Luego de perder frente a Talleres el pasado sábado, en el Lobo saben que el margen de error empieza a disminuirse y que en su objetivo de quedarse en Primera División, no hay lugar para muchas más caídas. Si bien el equipo ganó más de lo que perdió en este arranque de semestre, los partidos de Copa Argentina no engrosan el promedio para el descenso.
Teniendo en cuenta este panorama, Pedro Troglio arrancó una nueva semana de trabajo con la cabeza puesta en el choque ante San Martín de Tucumán, un rival directo en la zona roja de la tabla. Debido a las falencias colectivas y el bajo rendimiento de algunas individualidades, el técnico tripero piensa en mejorar el funcionamiento de su equipo. Una de las opciones que analiza es cambiar el esquema 4-3-3, por un 4-4-2 o un 4-1-4-1.
Más allá del “número telefónico” que utilice el entrenador, el punto está en los intérpretes de esa táctica. Yendo de atrás hacia adelante, Martín Arias sigue siendo lo más regular y transita este arranque de temporada sin errores. En la última línea tampoco hay fuertes cuestionamientos, ya que con la llegada de Gonzalo Piovi se conformó la dupla de centrales con las características que pretendía Troglio y han tenido actuaciones aceptables, considerando el poco tiempo que llevan jugando juntos. Los dos laterales han cumplido su función al momento de marcar, con algunos altibajos por el lado de Facundo Oreja, algo que no es responsabilidad neta del marplatense.
Con la intención de juego que han demostrado tener los dirigidos por Pedro Troglio, el mayor conflicto está en la mitad de la cancha. Fabián Rinaudo es uno de los que tiene andamiaje parejo en su desempeño y es de lo mejor del mediocampo albiazul. En cambio, los dos hombres que juegan cerca de Fito son quienes tienen mucho por mejorar. Lorenzo Faravelli y Víctor Ayala no pudieron aportar dinámica y claridad en la zona de gestación. A esto se le suma la pálida actuación de Santiago Rosales, uno que juega por los extremos y que tiene mayor responsabilidad de manejar el ataque cada vez que el Lobo tiene la pelota.

El flojo funcionamiento entre estos jugadores mencionados, termina dando como consecuencia el poco abastecimiento de situaciones de gol para Santiago Silva. El Tanque realiza un desgaste físico que ayuda a sus compañeros, pero termina siendo perjudicial para él mismo ya que se desgasta en zonas de la cancha donde no es determinante. Quizás el único que rompe con la monotonía y logra desequilibrar en el ataque mens sana, es Matías Gómez. El juvenil preocupó a las defensas rivales, aunque Gimnasia no puede depender solo de lo que el delantero de 20 años pueda generar.
El entrenador cuenta con diversas alternativas para cambiarle la cara al equipo. Ezequiel Bonifacio es uno de los que ingresa en el complemento de cada partido y busca darle mayor dinámica por los costados. Otro que puede aportar y ayudar a los delanteros es Alejandro Melo, quien tiene un buen manejo de pelota y mayor velocidad que Santiago Rosales, el titular en esa posición. Si Troglio decide poner dos delanteros bien definidos, aparece la posibilidad de utilizar a Mauro Guevgeozián, quien en sus pocos minutos con la camiseta tripera no causó grandes impresiones. Estos son los que más chances tienen de poder meterse en el once inicial para el choque con los tucumanos, aunque no se descarta alguna sorpresa y que juveniles como Cataldi y Tifner, vuelvan a tener oportunidades.

En los próximos días Pedro Troglio irá clarificando el panorama y se podrá descifrar qué modificaciones habrá. En caso de cambiar el dibujo táctico, será la primera vez que lo haga el entrenador desde su vuelta, aunque en sus declaraciones siempre remarcó que “el esquema no te hace ganar, ni te garantiza nada”.