sábado 13 de diciembre de 2025

Carolina Piparo: semblanza de la favorita de Cambiemos

Trabajadora social de 41 años, se hizo conocida por un terrible caso de inseguridad. Hoy mueve hilos en la Legislatura y milita por leyes contra la inseguridad.

Blancas. Así  son las paredes del despacho de Carolina Píparo en el anexo de Diputados. No hay fotos familiares, ni si quiera una con María Eugenia Vidal, la chapa obligada que muchos legisladores, concejales y dirigentes de Cambiemos ostentan en sus lugares de trabajo. 

Es media mañana de un jueves histórico: el proyecto por la legalización del aborto acaba de obtener media sanción en el Congreso y Píparo, aunque prefiere no hablar del tema on the reccord, recibe a 0221.com.ar con un rosario de cuentas plateadas. 

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Hace casi un año, con el 48% de los votos platenses, se consagró ganadora de la elección legislativa frente a un kirchnerismo encarnado en la figura de la ex decana de Periodismo, Florencia Saintout. Y arrastró a cuatro más con ella: el radical Diego Rovella, la peronista Carolina Barrios Schelotto y el periodista monzoista Guillermo Bardón.

Convocada directamente por María Eugenia Vidal y de fuertes lazos con el presidente de la cámara de Diputados, Emilio Monzó, sus allegados reconocen que su presencia en la lista –y, sobre todo, en las recorridas por la ciudad- le evitó a Cambiemos momentos tensos durante la campaña.

Ya en la Legislatura, Píparo se quedó con la presidencia de la comisión de Niñez, Adolescencia, Familia y Mujer. También mueve hilos en el tema Seguridad: su primer proyecto como diputada fue adherir a la ley de Víctimas, una normativa en la que trabajó durante años como activista de la Usina de Justicia e integrante de la fundación Pensar.

En diciembre, a poco de asumir, se vio enfrentada con sus ex compañeros de trabajo del Banco Provincia que la declararon “persona no grata” tras haberse votado la ley que reduce sus jubilaciones.

“Fue injusto por parte de los gremialistas”, aseguran desde su entorno. Al interior del bloque Cambiemos, Píparo fue la que más modificaciones impulsó en el proyecto enviado por Vidal. Hay quienes incluso afirman que dudó hasta último momento si votar o no los artículos referidos al recorte jubilatorio.

Con el cariño y la empatía de miles de platenses, y fuertes detractores en el campo de los movimientos sociales y de Derechos Humanos, Píparo ya se convirtió en una de las figuras claves de Cambiemos en la sección Capital. 

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BIO. Nació en La Plata en 1976. Creció entre Olavarría y la capital bonaerense; y por el trabajo de su padre, ingeniero y operario de Loma Negra, pasó por distintas provincias como Corrientes, San Juan y finalmente Neuquén, donde vivió desde los 10 hasta los 18 años en Zapala. Cuando fue mayor de edad, Píparo volvió a La Plata para estudiar Trabajo Social. Enojada por la "imposición de ideas" que veía en la facultad, terminó recibiéndose en la Universidad de El Salvador. Antes de llegar al ministerio de Seguridad y Justicia trabajó de niñera, repositora y cajera en una casa de estética. Una vez en el Estado, en 2004, casi queda afuera de la selección de empleados y gracias a ATE permaneció entre los elegidos. Casada con un empleado de YPF y embarazada de 9 meses, fue víctima de una salidera bancaria en julio de 2010. Por el episodio perdió a su hijo Isidro y estuvo internada 45 días en terapia intensiva. Su caso se hizo conocido a nivel local e internacional. Tiempo después empezó a trabajar en el Banco Provincia, en CABA, y tuvo dos hijos más: Inés de 7 y Bruno de 4. 

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-Sos trabajadora social. ¿Cómo fue tu paso por esa Facultad?

Me costó mucho la facultad por la imposición de ideas. Entiendo que ahora esto es parecido o aun peor. Me costaba mucho porque mi viejo fue siempre muy peronista y muy católico, y yo siempre le hacía la contra. A los 15 no quería saber más nada de la Iglesia ni de Perón, y cuando vine a la facultad era todo Perón (ríe).

No me gustaba que me impongan las ideas, sentía casi violatorio el hecho de tener que repetir todo lo que nos habían dicho. Lo que yo quería eran las dos campanas. Era chica y me daba cuenta de lo que me estaba tratando de imponer. Obviamente aprobé las materias, pero estaba muy enojada con la facultad. Al final terminé la licenciatura en la Universidad de El Salvador gracias a un convenio. 

