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Efecto Chernobyl: el trabajo del grupo que estudia la radiactividad en La Plata

Mientras el mundo entero habla del peor accidente nuclear de la historia gracias al éxito de la serie de HBO, en nuestra ciudad existen científicos que desde hace varios años investigan en esta área tan misteriosa, apasionante y desconocida por gran parte de la sociedad. 0221.com.ar habló con tres expertas que pueden mostrar con orgullo uno de los dos aparatos presentes en el país que se encarga de las mediciones, y hasta los resultados de un exclusivo mapa con los valores radiactivos de nuestra ciudad.

En La Plata existe un grupo de científicos que se dedica a trabajar en silencio en un área tan compleja, misteriosa y desconocida por la mayoría de la población como es la radiactividad. 0221.com.ar entrevistó a estos especialistas de las distintas ramas de las ciencias exactas, en el marco del impacto a nivel mundial que generó la emisión de Chernobyl, la serie de HBO que en cinco -¿para qué más?- contundentes capítulos recrea con una precisión y nivel de realización admirables la espeluznante catástrofe en la ex Unión Soviética en abril de 1986. El orgullo de contar con uno de los dos equipos que hay en el país para realizar las mediciones, cómo fue elaborar el mapa que detalla los niveles de radiación en nuestra ciudad y la respuesta a la pregunta fantasiosa que se cae de madura en pleno revival de la tragedia nuclear más grande de la historia: cuál es el riesgo real en La Plata y la región en caso de que suceda algo similar en Atucha, a menos de 200 kilómetros.

El Grupo de Investigación y Servicios de Radioactividad en Medio Ambiente funciona desde 2005 y, como en Europa y Estados Unidos, llevan a cabo una actividad que se desarrolla de forma independiente de los entes de regulación. Disponen de un laboratorio que cuenta con un espectrómetro gamma de alta resolución y eficiencia dedicado a la realización de medidas ambientales y de alimentos. Estas actividades forman parte de la Red de Estudios Medio Ambientales (REALP) del CONICET La Plata y avanzan con el correr de los años, pese a las distintas dificultades que atraviesan, muchas veces por falta de apoyo económico.

"Me gustó la serie, me pareció muy objetiva y reflejó los hechos como nosotros los conocemos", opinó Luciana Montes, la Jefa de Trabajos Prácticos del Departamento de Física de la UNLP e investigadora del Conicet, que hizo su Doctorado en Radioactividad Ambiental. "Está muy bien tratado el tema de la radiación y el accidente en sí; se ven cuáles fueron los errores que se cometieron", dijo por su parte Laura Damonte, profesora en la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP -jefa del Departamento de Física-, coordinadora de la carrera de Licenciatura en Física Médica e investigadora del Conicet.

Quien aún no vio la serie escrita por Craig Mazin y dirigida por Johan Renck es la Doctora en Física Marcela Taylor, profesora en la Facultad de Ingeniería de la UNLP e investigadora del Conicet. Ella es la directora del grupo que realiza hace casi quince años evaluaciones radiológicas ambientales mediante el estudio de suelos, de aguas superficiales y subterráneas y de la atmósfera. "Este grupo funciona como un laboratorio de puertas abiertas", definieron con orgullo y entusiasmadas por dar a conocer una actividad que debería contar aún con muchísimo más apoyo y reconocimiento.

LA PLATA RADIACTIVA

Este grupo surgió por iniciativa de dos personas que ya no están más: Judith Desimoni y Patricia Massolo. La historia es impactante desde sus inicios: el trabajo surge inicialmente a fines de los ochenta y a partir de las sospechas que había acerca de unas leches contaminadas que eran repartidas a los chicos en el marco de unos planes alimentarios. "Nosotros en ese momento trabajábamos con el uso de materiales radiactivos para investigar ciencia y materiales. Alguien trajo aquel problema acá, se contactaron con gente conocida en Francia y llevaron las leches allá para que las analicen. Resultó que las leches que consumíamos acá en La Plata contenían Cesio 137. No solamente en La Plata sino en todo el país: analizamos leches de las cuencas productoras en Argentina y descubrimos que eran compatibles con leches que habían sido descartadas después de Chernobyl. No se consumían en Europa y se habían enviado acá", recordaron.

