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Un clásico lleno de vanguardia, los secretos del éxito de Don Quijote durante 45 años

Tres generaciones mantuvieron con vida el restaurante, que se convirtió en un clásico platense y nunca perdió la excelencia de sus platos y el caluroso trato con sus clientes. La historia detrás de un éxito que lleva casi medio siglo y es el orgullo de una familia y su ciudad.

Nicolás Terpolilli, hijo de Rubén y nieto de Alfredo, trabaja hace 15 años en el tradicional restaurant Don Quijote y con tan solo 19 comenzó a tomar la posta que dejaban atrás sus familiares. "Para mi es una forma de vida, la gastronomía en sí es una forma de vida rara. Esto es la historia de mi familia: mi abuelo, mi viejo, mi vieja que estuvo 23 años, mis hermanos… es eso, es seguir la tradición de la familia", señala el joven mientras intenta definir el significado de ese lugar tan especial en la neurálgica Plaza Paso.

Don Quijote abrió sus puertas el 14 de septiembre de 1974. Alfredo estaba a cargo de la concesión del buffet del Colegio de Abogados, pensó en dedicarse de lleno a  la gastronomía y junto a su hijo Rubén decidió poner un restaurante. Su máxima preocupación fue entonces que cada cliente que cruzara la puerta de Don Quijote se fuera satisfecho, tanto por la calidad de su atención como la de su comida. Trabajaron duro para no perderse ni un detalle y 45 años después todavía mantienen su política.

Sin embargo, en 1976, así como así, Alfredo murió. Rubén, con 30 años, quedó al mando del espacio y comenzó a estudiar cada movimiento que hacía, dedicó su vida a la gastronomía. El joven se preocupó por mejorar sus platos, mantener la buena atención de los mozos y empujarse para estar a la vanguardia.

"Papá siempre fue un visionario, un adelantado. Cuando nadie tenía computadora, compró una; cuando nadie tenía aire acondicionado, papá puso uno; con la maquinaria lo mismo. Es muy difícil estar delante de mi viejo. El trabajo de campo que hacía en la cocina, nunca lo pude hacer", reconoce Nicolás con una sonrisa.

Los años pasaron y Don Quijote fue creciendo. Ya no es aquel pequeño salón al que muchos platenses fueron. El local fue ampliado en la plata baja y se construyó un nuevo salón para 40 comensales en el primer piso.

Un buen día, sin embargo, Rubén entendió que era momento de descansar y Nicolás tomó las riendas y comenzó a planear cambios, el primero fue modificar la carta. "Me dijo dos cosas: primero 'estás loco' y cuando no quiso resistirse más me dijo 'yo tengo que darme cuenta que para aprender, uno primero se tiene que equivocar; porque por más que yo te lo diga, no lo vas a entender hasta que no te equivoques; y cuando lo hagas, me vas a entender a mí'. Y así fue, me equivoqué y volví el cambio de carta hacia atrás y después fui despacito", cuenta el joven riendo y enseguida agrega: "Mi problema fue que quise hacer un shock muy grande de golpe y no me surtió el efecto deseado, por una cuestión de que la gente viene a buscar determinadas cosas que si vos no se la das…".

Pero así comenzó la gestión de Nicolás, con un tropezón que no fue caída. Hoy se puede encontrar en el menú, platos de la época de Alfredo como así también nuevas sugerencias. La idea es ofrecer un servicio para toda la familia.

Como parte de esas renovaciones, ahora también se realizan dos catas de vino al mes, con propuestas gastronómicas distintas. En ellas no están presentes los clásicos platos tales como Suprema Maryland o Pollo a la Cantábrica, sino que están pensados para ofrecer al cliente una experiencia distinta. Se trata de, por ejemplo, proponer métodos de cocción alternativos o productos atípicos como la cocina al vacío, entre otros.

A pesar de los años, en Don Quijote dejan un dato en claro: es un restaurant clásico, no antiguo. Y sostienen lo que dicen, tanto es así que los clientes ya pueden pedir sus platos preferidos a través de aplicaciones en el celular o hasta reservar una mesa por Facebook y WhatsApp.

En un nuevo aniversario, Nicolás preparó un sensacional festejo y puso a disposición por todo el fin de semana, algunos de los platos de época en los que tanto trabajó Alfredo y hoy no están en la carta, para revivir aquellos sabores que todavía conquistaron a los platenses después de casi medio siglo.

