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Señales que resquebrajan el frente opositor en el Concejo

Los seis bloques no oficialistas no logran articular posturas que vayan en el mismo sentido en varios de los temas que se trataron en la última sesión y son claves para Cambiemos. Señales que hacen que la unidad de cara a las elecciones resulte más lejana.

Los movimientos de cada fin de año suelen ofrecer señales políticas respecto de los posicionamientos y más aún en la previa de una elección. En lo que al Concejo Deliberante se refiere, la última sesión se constituyó en un escenario en el que quedaron representadas las dificultades de la oposición para coordinar un trabajo conjunto que permita visibilizar la presencia de un polo que pueda plantarse como contrapeso al oficialismo. En varios temas que son claves para la gestión del intendente Julio Garro no lograron acuerdos que se tradujeran en votos en un mismo sentido. En algunos casos –si lo lograban– hubieran podido causar una derrota a Cambiemos, lo que además hubiera representado un gesto hacia una unidad que todavía parece improbable de cara a 2019. 

Para profundizar la mirada es necesario explicitar el trazo grueso del reparto del poder en el cuerpo: hay 12 concejales oficialistas y 12 que integran las seis bancadas opositores. A priori, ese mapa garantizaría que cualquier votación que requiera mayoría simple, con el voto doble del presidente sería superada sin problemas por el oficialismo. Sin embargo hay un dato político que complejiza la situación y es la presencia de una concejal disidente que suele votar en contra de la voluntad de su bancada.

Se trata de la radical Florencia Rollié, quien de hecho lo hizo de ese modo en dos de los temas considerados importantes para el jefe comunal: la creación de una feria popular para relocalizar a los vendedores ambulantes y la ratificación del decreto de redeterminación de precios en las licitaciones de obra pública. Esto implica que si los 12 concejales opositores se hubieran puesto de acuerdo para frenar los temas podrían haberlo logrado.

Está claro que en política las lecturas pocas veces son lineales y las sumas de votos no siempre resultan lo que se supone de antemano. En la práctica, las votaciones nunca corrieron riesgo para el oficialismo debido a que siempre logró -antes de que los concejales se sentaran en sus bancas- que algunos de los bloques opositores levantaran la mano. Además, hubo ausencias de la oposición que bajaron la exigencia de votos para alcanzar la mayoría.

Visualizar tema por tema el comportamiento de los bloques permite ver que los posicionamientos suelen ser cruzados. Lo cual parece indicar que el intento de constituir una suerte de “interbloque opositor” con todos adentro fracasó antes de empezar.

Habría que remontarse a una sesión anterior, cuando fue la votación de la Guardia Urbana de Prevención (GUP) que terminó siendo el detonante de la fractura del bloque del Frente Renovador por las posturas enfrentadas de su titular Luciano Sanguinetti y Virginia Rodríguez, quien se oponía a votar la propuesta.

Aquello fue el desenlace de una relación que venía complicada de antemano y se constituyó en el elemento que otros sectores, fundamentalmente del kirchnerismo puro (Unidad Ciudadana) intentaron aprovechar. En ese momento fue también el concejal del GEN Gastón Crespo, aliado del massismo en 1País, quien terminó apoyando la propuesta oficialista después de que se aceptaran modificaciones que él mismo propuso, vinculadas con el control del nuevo cuerpo de agentes.

El esquema Sanguinetti-Crespo fue denominador común también en la aprobación de los expedientes votados el miércoles. Además de la GUP ambos levantaron la mano por la creación del Paseo de Compras 80 y por el decreto de redeterminación de precios. Pero no fueron los únicos: se sumó el presidente del bloque PJ Fabián Lugli en tanto que Miguel Forte, su compañero de bancada, estuvo ausente.

La grieta en la oposición parece estar dada entre ellos y las dos vertientes del FpV: la del PJ de Lorena Riesgo y Pedro Borgini y la de los cinco de Unidad Ciudadana (Gastón Castagneto, Ana Herrán, Norberto Gómez, Cristian Vander y Victoria Tolosa Paz) que rechazaron de plano tanto la GUP como la creación de la feria y la redeterminación de precios.

Sin embargo tampoco parece todo “liso” en esas relaciones. Las tensiones son “intrabancada” en Unidad Ciudadana por el rol de cada uno de los integrantes. Aunque de “baja intensidad” algún ruido causó que tres de los cinco concejales no estuvieran en el recinto en el momento en que se votó la ordenanza de las ferias. Volvieron cuando se estaba debatiendo pero la votación ya se había realizado. Salieron del palacio a acompañar una manifestación contra el Código de Convivencia y la postura del bloque fue expuesta en soledad por Tolosa Paz. 

La pulseada se da también en la interrelación con la vertiente PJ del FpV (Riesgo - Borgini), lo cual en algunas ocasiones se tradujo en cruces picantes en pleno recinto. Muchas veces esos matices han sido aprovechados por Cambiemos para intentar profundizar las diferencias.

Hubo una ordenanza que pasó desapercibida y marcó un reparto de votos diferente: la desafectación de un “dominio público” ubicado en el corazón de la manzana de 24 y 45, el cual fue transferido gratuitamente a una casa de mosaicos. El gesto fue elocuente de los bloques que lo rechazaron y pidieron la palabra para hacerlo público y marcar la diferencia. En este caso, quienes en silencio acompañaron al oficialismo fueron los concejales de Unidad Ciudadana, el GEN y el Frente Renovador. El rechazo fue expuesto por Lugli del PJ y Riesgo del FpV-PJ.

 “Salimos a exponerlo porque no estamos de acuerdo con que se ceda gratis un terreno fiscal a un comercio, pero además es un mensaje para quienes nos señalan a nosotros cuando acompañamos algún proyecto del oficialismo porque estamos de acuerdo”, dijo uno de los que rechazó ese proyecto y sembró alguna duda respecto de los beneficiados con la medida.

Los chispazos de fin de año no son nuevos en el Concejo Deliberante, cuando oficialistas y opositores se apuran a resolver cuestiones legislativas y administrativas que quedaron pendientes. Las negociaciones son intensas y muchas veces se traducen en un tire y afloje de distinto tipo. En algunos casos las prendas de negociación son los proyectos: depende el curso de esas conversaciones algunos se aceleran y otros quedan más abajo en el cajón, más cerca del archivo que de la sanción.

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