Eso fue exactamente en 1987, o sea un año después de la catástrofe nuclear en la Unión Soviética. Allí fue cuando se comenzaron a preguntar cuáles eran las capacidades que tenían como organismo de investigación independiente para dar respuestas a la población en relación a estos temas que les preocupaban. Y la respuesta fue contundente: en 1992 compraron el primer equipo que hoy, 27 años después, continúa en nuestra ciudad. Tiempo después se reemplazó por uno nuevo que es motivo de orgullo no solo para La Plata sino para el país: es uno de los dos que hay en territorio nacional -el otro está en San Luis-. El aparato mide radiactividad en alimentos, suelos y demás.

Gracias a este equipo, La Plata es la única ciudad argentina en contar con un mapa detallado de niveles de radiactividad. En este sentido, la líder del grupo se refirió a su compañera Montes como "un personaje muy particular. Cuando Luciana hizo su tesis doctoral en suelos tuvo que hacer pozos de 50 centímetros de profundidad e ir sacando tajadas para investigar sus contenidos radiactivos, no solo en La Plata sino en parte de Berisso y Ensenada. Como es una persona muy inquieta se le ocurrió elaborar un mapa de cómo es la radiactividad en La Plata realizando un muestreo del suelo en absolutamente todas las plazas de la ciudad". Este trabajo es hasta el día de hoy exclusivo de la ciudad de las diagonales.

O sea, si La Plata sufre una contaminación con radiactividad, este grupo puede responder con total certeza cómo y en dónde se produjo esa alteración porque cuentan con una foto que nadie tiene. Este mapa es un trabajo preciado que las transforma en pioneras absolutas. "Nuestra intención sería replicar esto en otras ciudades del país. El problema es que con este equipo, cada punto lleva cuatro días de medida. Entonces para construir toda la investigación el trabajo es arduo. Si pudiésemos acceder a un subsidio para comprar un equipo que mida en menos tiempo, sería un placer replicar esto en otros lugares", se ilusionaron.

CHERNOBYL EN BUENOS AIRES

A raíz de la serie de HBO el mundo entero volvió a hablar de lo que hasta el día de hoy es considerado como el peor accidente nuclear de la historia, que derivó también en uno de los desastres medioambientales más impresionantes. Los números que dejó esta tragedia continúan generando cierta controversia porque en realidad el saldo de afectados indirectamente por la radiación terminó siendo incalculable.

En 2005, un informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y elaborado por un equipo internacional integrado por más de un centenar de científicos aportó nuevas cifras que detallan la realidad en aquella zona que a casi 40 años permanece desierta, abandonada e inhabitable: además de los 31 muertos entre abril y mayo de 1986, aproximadamente mil personas sufrieron exposición intensa a altos niveles de radiación el primer día del accidente; más de 200 mil trabajadores estuvieron expuestos hasta 1987 y miles de ellos morirán por esa causa; se generaron más de 4 mil casos de cáncer de tiroides y aún no se ha definido un plan completo para deshacerse -respetando las normas de seguridad vigentes- de las toneladas de desechos radiactivos de actividad alta que se encuentran dentro y alrededor del emplazamiento de la central nuclear.

A menos de 200 kilómetros de La Plata están funcionando actualmente dos de las tres centrales nucleares que hay en nuestro país: Atucha I y Atucha II están emplazadas en Lima, partido de Zárate. Así, la pregunta que surge inmediatamente luego del boom de la serie y en el marco de un desconocimiento generalizado en esta parte del planeta es inevitable: ¿hay posibilidades de un accidente similar en este complejo nuclear? Y de producirse, ¿la radiación alcanzaría a nuestra ciudad? Las especialistas se veían venir la consulta y con una extrema rigurosidad respaldada por años de estudios y trabajos en el área respondieron en forma tajante.

"La posibilidad de que ocurran accidentes siempre está en cualquier lado. Pero hoy en día todas nuestras centrales nucleares cuentan con protocolos de actuación, la gente está muy formada, existen todos los controles y más. La actividad nuclear en la Argentina tiene orígenes en la década del 50 cuando se creó la Comisión Nacional de Energía Atómica. Hay mucha formación en ese aspecto. Toda la gente que trabaja allí está muy formada, es una actividad extremadamente controlada", describió Damonte.

"Nosotros frenamos y controlamos los neutrones con agua pesada -reemplaza el hidrógeno por deuterio-. Ellos trabajaban con agua liviana -el agua común-. Otra de las diferencias es la manera en que se detiene la reacción: uno la detiene introduciendo a la pileta barras que frenan los neutrones y las barras en Chernobyl se introducían desde arriba, entonces de esa manera se creaba una cámara con un poco de agua que con el calor del lugar se terminaba generando vapor. Nosotros utilizamos barras de zircaloy, no son de grafito y no ingresan desde arriba, sino desde abajo. Los reactores de acá tienen la reacción controlada. En cambio, como ellos querían obtener su producto del uranio, no estaba controlada la reacción", aportó Montes.