Tres generaciones mantuvieron con vida el restaurante, que se convirtió en un clásico platense y nunca perdió la excelencia de sus platos y el caluroso trato con sus clientes. La historia detrás de un éxito que lleva casi medio siglo y es el orgullo de una familia y su ciudad.

14 de septiembre de 2019

Nicolás Terpolilli, hijo de Rubén y nieto de Alfredo, trabaja hace 15 años en el tradicional restaurant Don Quijote y con tan solo 19 comenzó a tomar la posta que dejaban atrás sus familiares. "Para mi es una forma de vida, la gastronomía en sí es una forma de vida rara. Esto es la historia de mi familia: mi abuelo, mi viejo, mi vieja que estuvo 23 años, mis hermanos… es eso, es seguir la tradición de la familia", señala el joven mientras intenta definir el significado de ese lugar tan especial en la neurálgica Plaza Paso.

Don Quijote abrió sus puertas el 14 de septiembre de 1974. Alfredo estaba a cargo de la concesión del buffet del Colegio de Abogados, pensó en dedicarse de lleno a  la gastronomía y junto a su hijo Rubén decidió poner un restaurante. Su máxima preocupación fue entonces que cada cliente que cruzara la puerta de Don Quijote se fuera satisfecho, tanto por la calidad de su atención como la de su comida. Trabajaron duro para no perderse ni un detalle y 45 años después todavía mantienen su política.

Sin embargo, en 1976, así como así, Alfredo murió. Rubén, con 30 años, quedó al mando del espacio y comenzó a estudiar cada movimiento que hacía, dedicó su vida a la gastronomía. El joven se preocupó por mejorar sus platos, mantener la buena atención de los mozos y empujarse para estar a la vanguardia.

"Papá siempre fue un visionario, un adelantado. Cuando nadie tenía computadora, compró una; cuando nadie tenía aire acondicionado, papá puso uno; con la maquinaria lo mismo. Es muy difícil estar delante de mi viejo. El trabajo de campo que hacía en la cocina, nunca lo pude hacer", reconoce Nicolás con una sonrisa.

Los años pasaron y Don Quijote fue creciendo. Ya no es aquel pequeño salón al que muchos platenses fueron. El local fue ampliado en la plata baja y se construyó un nuevo salón para 40 comensales en el primer piso.

Un buen día, sin embargo, Rubén entendió que era momento de descansar y Nicolás tomó las riendas y comenzó a planear cambios, el primero fue modificar la carta. "Me dijo dos cosas: primero 'estás loco' y cuando no quiso resistirse más me dijo 'yo tengo que darme cuenta que para aprender, uno primero se tiene que equivocar; porque por más que yo te lo diga, no lo vas a entender hasta que no te equivoques; y cuando lo hagas, me vas a entender a mí'. Y así fue, me equivoqué y volví el cambio de carta hacia atrás y después fui despacito", cuenta el joven riendo y enseguida agrega: "Mi problema fue que quise hacer un shock muy grande de golpe y no me surtió el efecto deseado, por una cuestión de que la gente viene a buscar determinadas cosas que si vos no se la das…".

Pero así comenzó la gestión de Nicolás, con un tropezón que no fue caída. Hoy se puede encontrar en el menú, platos de la época de Alfredo como así también nuevas sugerencias. La idea es ofrecer un servicio para toda la familia.

Como parte de esas renovaciones, ahora también se realizan dos catas de vino al mes, con propuestas gastronómicas distintas. En ellas no están presentes los clásicos platos tales como Suprema Maryland o Pollo a la Cantábrica, sino que están pensados para ofrecer al cliente una experiencia distinta. Se trata de, por ejemplo, proponer métodos de cocción alternativos o productos atípicos como la cocina al vacío, entre otros.

A pesar de los años, en Don Quijote dejan un dato en claro: es un restaurant clásico, no antiguo. Y sostienen lo que dicen, tanto es así que los clientes ya pueden pedir sus platos preferidos a través de aplicaciones en el celular o hasta reservar una mesa por Facebook y WhatsApp.

En un nuevo aniversario, Nicolás preparó un sensacional festejo y puso a disposición por todo el fin de semana, algunos de los platos de época en los que tanto trabajó Alfredo y hoy no están en la carta, para revivir aquellos sabores que todavía conquistaron a los platenses después de casi medio siglo.

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Tres generaciones mantuvieron con vida el restaurante, que se convirtió en un clásico platense y nunca perdió la excelencia de sus platos y el caluroso trato con sus clientes. La historia detrás de un éxito que lleva casi medio siglo y es el orgullo de una familia y su ciudad.