miércoles 01 de abril de 2026

Fracturada, con miedo y frío: las horas de terror de la abuela que cayó a un pozo ciego

Tras el emotivo rescate, dos de los auxiliares que participaron del operativo explicaron cómo encontraron a Iris Albertini y cómo fueron las 15 horas de desesperación que vivió la jubilada.

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Iris cayó a un pozo ciego abandonado durante la tarde del viernes luego de haber ido al patio trasero de su casa a recoger unas flores. En un momento de descuido, la abuela pisó en falso sin darse cuenta y terminó dentro de la húmeda cavidad de cuatro metros de largo y 30 centímetros de diámetro. Los bomberos la hallaron en posición fetal y con el cuerpo congelado, luego de que la mujer que la cuida la encontrara atrapada la mañana del sábado.

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Emanuel Roldán (26), el primer auxiliar que la asistió, contó a C5N cómo fueron esos instantes en que descubrió a Iris en el pozo: "Nos acercamos con mucho cuidado porque había riesgo de que se desmoronara y observamos que en el fondo había una persona anciana que no se movía. De inmediato, nos pusimos los arneses de seguridad y yo descendí. Después de bajar los cuatro metros, tomé contacto con la señora; la desperté porque estaba dormida después de pasar tantas horas de frío. Le dije que era bombero, que veníamos a ayudarla, y lo primero que hizo fue tomarme la mano".

Roldán había bajado con un collar cervical para inmovilizar a la abuela y minimizar cualquier daño que pudiera conllevar un tipo de maniobra de rescate de ese tipo: "Se me complicó mientras se lo colocaba porque ella no dejaba de agarrarme la mano diciéndome que no me alejara. Le pedí a mis compañeros que bajaran un saco porque ella estaba con ropa de cama, muy fría y temblando. La arropé y esperé a nuestros compañeros del grupo de rescate para continuar", aseguró.

Según comentó Emanuel Nava (38), otro de los rescatistas, se utilizaron cuerdas, poleas y un trípode que permitieron el izado de la abuela: "Tuvo fractura de costillas y politraumatismos, por eso hubo que tomar ciertos recaudos para evitar mayores inconvenientes".

Por otra parte, los bomberos explicaron que Iris no se encontraba en la mejor situación psíquica al momento del rescate ya que había pasado varias horas sin agua, comida ni cuidados mínimos. Si bien Roldán mantuvo una conversación constante con ella, preguntándole si sentía dolores específicos, también se tomó un tiempo para bromear y distender el momento: "Le pregunté si me iba a invitar a la fiesta de los 100 años", dijo el joven, esbozando una gran sonrisa.

Sin dudas, el episodio podría haber terminado de la peor manera de no ser por la fuerza voluntad y resistencia de la abuela y el trabajo de los rescatistas: "Poder realizar este tipo de tareas es algo que te llena de orgullo. No nos alegramos de las situaciones críticas pero si nos alegramos de poder ayudar a la gente en esos momentos. Te da motivación para seguir adelante", finalizó Roldán.

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