jueves 16 de mayo de 2024

Matías Moreno: de la lucha por justicia para su padre asesinado a subsecretario de DDHH

Antes que militante de La Cámpora el "Gitano", como lo conocen todos, es hijo de Carlos Alberto Moreno, un abogado asesinado en Olavarría por ser representante de los trabajadores de Loma Negra. El caso tuvo condenas y el rol del flamante funcionario provincial fue clave.

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El 17 marzo de 2012 Matías “El Gitano” Moreno tomó el micrófono en una plaza de Tandil para celebrar la condena a los asesinos de su padre, Carlo Alberto “El Negro” Moreno, un abogado laboralista que en tiempos de la dictadura se había convertido en una piedra en el zapato de la familia Fortabat. Los trabajadores de la empresa Loma Negra enfermaban de silicosis, una patología grave generada por el trabajo en el sector embolsado. “Nuestra venganza es ser felices” exclamaría en medio de la emoción por un fallo que fue histórico.

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Su rol en el juicio fue importante porque estudió a fondo la causa y aportó a la investigación. “La sonrisa del Negro” tituló el flamante subsecretario de Derechos Humanos al documental que terminó en octubre de 2008 como registro de los testimonios hacia la reconstrucción de lo sucedido con su padre. Los datos recabados sirvieron como una de sus bases.

La experiencia tuvo tal vez algo que ver con su llegada a la función pública. Estuvo a cargo del área de Políticas Reparatorias de la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense en tiempos en que ésta estaba conducida por Guido Carlotto. Más adelante recalaría en el Ministerio de Justicia de la Nación de Julio Alak para ser director nacional de Formación en Derechos Humanos. Ahora vuelve a estar bajo la órbita del ex intendente de La Plata, pero de nuevo en el gobierno provincial a cargo de la subsecretaría de Derechos Humanos.

Moreno es militante de La Cámpora, pero antes que nada es miembro fundador de la agrupación H.I.J.O.S. La Plata, organización que saludó su designación como un regreso a las políticas de “memoria, verdad y justicia” después de lo que consideran fueron cuatro años de “negacionismo y persecución política”.

El Gitano también integra la Mesa por los Derechos Humanos de La Plata, es sociólogo y docente de la Universidad Nacional de La Plata. Su padre Carlos, conocido como “El Negro”, también se recibió en la capital bonaerense, donde conoció a Susana Lofeudo, la madre de Matías, quien tenía poco más de un año cuando fue el secuestro, y de Martín, el menor de los hermanos que aún no había nacido porque Susana estaba embarazada de dos meses.

El Negro fue secuestrado el 29 de abril de 1977. Un día antes, tras un llamado intimidatorio sus amigos, lo escucharon decir “yo estoy jugado”. “Ese ‘jugado’ es que estaba a muerte con seguir destapando el tema de la silicosis en la fábrica”, dice Matías en una nota de la revista La Pulseada de 2012. 

También recuerda la trayectoria de su padre en aquellos años: “Los primeros fallos favorables fueron cinco en la Justicia Laboral y dos por derecho a huelga en la Justicia Federal. Ganó siete en total y como sentaban jurisprudencia, comenzó a formarse una cadena de familiares que reclamaban a la empresa por la salud de sus trabajadores. Había que parar eso de alguna manera. Tras la muerte de mi viejo quedaron casi veinte causas abiertas que nadie quiso agarrar”.

Al Negro lo mataron el 3 de mayo de 1977. Lo trasladaron a Tandil, a la chacra de los civiles Julio y Emilio Méndez. Intentó escapar, pero fue recapturado y lo ejecutaron de un tiro en el pecho. El 9 de mayo la muerte fue notificada y quedó registrada como un enfrentamiento.

El viernes 17 de marzo de 2012 el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Mar del Plata cerró el proceso judicial con la lectura de un fallo histórico. Condenó a “prisión perpetua e inhabilitación absoluta perpetua, suspensión del goce de toda jubilación” a Julio Alberto Tomassi (ex teniente coronel y responsable del Área Militar 121 entre noviembre de 1976 y enero de 1979), Italo Roque Pappalardo (ex mayor del Ejército) y José Ojeda (Suboficial Mayor), por ser “autores directos” de la privación ilegal de libertad e imposición de tormentos doblemente agravados y del homicidio agravado por alevosía de Moreno.

Pero también condenó a los dos civiles que no pertenecían a la estructura del Estado por prestar su chacra para que sea un centro clandestino de detención. El mayor de los hermanos Méndez, Emilio, recibió la pena de 15 años de prisión, y Julio de 11 años, ambos por ser “partícipes necesarios”. Y se encontraron elementos para sospechar que el directorio de Loma Negra indujo los delitos y por primera vez desde la reapertura de los juicios un fallo apuntó a la dictadura entendida como “cívico-militar”.

La emoción embargó a Matías quien en aquella jornada habló en la plaza de Tandil: “Mi padre, además de ser esposo, hermano, hijo, amigo, fue sobre todo un militante social y político que asumió la defensa de los trabajadores que fallecían sin saber la causa en la fábrica Loma Negra. Hoy encontramos justicia por los autores materiales del asesinato pero vamos a continuar con su legado y no vamos a descansar hasta que no se investigue a fondo el rol de la empresa Loma Negra”.

En su discurso también recordó a Nestor Kirchner como “a ese flaco desgarbado que vino desde el Sur y vive en la inmensidad de nuestros corazones, que tuvo los huevos suficientes para derogar las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, dándonos la posibilidad de presentarnos como querellantes, y que se haga justicia”.

Mi viejo ganó un juicio más –diría–. Aunque se murió Amalia Lacroze, un ícono del paternalismo empresario prebendario y socia económica y política de la última dictadura y del menemismo, su rol durante los años de plomo será investigado en breve. No quedará impune de la condena social. En tanto, estamos de caravana celebrando la llegada de la justicia. Porque nuestra venganza es ser felices”.

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