jueves 23 de abril de 2026

El emotivo recuerdo de Pedro, el cuidador de Pelusa que la acompañó hasta el final

La muerte de Pelusa enlutó a la ciudad. Miles de platenses despidieron con tristeza a la elefanta que, con los años, se convirtió e uno de los animales más queridos del zoológico local. Pedro Parigini y sus compañeros, no se despegaron un segundo de su lado y a dos meses de su fallecimiento, el joven la recordó con tristeza.

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Hace dos meses y después de haberlo intentado todo, Pelusa no pudo resistir más y falleció, rodeada de especialistas y sus cuidadores, los que durante años la acompañaron con gran amor. La tristeza invadió los cuerpos de los vecinos de La Plata y los posteos en las redes sociales para despedirla fueron una constante a lo largo de aquel 4 de junio de 2018.

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El joven publicó una foto en su Instagram para recordar a Pelusa. "No la dejamos de acompañar en ningún momento. Yo dormí todas las noches en el Zoológico, solo volví a casa para bañarme el sábado y el lunes", contó el cuidador a 0221.com.ar cuando la elefanta atravesaba sus horas más críticas.

Cuando Parigini llegó a La Plata, en 2014, estaba en contra de los zoológicos. Vino de San Nicolás a estudiar Ciencias Veterinarias y una vez que estuvo en la Facultad hizo un curso de cuidador en la Dirección General de Escuelas (DGE). Luego se siguió formando, hizo cursos en la Asociación de Zoológicos y Acuarios (AZA) y finalmente, en 2016, rindió un examen y entró al Zoológico platense. En su área de trabajo estaba Pelusa, pero también los tigres, ciervos y pavos reales blancos.

"Realmente la confianza que depositaba en nosotros era muy grande. Dentro de los elefantes, era única", detalló en aquel momento Pedro a 0221.com.ar.

La imagen en la que se ve al joven descansando junto a Pelusa emocionó a todos. La foto fue replicada por miles de usuarios en las redes sociales, como una muestra del amor y el cariño incondicional de aquellos hombres y mujeres por la elefanta.

Pelusa se preparaba para partir al Mato Grosso en Brasil, pero la enfermedad crónica en sus patas, los años de cautiverio y su vejez no se lo permitieron. El animal debió ser sedado para evitarle un mayor sufrimiento y hoy descansa en un santuario que se construyó en el mismo recinto en el que vivió.

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