Un pedido de prisión perpetua recayó sobre María Inés González, la mujer que es acusada de asesinar a su hija, María Guadalupe Lara, en la vivienda que compartían en la localidad de Los Hornos.
Un pedido de prisión perpetua recayó sobre María Inés González, la mujer que es acusada de asesinar a su hija, María Guadalupe Lara, en la vivienda que compartían en la localidad de Los Hornos.
El crimen fue ejecutado el 22 de mayo de 2015. La madre preparó un flan, le puso veneno para ratas y se lo dio a la niña. Cuando las toxinas comenzaron a hacer efecto, tomó una trincheta y cortó el pequeño cuerpo. Uno de las heridas fue la mortal: le seccionó el cuello. El baño de sangre continuó. La acusada, que no recuerda el episodio, se autoflageló con el mismo cutter que mató a la nena, abrió las perillas de la cocina a gas con la idea que el monóxido de carbono termine de completar la secuencia asesina. Pero ello no ocurrió. Su pareja llegó al lugar y le salvó la vida, pero la niña ya estaba muerta.
Para sostener la acusación la fiscal Victoria Huergo valoró el informe de un perito psiquiatra oficial quien en su declaración ante los jueces refirió que cuando indagaban a la paciente “nos dimos cuenta de que sí tenía memoria pero no quería contar, lo que evidencia que no hay una alteración psíquica sino una oposición a contar detalles. Es difícil simular una amnesia, cuando es en bloque, no se acuerda de nada, son parámetros que no se relaciona con parámetros de amnesia, sino que esta es simulada”.
Con este testimonio la acusación considera que se desmorona la versión de la inimputabilidad en esgrime la defensora oficial, Verónica Garganta, quien en su alegato pidió que no se la condene y se la mantenga internada en una institución de salud mental.
La fiscal consideró que “simulada” la amnesia de González. Quien “se enojaba cuando le hablaban en pasado”.
Además otra profesional de la salud mental rechazó que la acusada sufra de algún trastorno borderline de la personalidad.
Su ex marido declaró en el juicio que la acusada quedó embarazada al poco tiempo de haber comenzado la relación y reconoció que no se separaba para estar cerca de su hija. Pero los ataques de violencia de ella para con él iban en aumento, hasta que llegó un punto en que tomó la decisión de tramitar el divorcio y pedir la tenencia de la hija de ambos. Al poco tiempo de ese planteo, la mujer asesinó a la menor de 11 años de edad que padecía retraso madurativo.
Este dato no pasó en alto para la fiscal. “No hay dudas en cuanto a que nos encontramos con una imputada con trastorno límite sometida a un proceso de estrés importante puesto que ya se encontraba en conversaciones con Gustavo Lara sobre la posible separación. Y si recordamos que en la lógica del trastorno referido ello podría ser considerado un abandono, el riesgo de llevar adelante actos en su perjuicio o de terceros se encontraban latentes”, sostuvo pero aclaró que “tal como señalaran los expertos forenses y sin desconocer que la declaración de inimputabilidad es un juicio jurídico, que le corresponde al juez quien debe para ello nutrirse de las conclusiones médicas, no existen elementos que permitan concluir que Inés González al momento de desplegar las conductas contra su hija Guadalupe Lara, que culminaron en su muerte, no tuviera comprensión de sus acciones o se hallara totalmente impedida de dirigirlas”.
La acusadora consideró que se trata de una mujer con un trastorno de la personalidad, que actuó presumiblemente motivada por el enojo, la furia y el odio que le daba el inminente abandono del hogar de su esposo, y fue a su punto vulnerable, su hija. “Lo pensó y lo ejecutó siguiendo un plan, aprovechando el momento de soledad” de la menor.
Para Huergo el caso debe encuadrarse como “homicidio triplemente agravado” por el vínculo, alevosía y ensañamiento. Como “agravantes” de la pena valoró “lo florido de la maniobra asesina que comenzó con el suministro de veneno” como “la planificación del hecho hasta en los detalles” y “la extensión del daño causado” a la familia, en particular al padre de la nena “ya que se trataba de su única hija y la pérdida en lo inmediato le provocó la internación sin prejuicio que el dolor se prolonga”.
El veredicto del caso está a cargo del Tribunal Oral Criminal II de La Plata integrado por los jueces Andrés Vitali, Santiago Paolini y Ernesto Domenech.
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