Cuando me recibí empecé a dejar currículums por todos lados: la Municipalidad, los ministerios... y en todos los lugares la gente me decía "es difícil si no conocés a nadie". Te aceptaban el CV pero no te querían ilusionar. Es una de las cosas más terribles contra las que creo que hay que pelear: el hecho de que entrar al Estado no sea una necesidad del mismo Estado sino que sea por un contacto.

-El hecho de inseguridad que sufriste motivó un fuerte activismo. ¿Qué balance hacés de esa etapa?

Yo estaba muy obsesionada con el juicio. Desde el principio quise leer el expediente, saberlo todo. Vivía con mucho pesar que la gente me conozca: todos sabían dónde trabajaba, dónde vivía, que estaba pasando el peor momento de mi vida... Y eso me costó mucho al principio. 

Cuando finalmente llegó el juicio, que duró dos meses, nos la pasábamos acá en La Plata desde las 8 hasta las 18. En el medio fue la inundación. Y cuando terminaron las audiencias... fue un momento desgarrador. Llegué a mi casa ese día y es como que ahí empezó el duelo real. Fue desgarrador porque sentí que eso era lo último que podía hacer por Isidro, ya no había otra cosa.

Era el momento donde yo esperaba la explicación, el por qué, algo que nunca llegó. Yo entendía el robo pero nunca el disparo. Yo fui buscando esa explicación y nunca la encontré. Acá es donde surge decir bueno, qué más hago. Y empecé a reunirme con otras víctimas. 

Iba a reuniones convocadas por Daniel Scioli, Sergio Massa, todos. Donde yo supiera que iba a haber víctimas, ahí estaba. Necesitaba hablar con alguien que hable mi idioma. Con los medios tenía un poco de pánico, pero cuando empecé a reunirme con víctimas me hizo una entrevista Clarín. Ahí me llamó Diana Cohen Agrest, de la Usina de Justicia, y me sumo a la organización. Conozco a Matías Bagnato, que hoy es uno de mis mejores amigos; y juntos hacemos la marcha "Para que no te pase". 

Ahí no solo estaba la Usina, estaba la gente de la Tragedia de 11, víctimas de violencia de género... éramos un montón, que pensábamos distinto en un montón de cosas pero buscamos cinco puntos en los que estar de acuerdo. Eso es algo de lo que siempre voy a estar orgullosa. También fue mostrar que las víctimas podíamos estar unidas; quienes insistíamos con la inseguridad, los de la cuestión vial o de género...Creo que todos aprendimos un montón y pudimos modificar algunas cuestiones, entender y poder ponerse en los zapatos del otro. Hoy estamos unidos en el observatorio de la ley de Víctimas y seguimos laburando juntos, discutiendo, etcétera. 

-¿Cómo conociste a la gobernadora?

Conocí a María Eugenia Vidal por primera vez cuando me invitó a participar de la fundación Pensar. Fue unos meses antes de entrar en la Usina. Empezamos a ver todo lo que se estaba haciendo en Capital y a trabajar sobre la ley de Víctimas, aunque en ese momento no hablábamos de ley sino de protocolos de actuación. Yo seguía trabajando en el Banco Provincia.

Cuando estábamos convocando a "Para que no te pase", Emilio Monzó me invitó a participar de la comisión de Seguridad en el Congreso nacional. Ahí conocí a muchos diputados y diputadas con las que laburamos a la par en la ley de Víctimas. La iniciativa era de Sergio Massa, se aprobó por unanimidad y cuando pasó al Senado -yo no conocía a los senadores- vi a un grupo interesado en mejorar la ley. No podría decir que eran de un partido o de otro, estaban todos tratando de mejorar esa ley.

Empezaron con un prejuicio de que era una ley innecesaria, pero eso cambió cuando llevamos a tantas víctimas. No eran víctimas mediáticas sino reales, que cuando van a una fiscalía les cierran la puerta. Porque sería hipócrita decir que una víctima mediática sufre lo mismo que una víctima que no tiene un caso mediático, al menos en cuestión de burocracia. 

Yo lo dije en el Senado: los casos mediáticos son una vergüenza, porque es una ley de Víctimas funcionando. En la fiscalía siempre va a estar primero el caso que sale en los diarios. Y sería hipócrita no reconocerlo, hay que reconocerlo para mejorarlo. Nosotros en ese momento llevamos a víctimas que ni si quiera tenían un fiscal acusador; muchos directamente parecían defensores oficiales. Ahí los senadores se compenetraron más y empezaron a mejorar la ley. Escucharon, me parece, aturdidos, porque no conocían esta realidad. 

