sábado 11 de abril de 2026

Desde Telerman hasta Bruera, una historia de desamparo en el Anfiteatro del Lago

La imponente estructura del Anfiteatro se alza en medio de una isla en el Paseo del Bosque. Abandonado desde hace años, exhibe una larga y prolífica historia artística, que se vio marcada por una trágica muerte.

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El histórico anfiteatro platense, fundado en el primer gobierno de Juan Domingo Perón y utilizado por artistas de la talla José RazzanoLeón Gieco y la murga Falta y Resto, entre otros, espera su final con las puertas tapiadas de chapa y un cordón de alambres de púa. 

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La del Teatro del Lago es una historia larga y triste que arrastra un tendal de responsabilidades políticas. El abandono se remonta al gobierno de Daniel Scioli, que con Jorge Telerman a la cabeza del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires llevó a muchos de los edificios históricos de la ciudad a un certero desamparo, tal es el caso del Teatro Argentino.

En la previa a las elecciones 2015, donde Scioli aspiraba a ser candidato a presidente y el propio Telerman intentó una jugada para dar pelea en la Ciudad de Buenos Aires, tanto el Teatro como el Anfiteatro del Lago fueron abandonados a su suerte: el primero a través de una acefalía y la falta de recursos que duró varios años, y el segundo, lisa y llanamente, por falta de manutención: cortes de pasto, mantenimiento de la estructura, cuidado general del lugar.

De 2012 a la fecha no hubo cantantes o bailarines que calentaran el piso del Anfiteatro. Con una urgente necesidad de remodelación en vistas, el gobierno de Pablo Bruera ensayó una restauración en 2014 que dejó como saldo un triste caso: la muerte del obrero Julio César Carballo, que se hallaba realizando arreglos en el Teatro subido a un andamio y falleció al caérsele en la cabeza un pedazo de mampostería.

El hombre era policía jubilado y cooperativista de la Municipalidad; la causa recayó en una fiscalía de delitos culposos y fue caratulada como muerte en accidente. Por si no alcanzaba con los dos años de abandono, la muerte de Carballo fue un hecho que despojó al Estado, en todos sus estratos, del lugar. 

Durante el 2014 y 2015, la propia comunidad artística del Teatro Argentino y la secretaría de Cultura exigió en numerosas ocasiones que aumente la inversión para ambas instituciones. Sin embargo, con un Teatro Argentino en caminos de recuperación, el Anfiteatro del Lago está más abandonado que nunca. Y aunque florecen cada tanto proyectos para reactivarlo, los pastos crecidos y las paredes humedecidas siguen, impávidas, esperando la llegada de algún funcionario. 

 

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