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“Todo se podría haber evitado”, la convicción de la mamá de Renzo en la previa al juicio

Ángela Donato manifestó sus expectativas a cuatro meses del inicio del proceso oral por la muerte de su hijo de 7 años. El padre del nene sigue detenido, mientras que la pareja fue beneficiada con la prisión domiciliaria. Pese a que se cansó de denunciar la violencia a la que eran sometidos antes del fallecimiento del niño y nunca fue escuchada, la mujer renueva las esperanzas para que el caso no quede impune.

Ángela Donato está plenamente convencida. A cuatro meses del inicio del juicio por la muerte de su hijo Renzo, cree que si la Justicia hubiese actuado a tiempo su realidad hoy sería otra. “Nosotros tenemos que ver crecer a nuestros hijos, no verlos morir. Acá nadie hizo nada. No hubo una psicóloga, no hubo una jueza, una asistente social. ¿Nadie se dio cuenta?”, se pregunta en otra charla íntima con 0221.com.ar.

El nene falleció hace poco más de dos años luego de caer desde el séptimo piso de un edificio ubicado en 9 entre 55 y 56, de donde se estaba mudando su papá Diego Villanueva con la pareja, Rosa Martignoni. Pero la madre está segura de que se trató de un asesinato y que arrojaron al nene sin piedad.

“Renzo pasó por cosas muy tristes y ni hablar de lo que debe haber pasado esa noche. Porque hay que ubicarse en esa noche, en ese departamento. Todos hablamos de cómo cayó, tratamos de imaginarnos de cómo fue, si lo golpearon o no, cómo lo sacaron por esa ventana y lo arrojaron, si estaba consciente, qué escuchó, si lloró. La persona que lo asesinó era su papá. Hay que imaginar a un nene de 7 años viviendo esa situación, para después perder la vida en una cochera, solo”, dijo quebrada.

Según Ángela, la relación con Villanueva siempre fue violenta, de idas y vueltas. “Él no aceptaba el embarazo. Decía que yo le hablaba tanto de ese bebé que cuando naciera lo iba a odiar porque ya lo tenía saturado. Me dijo que si Renzo nacía con una discapacidad no iba a presenciar el parto y si se le notaba lo iba a estrellar contra una pared”, recordó sobre una de las múltiples situaciones que padeció.

La violencia se extendió al nene, que -tal como consta en las reiteradas denuncias que hizo la mujer- volvía golpeado de la casa de su padre desde que era muy chico. No solo era física, también simbólica y económica: Donato contó que Villanueva la dejó sin trabajo, que le quitó la obra social y no le pasaba la cuota de alimentos al niño.

“A veces pienso que fue en contra mío, a veces en contra de los dos. Intento comprender por qué. Enojado conmigo por tener un hijo que él no esperaba, pero tampoco entiendo cómo puede maltratar a un bebé, porque más allá de que sea su hijo, Renzo era una persona, un bebé, era un niñito. Quién se atreve a golpear a un bebé”, siguió.

El conflicto con su expareja continuaba, mientras ella avanzaba en todo el proceso de estimulación del nene. Y empezó a denunciar: “Recorrí muchos lugares, golpeé muchas puertas con mi hijo de la mano, golpeado, desesperada. Y le decía a Renzo: ‘Mamá va a encontrar la solución’”.

Pidió ayuda de todas las formas posibles para evitar este desenlace, pero no la escucharon. El 6 de octubre de 2017 tuvo la última audiencia en el Juzgado de Familia y Ángela le anticipó a la jueza Graciela Barcos que todo iba a terminar de la peor manera. “Ese día le dije que esto terminaba en tragedia, que me lo iba a matar”, dijo. Pero la magistrada la trató de “dramática” y forzó el vínculo de Renzo con su papá. Pese a los maltratos y al desamor.

Para Ángela, a su hijo no solo le falló la Justicia sino todo el sistema. “Renzo estuvo judicializado toda su vida”, enfatizó. Y remarcó: “La muerte de Renzo se podría haber evitado. Todo se podría haber evitado, se podría haber evitado la muerte de Renzo y se podría haber evitado que Diego y Rosa se conviertan en los asesinos. Renzo acá es la primera víctima, porque hay muchas víctimas. Está mi hija que se quedó sin su hermano, está mi nieta, que se quedó sin su tío. Ellas se quedaron sin su tío, y sin una mamá y una abuela, porque a partir ese día de octubre nunca volví a ser la misma. Si la Justicia hubiese actuado a tiempo, nada de esto hubiese ocurrido”.