Nosotros queríamos que le presten atención a todas las víctimas, y ese fue el primer compromiso que María Eugenia Vidal tuvo conmigo. En la primera reunión que tuvimos, ella me preguntó qué modificaría en base a mi experiencia. Yo ya me había reunido con otras víctimas, y le dije que en mi caso no había habido defectos en ese sentido, sino en los casos de otras personas. 

Le pedí que haya un centro de Asistencia a la Víctima, que no sea preferencial. Si el gobernador no va a ver a las víctimas que no vaya a ningún caso, y si va a ir que vaya a todos. Y yo sé que ella lo hace, me consta. Y no me consta porque se saque una foto, porque no se la sacó conmigo en ese momento, pero sé que se comunica, que está pendiente, que hay una persona que le comunica cómo está cada víctima. Ese compromiso lo cumplió.

-¿Es tu máxima referente política?

Sí, es mi máxima referente. Aunque yo estoy agradecida con todos, porque todos me abrieron las puertas. María Eugenia, Emilio (Monzó), Manuel (Mosca), todos me escucharon, me entendieron, entendieron que yo me comprometo, que  venía con una bandera determinada. Y lo siguen respetando. 

La realidad es que somos un espacio donde se escuchan distintas voces, y eso es un motivo de orgullo. Podemos pensar diferente pero somos un espacio, y eso es lo interesante. No es que todos pensemos exactamente igual o que tengamos un discurso alineado. Para mí son todas personas muy importantes y muy sabias.

-Después de tu caso se aprobó una ley para colocar mamparas en los bancos y evitar las salideras. ¿Qué otras medidas, al día de hoy, creés que no pueden esperar?

La ley de los cascos y chalecos para motociclistas. Me parece fundamental. Habían muerto muchísimas personas en salideras bancarias; entonces ¿necesitamos un mártir, una persona que nos conmueva aun más para salir corriendo a firmar? Con las mamparas dijeron que era la ley Píparo, pero Gerardo Milman la había presentado en 2008. 

Cuando cuestionan la cuestión de la patente en el chaleco yo digo sí, es cierto, no se va a solucionar de un día para el otro la inseguridad. Pero sí puede evitarse una muerte. Es como las mamparas: ¿cuánto le costó a los bancos poner la mampara? después de la aprobación de la ley, las salideras no se redujeron a cero pero sí bajaron drásticamente. 

Obvio que uno va poniendo obstáculos y el delito va mutando, pero es un obstáculo más. Al chaleco te lo ponés y te lo sacás en 10 segundos, no es algo que haya que tener tatuado. Es una manera de identificar y ponerle un obstáculo más al que roba en moto, que sabemos que es un vehículo de mucho más fácil escape que un auto. Y sabemos que es un delito violento. No creo que la ley solucione todo definitivamente, pero tampoco me parece que podamos estar un año debatiendo esto. Me parece una ridiculez.

-¿Y la reforma penal juvenil?

Es un debate que se tiene que dar en el Congreso. Y hoy en día, viendo los recursos que hay, me parece que primero tenemos que debatir dónde, cómo... porque si no la edad queda como un debate casi filosófico. En la provincia estamos trabajando en los Centros de Atención y Derivación (CAD) porque me parece fundamental trabajar en los primeros delitos. Hay que poner todos los recursos ahí. Lo mismo en las unidades penitenciarias.

Creo que es necesario un camino de reflexión en el sentido de ver el daño del otro. Cuando (Miguel AngelSilva se quebró en la audiencia de pasado viernes fue cuando nombró a su nieto, que nació  en la misma semana que Isidro. O sea, les duele su familia, que su mujer o hijos tengan que ir a verlos a la cárcel... pero les cuesta ponerse en el dolor ajeno, en el dolor que provocaron. Y creo que hay que trabajar con todos los recursos puestos en los primeros delitos, porque salvamos vidas.

-¿Cómo ves a La Plata hoy? ¿La inseguridad sigue siendo una deuda de la clase política?

Sí. La inseguridad lamentablemente va a ser algo contra lo que tengamos que pelear durante muchos años. Es como cuando peleamos por la ley de Víctimas: ojalá no hubiese víctimas, pero no podemos tener pensamientos mágicos. Creo que se empezó, hay cuestiones que dependen de políticas provinciales que ya están iniciadas, por ejemplo con la policía.

