jueves 30 de abril de 2026

Artistas de lo efímero: arranca la cuenta regresiva para la quema de muñecos en La Plata

Las construcciones avanzan en los barrios, que ya palpitan la llegada de un nuevo ritual. Días sin dormir, el clima y el reparto de las guardias para no descuidar ningún detalle de esta tradición que tiene más de sesenta años en la ciudad. Las estrategias para financiar las obras, que en varios casos superan los 150 mil pesos. Una locura que no registra antecedentes en el país: “El que no lo vive, no lo entiende”.

-Una colaboración, por favor -ruega el chico en la esquina de 10 y 36 mostrando su amplia sonrisa, mientras el conductor de un Renault Mégane azul extiende el brazo y deja un billete de diez pesos en un bidón de plástico cortado al medio-. ¡Muchas gracias!

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La secuencia se reitera ante el paso de cada auto, no solo en ese cruce, sino en varias calles de la ciudad. Los nenes con la clásica soga o, como el adolescente de Barrio Norte, acercándose a los vehículos con un recipiente de plástico, varios buscan ayuda para mantener viva la llama: la de los muñecos que arden cada fin de año en La Plata.

Son días de ansiedad y poco descanso. Los distintos grupos trabajan a contrarreloj en galpones, esquinas y casas particulares para terminar los momos. Con las cenizas aún calientes de la última creación ya se empieza a cranear la próxima y algunas ideas comienzan a tomar forma a principio de año, otras en junio y la mayoría a dos meses de las fiestas.

Fue en 10 y 40, frente al antiguo bar y almacén Los Obreros, donde en 1951 se inició el ritual. Ahí se levantó el primer muñeco de fin de año en homenaje a un jugador de Cambaceres. De trapo, relleno de papel y pasto, camisa y pantalón, en la calle engalanada con guirnaldas de colores. Para 1956 la idea se había multiplicado, pero se centraba en el casco urbano y recién en los ’70 empezó a expandirse a otros puntos. Se cumplió todos los años, menos en 1976. En los ’80 volvió con fuerza y se generalizó en los barrios, mientras que en la década del ’90 comenzaron a premiarse las mejores producciones.

Un retrato de época: de los que resaltaban la figura de un deportista, un suceso o hasta al tranvía, a los personajes de Disney, cuentos o películas reconocidas. Las técnicas también fueron cambiando. Del trapo se pasó a la caña, que le daba más flexibilidad y seguridad. Así se las ingeniaron hasta el modelado con alambre, madera, cartón, el típico papel maché y luego la pintura. De las monumentales realizaciones cargadas de pirotecnia en cada esquina, a los 73 muñecos inscriptos en el registro municipal, que no tendrán fuegos artificiales en su interior. Los más votados en la aplicación “Geomomos” se quedan con premios que van de los 5 mil a los 30 mil pesos.

LA TERCERA GENERACIÓN DEL GRUPO 36

Woody, de Toy Story, sentado sobre un cajón, reluce ya pintado en la mítica esquina de 10 y 36. A su lado, los movimientos son incesantes. El temporal de lluvia y viento del último lunes voló a Jessie montada en Tiro al blanco, el caballo de la animación de Pixar. Para su fortuna, pudieron arreglar los daños. Es más, solo quedan detalles para terminarla. 

“Desde el ’86 que mis viejos hacen muñecos en la puerta de casa. Me encantaba verlos a mis tíos y abuelos, a la gente del barrio. Ya en el 2009 empecé a ayudarlos y ahora nosotros seguimos la tradición, más que nada para que no se corte”, cuenta a 0221.com.ar Santiago Nicolino, mientras se saca el engrudo que le quedó en las manos.

Tiene 18 años, como la mayoría de los adolescentes del barrio que conforman Grupo 36, Muñecos de Fin de Año. Egresó hace pocas semanas de la Secundaria Manuel Belgrano de 9 y 38 y desde fines de noviembre está metido de lleno en el armado del momo. Este año se propusieron hacer 13 figuras, tres grandes con los personajes principales de la película, más otros chicos, como los Cara de Papa, que no pasan el metro y medio de alto.

Vienen de un enorme King Kong y esta vez volvieron a enfocarse en las temáticas infantiles. “Lo que nos gusta es hacer muñecos para los chicos, que se acerquen y saquen fotos. Por eso salió Toy Story”, agrega Santiago, orgulloso con la remera negra que identifica a la agrupación. Por estos días también juntan firmas para evitar que los trasladen a la rambla de avenida 32. 

La crisis económica llevó a que se plantearan distintas estrategias para conseguir recursos y materiales para el momo. “Primero pusimos una base de $500 para ya tener alguna estructura, como para que miren y quieran colaborar”, detalla. El plan para solventarse se completa con el reparto y pegado de folletos de publicidad de las ferreterías y locales de venta de productos de limpieza de la zona.

Ya llevan gastados más de 10 mil pesos, todo de donaciones de la gente, que en su mayoría ayuda de a cinco o diez pesos y estiman que los costos se triplicarán por la pirotecnia. “Que el muñeco no tenga es un bajón, porque le da gracia y sentido. Para nosotros es más peligrosa la que está por fuera, como una torta que pueda fallar”, cierra el joven, que aprendió el armado de las estructuras gracias a su papá, que es carpintero y siempre se encargó del armazón de los momos del barrio. La quema ya tiene horario: 1.30.