"La central de Chernobyl trabajaba con uranio, más Uranio 235. El Uranio 235 cuando se fracciona libera neutrones que interactúan con otros Uranio 235 y va produciendo esa fracción que es a partir de donde se obtiene energía. Cuando vos tenés uranio enriquecido tenés muchos neutrones y esos neutrones lo que producían era Plutonio 239 -es un elemento que se utilizaba para las bombas, o se utiliza, no se sabe, porque toda la parte bélica es críptica, por decirlo así-. Las centrales nuestras no trabajan con uranio enriquecido, entonces hay una cantidad de neutrones en juego mucho menor, lo que hace que sea muy baja la posibilidad de producir Plutonio 239", detalló Taylor.

Todas las explicaciones conducen al mismo camino: es prácticamente imposible que Atucha explote como Chernobyl. Las condiciones, controles y objetivos con los que se manipulaba material radiactivo en la Rusia comunista de los ochenta configuraban una realidad diametralmente opuesta a la actual en esta parte del globo. No cualquiera puede manejar este tipo de material, y en caso de contar con la habilitación correspondiente para hacerlo, la marca personal es extremadamente estricta: "Se sabe cuánto tenés, dónde lo tenés, para qué lo tenés, cómo lo vas a usar y de qué manera lo vas a mover", detallaron.

"La construcción de la central no tenía los refuerzos para eventos como el que ocurrió en Chernobyl. No se podía contener la radiactividad en el lugar donde estaba la central. Las que nosotros tenemos tienen un sistema de contención en los edificios que a priori sí pueden hacerlo", ahondaron y repitieron algo que es interesante remarcar: "Después de los informes del accidente de Chernobyl se empezó a generar conciencia de lo que se denomina 'cultura nuclear'". Esto reformuló el panorama por completo con el fin de no repetir nunca más un desastre similar. "Nosotros fuimos a hacer nuestro propio monitoreo alrededor de las centrales nucleares en Lima", fue más allá Montes y agregó: "Sacamos muestras de suelo en la ciudad y alrededor de la central, las comparamos con las de La Plata -que es con las que yo trabajé en el doctorado- y no hay diferencias. Así que lo que nosotros podemos decir a través de estos estudios es que el medio ambiente no está siendo modificado por la presencia del complejo nuclear".

"Uno de los fragmentos que se produce cuando se fisiona el uranio tiene bastante prensa: el Cesio 137. Es un elemento radiactivo que entre las radiaciones que se pueden emitir, emite la radiación gamma, que es energía como la del sol pero tiene la peculiaridad que cuando esa energía alcanza algún material puede arrancar electrones, por eso uno la llama ionizante. El Cesio 137 es un elemento que no es natural pero existe en todo el planeta Tierra ¿por qué? Porque en la época de la Guerra Fría hubo muchos ensayos nucleares en donde se liberó Cesio 137 que terminó yendo a la atmósfera y se depositó -con lo que se conoce como lluvia radiactiva- en todo el planeta. Cuando uno analiza el suelo de La Plata encuentra este elemento que no es propio de nuestro suelo: se originó en aquellos ensayos", reveló.

El tema es inagotable y el trabajo y compromiso que encabezan hombres y mujeres de la ciencia en nuestra universidad es invaluable, por eso es imperioso que todos estos estudios que requieren mucho tiempo, recursos y condiciones, tengan el apoyo y reconocimiento que realmente merecen, no solo por parte del Gobierno de turno sino también por toda la sociedad, porque en definitiva todos somos los beneficiados por estos avances. Hay que estar a la altura.

"Nosotros somos parte de un sistema de investigación público, somos pagados con fondos públicos y le debemos respeto a la población; por eso se hizo mucho para que el equipo que tenemos se compre y esté acá para poder dar una respuesta independiente de la autoridad regulatoria", definió Taylor ante la atenta mirada de sus compañeras y previo a casi salir corriendo para reanudar su clase dirigida a futuros ingenieros. "Me bombardean a preguntas", dijo bajando las escalinatas del Departamento de Física en Exactas. "Y eso me encanta", cerró.

