La bandera blanca con letras rojas flamea en lo alto, marcando la entrada al fortín de 13 y 72, el del GAAM Drako. Cercado por vallas de madera y entre banderines y guirnaldas de lamparitas se levanta el taller del “creador de ilusiones”, el enorme muñeco en el que trabajaron todo el año y que a las 3 del 1° de enero será envuelto por las llamas.
Desde las cruces con sal gruesa hasta los huevos enterrados, cualquier ritual sirve con tal de ahuyentar la lluvia. Teléfono en mano, los integrantes del Grupo de Artistas Autodidactas Muñequeros no dejan de actualizar la aplicación del clima en busca de tranquilidad: el peor enemigo no es el agua, sino el viento. Como los otros 74 momos que arderán en los primeros minutos del 2019, desean tener una noche estrellada para poder disfrutar del sonido del cartón crujiendo por el fuego. Música para sus oídos, en medio del show de fuegos artificiales.
La temática elegida es un misterio que se devela cada 25 de diciembre. Antes, ni una pista, solo el Drako, presente en todas sus obras. Esta vez encarna a un viejo juguetero, rodeado de piezas de antaño, que trae un mensaje como todas las historias que proponen. “Apuntamos al valor de los juguetes, de esos buenos y que se aprovechan en toda su dimensión. No de muchísimos que se usan cinco minutos y después terminan en la basura. El tiempo de disfrute es tan corto como el juguete que se pone de moda, por eso rememoramos los clásicos”, cuenta a 0221.com.ar Víctor Sochanowicz, uno de los integrantes del GAAM.

La monumental estructura de madera, alambre, papel y pintura se ensambló sobre la rambla en dos días. El traslado desde el “cuartel” de calle 77 empezó después del almuerzo de Navidad e incluyó varios viajes en un camión, que recorrió a paso de hombre las seis cuadras que lo separaban de su destino final. Sobre un banquito, el anciano calvo, de ojos azules y lentes tipo Quevedo en la punta de la nariz, parece darle las últimas pinceladas a un patito. La escena se completa con juguetes que remiten a un tiempo pasado, sin tecnología: un monito con platillos, cubos con letras y números, un elefante, un oso de peluche, un arlequín, un trencito, un perro, bloques, una jirafa con baldes y cascanueces.

Si bien Drako se conformó como grupo en el 2001, la familia Sochanowicz se inició en el ritual con la vuelta de la democracia y también de los muñecos. El momo que inauguró la tradición platense se construyó en 1951 y la práctica se expandió por la ciudad cuadrada hasta 1976: con la dictadura cívico militar se suspendieron los tradicionales festejos. El primero que armó el papá de Víctor, Martín y Mariana siguió el modelo de la época. De trapo, relleno de hojas y pasto, una especie de espanta pájaro que ardió frente su casa, en 77 entre 13 y 14. Los hijos siguieron el legado y fueron perfeccionando las técnicas. Una de las obras contó con una cascada de agua y luego incorporaron movimiento. Sumaron integrantes, hasta llegar a la banda de chicos y adultos -comerciantes, trabajadores estatales, un policía y hasta un techista-, liderada por los seis históricos que decidieron bautizar el espacio con el nombre del cazador de dragones que protagonizó el muñeco primogénito. Teniendo como faro a Daniel Marozzi -que en 1999 hizo cantar y tocar a sus Beatles de papel maché en 8 y 79-, sus creaciones tomaron vida. No solo lograron desplazamientos, sino que también empezaron a hablar y dejar un mensaje.

"Avalon, bosque mágico" (2015), fue el primero que emitió palabras. Pero también son recordados por "Dilhuvius, el arca de Noé", "Dinotopia" y "La última cena", que trajo polémica. A fines de 2008, un grupo de vecinos se opuso a que las llamas devoraran las figuras cristianas. Los artistas aclararon que su intención no era quemar la efigie de Jesús y, luego de exponerla durante una semana, la entregaron al hogar del Padre Cajade. Más allá de ese episodio, el número de visitantes de sus momos creció con el paso del tiempo: en los últimos años se acercaron más de 60 mil personas. En la "Capital Nacional del Muñeco", sus obras son las que todos quieren ver. Eso le valió el reconocimiento del Concejo Deliberante local, que hace tan solo unos días declaró al grupo de interés municipal.

Para sorpresa de muchos, este año Drako no competirá por los premios que otorga la Comuna. Ya venían masticando la idea hace dos años, luego de haberse consagrado “campeones” quince veces y también contar con una decena de segundos y terceros puestos. “No fue algo fácil, pero es para que otros muñecos que nunca ganaron tengan su chance. Además, es muy desgastante hacer un muñeco todo el año y estar los últimos días pidiéndole por favor a la gente que nos vote. En vez de disfrutar, estábamos con el corazón en la boca”, agrega.

Así, encararán la obra del 2019 con las arcas vacías y en un contexto de nuevos aumentos. “No compramos lo mismo que antes, todo se vino más cuesta arriba. Acá, para empezar, necesitamos 500 kilos de harina. Este año la empleada de limpieza de una panadería se dio cuenta que ella tiraba harina que a nosotros nos podía servir. Nos trajo bolsas y bolsas, eso abarató mucho los costos, si no salía de nuestro bolsillo. Después la pintura es lo más caro del muñeco, sin contar los fuegos artificiales”, detalla. De esta manera, el presupuesto del GAAM puede superar ampliamente los 200 mil pesos.

Para el 2019 mantendrán las visitas a distintas escuelas de la ciudad, como lo hicieron en los colegios San Cayetano y Castañeda, para mantener esta tradición sin antecedentes en el país. De hecho, las producciones que realizaron los chicos arderán junto a las suyas. "Aprovecharon el tiempo, no se pelearon. Aparentemente una de las divisiones era un grupo bastante problemático y pudieron unirse. Se miraban a la cara y no a través de la pantalla: hay que largar el celular y ensuciarse. Desde el aburrimiento el chico puede lograr lo que sea. Si uno le entrega todo servido, no inventa, no crea", señala convencido.

Este domingo, en la antesala al gran día, harán un evento especial si el tiempo lo permite. En "La Noche de las Llamas" se reivindicará el lema del grupo: #QueLaLlamaNuncaSeApague. Se convocó a asistir con velas y -en otro ritual- marchar alrededor del muñeco. “Vamos a tener una especie de pebetero. Con la llama de uno de los concurrentes vamos a prender una antorcha, que va a estar prendida hasta la quema. El 1° se va a iniciar el fuego desde esa antorcha. Es parte de la locura que tenemos”, dice Tovi a este portal. Ese mismo día tendrán la visita del Batman Solidario. Ante la baja de la competencia, el Bruno Díaz platense se comunicó con ellos para que sean parte de sus movidas: juntan hojas blancas y lápices de colores para repartir a los nenes internados en el Hospital de Niños.

Con las cenizas de la juguetería aún calientes, comenzarán a darle forma a la próxima idea. Es una explosión permanente, que solo tiene un parate de una semana. El rito se retoma luego de un asado en el que los Drako hacen un balance de lo realizado y se encaminan hacia el nuevo objetivo. Ahí nomás, a principios de enero, es Tovi el que agarra los primeros alambres y empieza a hacer manos. “Para no enfriarse”, asegura. El trabajo fuerte llega en febrero y marzo. ¿Se vienen los muñecos 360°? No lo sabemos, pero lo que tenemos en claro es que con Drako la llama platense nunca se apagará.