Fueron dos años en tiempo casi detenido. La madre siempre resaltó la figura del fiscal Marcelo Romero durante la instrucción, por el respeto a los derechos de su hijo y por tratarlo siempre “como persona”. También señaló el papel de la jueza de Garantías Marcela Garmendia en su proceso de volver a confiar en la Justicia, pero sin olvidar todo lo que había pasado antes. Luego empezaron las apelaciones, las detenciones y los pedidos de morigeración para los acusados por homicidio agravado, delito que prevé una pena de prisión perpetua.

Rosa Martignoni fue excarcelada en julio y goza de la prisión domiciliaria en el departamento de su suegra de 6 entre 57 y 58, donde fijó domicilio. A Villanueva también le concedieron el mismo beneficio, pero sigue detenido en la Unidad 34 del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) y bajo tratamiento psicoterapéutico, luego de que los abogados de Ángela -Romina Reinaldi, Gastón Nicosia y Mariano Carrillo- apelaran la medida.

Villanueva y Martignoni transitaron una parte del proceso la transitaron en libertad, hasta que una pericia determinó que el nene no se cayó sino que lo empujaron, según el dictamen de peritos que intervinieron en la reconstrucción del caso. A fines de septiembre de este año su defensa, encabezada por el abogado Darío Saldaño, solicitó una insólita pericia: la evaluación de la motricidad del nene a partir de sus fotos y videos. Se hizo en la sede de la Asesoría Pericial y por parte de un neurólogo, para determinar si Renzo pudo subirse a un turbo ventilador y a un “pata pata” para luego caerse desde la ventana.

Pero Ángela -con años dedicados a la estimulación de su hijo- sostuvo y sostiene que la motricidad no pasa solo por el músculo, sino que también debe tenerse en cuenta el cerebro, el contexto, la vida y cómo se relaciona cada persona. Señaló que si se atiende a la morfología de las manos del nene con Síndrome de Down ya descarta lo que quieren probar los acusados. “Tienen las manos más chiquitas, cuadrada, dedos más cortos y el dedo meñique más levantado. No aprietan con la mano completa. Tengo más de 10 mil fotos de mi hijo y se nota eso, está siempre con el dedo levantado”, aseguró en esa oportunidad. Además, contó que poco antes de la muerte del niño lo había llevado a analizar al equipo de neurólogos de Casa Cuna. “Una foto y un video son instantes de la vida de Renzo”, remarcó, al tiempo que consideró que las autoridades deberían haber convocado a los profesionales que trabajaron con él.

El expediente, radicado en el Tribunal Oral Criminal III de La Plata -integrado por los jueces Andrés Vitali, Santiago Paolini y Ernesto Domenech- tenía fecha de inicio de juicio para el año 2022 pero luego de receptar el pedido de las partes, los magistrados revieron la grilla de debates y designaron que las audiencias comiencen a principios marzo de 2020. Y llegarán con nuevo fiscal: Javier Berlingieri reemplazará a Leila Aguilar en el proceso oral.

“Trato de tener un poco más de esperanzas de que se haga Justicia y que Diego y Rosa sean condenados como corresponde en un juicio justo. No estoy pidiendo nada, ni que le den 300 años, solo pido que le den lo que les corresponde. Que la Justicia por una vez, en esta triste historia, se pare y le diga a Diego que Renzo era una persona, que era su hijo, que merecía vivir y no tenía derecho a hacerle esto”, dejó en claro Ángela. Y agregó: “Si yo no lo hago, la muerte de Renzo queda impune. A Renzo cuando nació le prometí que iba a ser su voz hasta que él pudiera defender sus derechos. Y así lo hice los casi 8 años que lo tuve. Cuando Renzo muere, vuelvo a ser su voz y que la vida de Renzo no hubiese existido y los responsables de su muerte tienen que pagar lo que corresponde. Así que me aferré a eso, se lo prometí”.

Ahora se prepara para otra fecha especial. El 18 de noviembre el nene cumpliría 10 años y planea hacer una suelta de diez globos con forma de dinosaurios, aunque todavía no definió dónde lo hará. Por la relación que construyó con él, por haberle enseñado que la vida era importante, quiere homenajearlo y recordarlo como el guerrero que fue: “Un nene más que especial y no por el síndrome, era especial como persona. No soy una persona creyente, pero cuando lo miraba y veía cómo era, le decía: ‘Si existe Dios, hay un pedacito de Dios adentro tuyo’. Que mi hijo haya nacido de esa forma tan maravillosa, que haya sido esa persona tan especial que tuve, tengo que estar orgullosa de haber sido parte”.

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