Mientras el mundo entero habla del peor accidente nuclear de la historia gracias al éxito de la serie de HBO, en nuestra ciudad existen científicos que desde hace varios años investigan en esta área tan misteriosa, apasionante y desconocida por gran parte de la sociedad. 0221.com.ar habló con tres expertas que pueden mostrar con orgullo uno de los dos aparatos presentes en el país que se encarga de las mediciones, y hasta los resultados de un exclusivo mapa con los valores radiactivos de nuestra ciudad.

16 de junio de 2019

En La Plata existe un grupo de científicos que se dedica a trabajar en silencio en un área tan compleja, misteriosa y desconocida por la mayoría de la población como es la radiactividad. 0221.com.ar entrevistó a estos especialistas de las distintas ramas de las ciencias exactas, en el marco del impacto a nivel mundial que generó la emisión de Chernobyl, la serie de HBO que en cinco -¿para qué más?- contundentes capítulos recrea con una precisión y nivel de realización admirables la espeluznante catástrofe en la ex Unión Soviética en abril de 1986. El orgullo de contar con uno de los dos equipos que hay en el país para realizar las mediciones, cómo fue elaborar el mapa que detalla los niveles de radiación en nuestra ciudad y la respuesta a la pregunta fantasiosa que se cae de madura en pleno revival de la tragedia nuclear más grande de la historia: cuál es el riesgo real en La Plata y la región en caso de que suceda algo similar en Atucha, a menos de 200 kilómetros.

El Grupo de Investigación y Servicios de Radioactividad en Medio Ambiente funciona desde 2005 y, como en Europa y Estados Unidos, llevan a cabo una actividad que se desarrolla de forma independiente de los entes de regulación. Disponen de un laboratorio que cuenta con un espectrómetro gamma de alta resolución y eficiencia dedicado a la realización de medidas ambientales y de alimentos. Estas actividades forman parte de la Red de Estudios Medio Ambientales (REALP) del CONICET La Plata y avanzan con el correr de los años, pese a las distintas dificultades que atraviesan, muchas veces por falta de apoyo económico.

"Me gustó la serie, me pareció muy objetiva y reflejó los hechos como nosotros los conocemos", opinó Luciana Montes, la Jefa de Trabajos Prácticos del Departamento de Física de la UNLP e investigadora del Conicet, que hizo su Doctorado en Radioactividad Ambiental. "Está muy bien tratado el tema de la radiación y el accidente en sí; se ven cuáles fueron los errores que se cometieron", dijo por su parte Laura Damonte, profesora en la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP -jefa del Departamento de Física-, coordinadora de la carrera de Licenciatura en Física Médica e investigadora del Conicet.

Quien aún no vio la serie escrita por Craig Mazin y dirigida por Johan Renck es la Doctora en Física Marcela Taylor, profesora en la Facultad de Ingeniería de la UNLP e investigadora del Conicet. Ella es la directora del grupo que realiza hace casi quince años evaluaciones radiológicas ambientales mediante el estudio de suelos, de aguas superficiales y subterráneas y de la atmósfera. "Este grupo funciona como un laboratorio de puertas abiertas", definieron con orgullo y entusiasmadas por dar a conocer una actividad que debería contar aún con muchísimo más apoyo y reconocimiento.

LA PLATA RADIACTIVA

Este grupo surgió por iniciativa de dos personas que ya no están más: Judith Desimoni y Patricia Massolo. La historia es impactante desde sus inicios: el trabajo surge inicialmente a fines de los ochenta y a partir de las sospechas que había acerca de unas leches contaminadas que eran repartidas a los chicos en el marco de unos planes alimentarios. "Nosotros en ese momento trabajábamos con el uso de materiales radiactivos para investigar ciencia y materiales. Alguien trajo aquel problema acá, se contactaron con gente conocida en Francia y llevaron las leches allá para que las analicen. Resultó que las leches que consumíamos acá en La Plata contenían Cesio 137. No solamente en La Plata sino en todo el país: analizamos leches de las cuencas productoras en Argentina y descubrimos que eran compatibles con leches que habían sido descartadas después de Chernobyl. No se consumían en Europa y se habían enviado acá", recordaron.

Eso fue exactamente en 1987, o sea un año después de la catástrofe nuclear en la Unión Soviética. Allí fue cuando se comenzaron a preguntar cuáles eran las capacidades que tenían como organismo de investigación independiente para dar respuestas a la población en relación a estos temas que les preocupaban. Y la respuesta fue contundente: en 1992 compraron el primer equipo que hoy, 27 años después, continúa en nuestra ciudad. Tiempo después se reemplazó por uno nuevo que es motivo de orgullo no solo para La Plata sino para el país: es uno de los dos que hay en territorio nacional -el otro está en San Luis-. El aparato mide radiactividad en alimentos, suelos y demás.