LOS 41 INTEGRANTES DE 19 Y 73

Emanuel Giúdice volvió a incumplir con su palabra. Desde el 2017 dice que va a retirarse, pero desiste cuando ve que las papas queman. A los 6 años hizo su primer muñeco de trapo en esa esquina de Altos de San Lorenzo y va camino hacia su tercera década con el Grupo 19 y 73. Para recibir el 2019 presentarán a varios de los personajes de Coco, otra película de Pixar, inspirada en la festividad mexicana del Día de los Muertos.

“El que no lo hace, no lo entiende. Lo que muchos dicen que es tiempo perdido, para nosotros es disfrute. Somos 41 en el grupo, muchos nenes de 11 años para abajo”, remarca a 0221.com.ar. 

En la casa recién estrenada sobre calle 20, corren varios chicos. Otros, más grandes, siguen pegando papeles a una furiosa Helena, uno de los personajes de la animación que se montará sobre una plataforma. En total harán siete figuras, una guitarra -como la del protagonista- y un puente de madera que representará el paso del mundo de los vivos al de los muertos. “Se van a poder subir y estar arriba con todos los momos”, anticipa Micaela González, otra de las muñequeras.

Como en Barrio Norte, también tuvieron problemas con la tormenta del lunes pasado: les arruinó dos figuras que ya estaban listas para pintar. “Habíamos estado hasta el domingo a las diez de la noche y el viento los tiró. Te parte al medio, más que nada por el tiempo. Pero se llega, siempre pasa igual”, apunta Emanuel.

Empezaron a plantear bosquejos a mitad de año y en octubre arrancaron con el trabajo fuerte. Un grupo reducido comenzó con las estructuras y con el engrudo se acercaron más personas. Ni hablar al momento de ponerle color. “Es mantener una tradición, es parte de la cultura de la ciudad”, remarca Micaela.

A los integrantes del Grupo 19 y 73 no les importa pasar vergüenza con tal de conseguir el dinero para los materiales del muñeco, porque -a vuelo de pájaro- calculan que los gastos superan fácilmente los 70 mil pesos. “Me quedo corto porque en los últimos días se junta para el show de luces. Hay que ir a garronear”, dice entre risas Emanuel. Si no alcanzan la suma esperada, el último tironcito es aportado por cada familia.

Este año también participarán estudiantes de Bellas Artes para los últimos detalles. El 31 cenarán con el portón abierto, custodiando de cerca su obra. “Ya quiero que sea la hora de quemar. Estar ahí con el trabajo terminado es re lindo. Ver la respuesta de la gente, que te feliciten”, manifiesta la chica con emoción. Conocidos por su recreación de los Trolls, Toy Story y Monsters INC, el 1° harán arder su momo a la 1.30.

LAS LUCES DE LA LOMA 2.30

En 46 y 28 avanzan a paso firme en lo que en unos días serán Tom y Jerry, versión gigante. Iñaki Inchaurregui llega apurado, viene de terminar el diseño de las lonas publicitarias que colgarán en los paredones de la Escuela N°16 y en las ochavas, detrás del momo. Así se las ingeniaron para financiar la vuelta a las grandes construcciones de muñecos.

“Empecé cuando tenía 5 o 6 años. El primero lo hicimos con mi viejo y mis hermanos fue un robotito con uno de esos cajones de verdulerías. Al otro año armamos una nave espacial con los amigos del barrio, una cosa desagradable que rompió el asfalto”, confiesa a 0221.com.ar el joven de 29 años mientras señala la reparación del bache.

Emulando los limosneros de terciopelo rojo de las iglesias católicas, pero con una imagen del gato y el ratón que recrean, otro joven, de cabeza rapada, consigue la colaboración de varios automovilistas. En esta parte de La Loma manejan otro presupuesto: puede llegar a los 150 mil pesos. “El 70% se lo lleva el show de fuegos. Hay un buen resultado y ya nos conocen. Extienden la mano solos porque saben que la plata no va al bolsillo de nadie”, subraya.

Con el paso del tiempo perfeccionaron la técnica a prueba y error, de manera autodidacta. Este año decidieron cambiar de materiales, inspirados en las imponentes creaciones de las Fallas de Valencia, la festividad española de interés turístico internacional que se celebra a mediados de marzo. “Las bellas artes las hicimos acá en la esquina, equivocándonos y poniendo alambre doblado. Ahora hacemos una mezcla de técnicas, con siluetas de madera y la cabeza de uno de los muñecos con telgopor”, precisa Iñaki. 

En 2012 se quedaron con el primer premio del concurso con el tucán de la película Río y al año siguiente repitieron la cima del podio con Speedy González. En 2014 solo hicieron algo simbólico para que la esquina no quedara vacía: lo llamaron el muñeco de emergencia. “A nuestro criterio los dibujos animados son lo que más le gusta a la gente. Lo que pasa hoy en día es tan negativo que viene bien el color y la energía”, reflexiona.

Pasadas las 18 se empieza a escuchar música en 28 y 46. Ni bien terminan sus jornadas laborales, los jóvenes se acercan a la esquina y se quedan hasta cerca de la medianoche. Ahora ultiman detalles para una nueva fiesta para recaudar fondos. “Los vecinos felices, se prenden todos”, dice Iñaki. “¡Hagan sus apuestas, señores!” -el nombre de su obra- se prenderá fuego a las 2.30.

El rito platense que revaloriza las historias barriales y el contacto cara a cara está por iniciarse una vez más. Los rostros volverán a iluminarse por las llamas de los momos ardientes: una manifestación popular que no pierde vigencia.

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