaca que el actual ministerio de la Mujer "declaró explícitamente que el tema del cuidado es prioritario dentro de su agenda, y que lanzará una serie de acciones para cuantificar, investigar y medir este tipo de cosas. Entiendo que quieren hacer un diagnóstico a nivel nacional para lanzar planes de acción concretos. Igual hay datos del INDEC: gracias a encuestas sobre el uso del tiempo, se precisó que las mujeres usamos cerca del 40% más de nuestro tiempo en tareas reproductivas que los varones. Todo lo que sea cuidados sigue cayendo sobre el tiempo y las espaldas de las mujeres".
Frente a esa situación, Queirolo explica que hay maneras en las que el Estado podría hacerse cargo del cuidado de las personas, que "como dijo la ministra (Elizabeth Gómez Alcorta) no es un gasto, es una inversión. Porque todo ser humano en algún momento de su vida -y seguramente más de uno- va a precisar ser cuidado". "La política pública de cuidado implica reconocer y después legislar, esto no es solamente tarea de un género, es una responsabilidad de toda la sociedad. No es natural que quede ligado solo a mujeres", aclara.
Y va más allá: "El mundo del trabajo ya entendió que toda persona está capacitada para atender distintas tareas, y eso también aplica para los cuerpos de mujeres y feminizados. El debate del momento es cómo se piensa la distribución del cuidado, de lo productivo y lo reproductivo. Debería ser un contenido de la Educación Sexual Integral. La división sexual del trabajo es hora de trabajarla desde la ESI. Y tratar de cambiar las cabezas en base a eso". La de la equidad en el trabajo es solo una de las demandas que el movimiento de mujeres y feminista viene poniendo sobre la mesa, entre las que se destacan el cese de femicidios y los ataques de odio, la legalización del aborto, el cese de los estereotipos de género, el reconocimiento de la identidad de género y el derecho a la no discriminación, entre otros.
¿Cuántas veces nos preguntamos si es natural que sean las mujeres de la familia las que usualmente ponen, organizan y luego levantan la mesa? ¿Cuántas veces y en cuántas familias se dividen realmente las tareas de cuidado de los hijos y/o familiares enfermos? ¿Cuántas tareas y cuidados "domésticos" deben resignar las mujeres que desean crecer en su ambiente laboral para no quedar afuera? ¿Por qué cuando los medios hablan sobre el Día de la Mujer usan tonos rosas y pasteles? ¿Por qué se cree que hay "intrínsecamente" trabajos de mujer y trabajos de hombre? ¿Es todo esto justo? ¿Y en qué está basado? Quizá este 8 de marzo con Paro Feminista incluido sea una buena fecha para repensarlo. Otra vez.