Gracias a este equipo, La Plata es la única ciudad argentina en contar con un mapa detallado de niveles de radiactividad. En este sentido, la líder del grupo se refirió a su compañera Montes como "un personaje muy particular. Cuando Luciana hizo su tesis doctoral en suelos tuvo que hacer pozos de 50 centímetros de profundidad e ir sacando tajadas para investigar sus contenidos radiactivos, no solo en La Plata sino en parte de Berisso y Ensenada. Como es una persona muy inquieta se le ocurrió elaborar un mapa de cómo es la radiactividad en La Plata realizando un muestreo del suelo en absolutamente todas las plazas de la ciudad". Este trabajo es hasta el día de hoy exclusivo de la ciudad de las diagonales.

O sea, si La Plata sufre una contaminación con radiactividad, este grupo puede responder con total certeza cómo y en dónde se produjo esa alteración porque cuentan con una foto que nadie tiene. Este mapa es un trabajo preciado que las transforma en pioneras absolutas. "Nuestra intención sería replicar esto en otras ciudades del país. El problema es que con este equipo, cada punto lleva cuatro días de medida. Entonces para construir toda la investigación el trabajo es arduo. Si pudiésemos acceder a un subsidio para comprar un equipo que mida en menos tiempo, sería un placer replicar esto en otros lugares", se ilusionaron.

CHERNOBYL EN BUENOS AIRES

A raíz de la serie de HBO el mundo entero volvió a hablar de lo que hasta el día de hoy es considerado como el peor accidente nuclear de la historia, que derivó también en uno de los desastres medioambientales más impresionantes. Los números que dejó esta tragedia continúan generando cierta controversia porque en realidad el saldo de afectados indirectamente por la radiación terminó siendo incalculable.

En 2005, un informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y elaborado por un equipo internacional integrado por más de un centenar de científicos aportó nuevas cifras que detallan la realidad en aquella zona que a casi 40 años permanece desierta, abandonada e inhabitable: además de los 31 muertos entre abril y mayo de 1986, aproximadamente mil personas sufrieron exposición intensa a altos niveles de radiación el primer día del accidente; más de 200 mil trabajadores estuvieron expuestos hasta 1987 y miles de ellos morirán por esa causa; se generaron más de 4 mil casos de cáncer de tiroides y aún no se ha definido un plan completo para deshacerse -respetando las normas de seguridad vigentes- de las toneladas de desechos radiactivos de actividad alta que se encuentran dentro y alrededor del emplazamiento de la central nuclear.

A menos de 200 kilómetros de La Plata están funcionando actualmente dos de las tres centrales nucleares que hay en nuestro país: Atucha I y Atucha II están emplazadas en Lima, partido de Zárate. Así, la pregunta que surge inmediatamente luego del boom de la serie y en el marco de un desconocimiento generalizado en esta parte del planeta es inevitable: ¿hay posibilidades de un accidente similar en este complejo nuclear? Y de producirse, ¿la radiación alcanzaría a nuestra ciudad? Las especialistas se veían venir la consulta y con una extrema rigurosidad respaldada por años de estudios y trabajos en el área respondieron en forma tajante.

"La posibilidad de que ocurran accidentes siempre está en cualquier lado. Pero hoy en día todas nuestras centrales nucleares cuentan con protocolos de actuación, la gente está muy formada, existen todos los controles y más. La actividad nuclear en la Argentina tiene orígenes en la década del 50 cuando se creó la Comisión Nacional de Energía Atómica. Hay mucha formación en ese aspecto. Toda la gente que trabaja allí está muy formada, es una actividad extremadamente controlada", describió Damonte.

"Nosotros frenamos y controlamos los neutrones con agua pesada -reemplaza el hidrógeno por deuterio-. Ellos trabajaban con agua liviana -el agua común-. Otra de las diferencias es la manera en que se detiene la reacción: uno la detiene introduciendo a la pileta barras que frenan los neutrones y las barras en Chernobyl se introducían desde arriba, entonces de esa manera se creaba una cámara con un poco de agua que con el calor del lugar se terminaba generando vapor. Nosotros utilizamos barras de zircaloy, no son de grafito y no ingresan desde arriba, sino desde abajo. Los reactores de acá tienen la reacción controlada. En cambio, como ellos querían obtener su producto del uranio, no estaba controlada la reacción", aportó Montes.