Hasta hace poco, la policía era parte del problema de la inseguridad. Hoy hay 10 mil policías sumariados y va quedando la policía que tiene mucha voluntad de laburo, aunque no ha sido capacitada. Queda capacitar, y eso tampoco es de un día para el otro.

Necesitamos cárceles nuevas, hay más detenidos y las cárceles realmente tienen un estado en el que de ninguna manera se puede trabajar como se debería para lograr la no reincidencia o la reinserción. Eso tampoco es de un día para el otro, y no solamente en cuestiones de recursos sino porque se tarda.

Todas esas deudas, obviamente, son de hace muchos años y precisamente hace años las venimos pagando. Sobre todo en lo que es el Conurbano bonaerense. En este tiempo bajó la tasa de homicidios, se están deteniendo más personas y se está molestando a la delincuencia y al narcotráfico. Eso lo vamos a ir viendo, pero no será de un día para el otro.

-Durante las elecciones dijiste que las PASO eran “un termómetro un poco caro”. ¿Seguís pensando lo mismo?

Sigo pensando lo mismo. Entiendo que hubo localidades donde sí hubo internas, pero si no la hay me parece que no tienen sentido. Las PASO tienen un costo, tanto de tiempo como de recursos, muchas veces innecesario.

-¿Qué es lo mejor y lo peor de Cambiemos?

Siento que lo mejor es a veces lo que también nos puede molestar. Estamos acostumbrados a que pensar distinto sea casi una agresión. Eso es lo que nos está costando aprender, pero en Cambiemos se aprende día a día. Pensamos diferente, discutimos todo el tiempo, no tenemos un discurso alineado.

Esto a veces se critica, no es como la oposición que salen y dicen todos exactamente lo mismo con las mismas palabras. A mí me parece perfecto que todos podamos disentir, que la gente se sienta identificada con los distintos espacios dentro de Cambiemos, con las distintas personas que lo integran.

-¿Cómo viviste el escrache que te hicieron los empleados del Banco Provincia después de aprobar la ley que achica su jubilación?

Lo viví muy mal. Vi la violencia, la ceguera de no haber entendido que ese día bajábamos las jubilaciones de privilegio y también, de una u otra manera, yo bajaba mi jubilación. Estaba afectada directamente. Aunque afectada hasta qué punto, porque tanto legisladores como los empleados del Banco Provincia tenemos sueldos que realmente no tienen absolutamente nada que ver con el resto de los empleados públicos. 

Me han escrito compañeros para ver si yo tenía información sobre el cierre del Banco Provincia. ¿En qué cabeza cabe que la gobernadora se quede sin el banco de los bonaerenses? Cuando van con esos discursos yo le pido a la gente que lo repiense y se lo cuestione. Hay cosas que no tienen pies ni cabeza.

No salí a contestar por ningún medio porque respeto a mis compañeros, pero también pretendía el mismo respeto. Le pasaron mi celular a 10 mil personas, la gente se violentó y me amenazaba, nombraron a mi hijo... Alguien dijo que le iba a llevar orquídeas al cementerio. Yo no lo podía creer. Ese día yo leía y no salía de mi asombro. El celular me quedó inutilizado por tres días. Entiendo que yo elegí este lugar, pero no voy a entender la violencia. Nunca.

-Desde distintos sectores se te sigue relacionando con el punitivismo y la “mano dura”. ¿Qué responderías a estos argumentos?

Deberían quitarse un poco los prejuicios y escuchar. El viernes pasado me preguntaron si estaba de acuerdo en que Silva, que tuvo dos ACV y fue el ideólogo que me marcó y no detuvo el delito cuando ya me habían golpeado, se vaya con prisión domiciliaria a recuperarse. Y yo dije que sí. 

Me parece que hay que evaluar con los hechos reales. Yo siempre estuve en contra de los beneficios, pero siento que en cuestiones de salud o edad nunca me van a quitar lo humano. Ojalá en otro momento estemos hablando de otro tipo de cárceles donde la gente se pueda rehabilitar.

Nunca peleé por mayores condenas, sino todo lo contrario: por que se cumplan. Si no, no solamente es injusto para la víctima sino para el delincuente, porque dos personas pueden haber cometido el mismo delito y una se va a los 8 años y otra a los 20. En lo que sí creo es en la pena: creo que la pena restablece valores y que la Justicia tiene que poner límites. Sobre todo en delitos contra la vida y la integridad sexual. 

 

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