"La central de Chernobyl trabajaba con uranio, más Uranio 235. El Uranio 235 cuando se fracciona libera neutrones que interactúan con otros Uranio 235 y va produciendo esa fracción que es a partir de donde se obtiene energía. Cuando vos tenés uranio enriquecido tenés muchos neutrones y esos neutrones lo que producían era Plutonio 239 -es un elemento que se utilizaba para las bombas, o se utiliza, no se sabe, porque toda la parte bélica es críptica, por decirlo así-. Las centrales nuestras no trabajan con uranio enriquecido, entonces hay una cantidad de neutrones en juego mucho menor, lo que hace que sea muy baja la posibilidad de producir Plutonio 239", detalló Taylor.

Todas las explicaciones conducen al mismo camino: es prácticamente imposible que Atucha explote como Chernobyl. Las condiciones, controles y objetivos con los que se manipulaba material radiactivo en la Rusia comunista de los ochenta configuraban una realidad diametralmente opuesta a la actual en esta parte del globo. No cualquiera puede manejar este tipo de material, y en caso de contar con la habilitación correspondiente para hacerlo, la marca personal es extremadamente estricta: "Se sabe cuánto tenés, dónde lo tenés, para qué lo tenés, cómo lo vas a usar y de qué manera lo vas a mover", detallaron.

"La construcción de la central no tenía los refuerzos para eventos como el que ocurrió en Chernobyl. No se podía contener la radiactividad en el lugar donde estaba la central. Las que nosotros tenemos tienen un sistema de contención en los edificios que a priori sí pueden hacerlo", ahondaron y repitieron algo que es interesante remarcar: "Después de los informes del accidente de Chernobyl se empezó a generar conciencia de lo que se denomina 'cultura nuclear'". Esto reformuló el panorama por completo con el fin de no repetir nunca más un desastre similar. "Nosotros fuimos a hacer nuestro propio monitoreo alrededor de las centrales nucleares en Lima", fue más allá Montes y agregó: "Sacamos muestras de suelo en la ciudad y alrededor de la central, las comparamos con las de La Plata -que es con las que yo trabajé en el doctorado- y no hay diferencias. Así que lo que nosotros podemos decir a través de estos estudios es que el medio ambiente no está siendo modificado por la presencia del complejo nuclear".

"Uno de los fragmentos que se produce cuando se fisiona el uranio tiene bastante prensa: el Cesio 137. Es un elemento radiactivo que entre las radiaciones que se pueden emitir, emite la radiación gamma, que es energía como la del sol pero tiene la peculiaridad que cuando esa energía alcanza algún material puede arrancar electrones, por eso uno la llama ionizante. El Cesio 137 es un elemento que no es natural pero existe en todo el planeta Tierra ¿por qué? Porque en la época de la Guerra Fría hubo muchos ensayos nucleares en donde se liberó Cesio 137 que terminó yendo a la atmósfera y se depositó -con lo que se conoce como lluvia radiactiva- en todo el planeta. Cuando uno analiza el suelo de La Plata encuentra este elemento que no es propio de nuestro suelo: se originó en aquellos ensayos", reveló.

El tema es inagotable y el trabajo y compromiso que encabezan hombres y mujeres de la ciencia en nuestra universidad es invaluable, por eso es imperioso que todos estos estudios que requieren mucho tiempo, recursos y condiciones, tengan el apoyo y reconocimiento que realmente merecen, no solo por parte del Gobierno de turno sino también por toda la sociedad, porque en definitiva todos somos los beneficiados por estos avances. Hay que estar a la altura.

"Nosotros somos parte de un sistema de investigación público, somos pagados con fondos públicos y le debemos respeto a la población; por eso se hizo mucho para que el equipo que tenemos se compre y esté acá para poder dar una respuesta independiente de la autoridad regulatoria", definió Taylor ante la atenta mirada de sus compañeras y previo a casi salir corriendo para reanudar su clase dirigida a futuros ingenieros. "Me bombardean a preguntas", dijo bajando las escalinatas del Departamento de Física en Exactas. "Y eso me encanta", cerró.

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Mientras el mundo entero habla del peor accidente nuclear de la historia gracias al éxito de la serie de HBO, en nuestra ciudad existen científicos que desde hace varios años investigan en esta área tan misteriosa, apasionante y desconocida por gran parte de la sociedad. 0221.com.ar habló con tres expertas que pueden mostrar con orgullo uno de los dos aparatos presentes en el país que se encarga de las mediciones, y hasta los resultados de un exclusivo mapa con los valores radiactivos de nuestra ciudad.