La muerte del Indio Solari sacudió este viernes al universo del rock argentino y provocó una inmediata ola de mensajes de despedida de músicos, amigos y seguidores. La más esperada era la de Skay Beilinson, compañero de ruta durante décadas y socio fundamental en la historia de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, quien expresó públicamente su dolor.
"Te llevo en cada recuerdo, en cada canción de ayer. Con un inmenso dolor. Buen viaje mi querido amigo, hasta siempre", escribió en sus redes sociales al conocerse la noticia.
En un texto atravesado por la tristeza, el guitarrista –quien mantenía una larga pelea con el cantante desde la separación de la banda– definió a Solari como "la luz que viaja entre nosotros y para siempre" y resumió el sentimiento compartido por miles de fanáticos con una frase contundente:
"Hoy es un día muy triste", escribió antes de anunciar la suspensión del show que tenía programado para este sábado en Rosario.
El mensaje más esperado tras la muerte del Indio Solari
El mensaje de Skay era de los más esperados tras la muerte del Indio Solari, con quien compartió toda la trayectoria de Patricio Rey y su Redonditos de Ricota como dupla compositiva y con quien nunca se reconcilió tras la gran pelea que tuvieron tras la separación de la banda en 2001. La reacción del guitarrista no se hizo esperar para mostrarse conmovido por la pérdida.
Más allá de una disputa que nunca terminó se hacerse pública y los separó para siempre, la historia de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota no puede contarse sin detenerse en la relación entre ambos. Mucho antes de convertirse en dos de las figuras más influyentes del rock argentino, fueron compañeros de ruta, cómplices creativos y protagonistas de una aventura artística que desafió las reglas de la industria musical durante más de dos décadas.
Redonditos de Ricota en La Esquina del Sol.png
Los primeros tiempos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
En sus memorias, el Indio reconstruye el origen de ese vínculo que comenzó a fines de los años sesenta, cuando ambos compartían inquietudes artísticas y una mirada contracultural sobre la realidad. El encuentro no estuvo determinado únicamente por la música. Los unían la literatura, las artes visuales, la experimentación y una forma de entender la creación por fuera de los circuitos convencionales. En ese contexto también apareció la figura de Carmen Castro, más conocida como la Negra Poli, pieza fundamental en la construcción del universo redondo.
Con el paso de los años, la sociedad artística entre el Indio y Skay se volvió el motor creativo de Los Redondos. Mientras Solari aportaba las letras, los conceptos y una voz inconfundible, Beilinson construía una identidad sonora propia a través de guitarras que terminaron siendo una marca registrada del grupo. La combinación de ambos resultó decisiva para que la banda desarrollara un lenguaje singular, alejado de las modas y de los moldes del rock comercial.
Redondos en Olavarria 1.jpg
El Indio Solari y Skay en un momento clave de su carrera, cuando dieron la primer conferencia de prensa tras la prohibición de un show en Olavarría
En Recuerdos que mienten un poco, el Indio reconoce la importancia de Skay en la construcción de aquella obra colectiva. A lo largo de la autobiografía aparecen recuerdos de los primeros años, las giras, las discusiones estéticas y la manera en que ambos fueron moldeando una propuesta artística que terminó convirtiéndose en un fenómeno cultural. El libro presenta a Beilinson como un socio indispensable durante el período de crecimiento y consolidación del grupo.
Una pelea que marcó el fin de la banda
Sin embargo, la historia compartida entre el Indio y Skay no terminó bien. El propio Solari dedica varias páginas a reconstruir su versión de la crisis que desembocó en la disolución definitiva de la banda. Allí describe el episodio como una herida que nunca terminó de cerrar y habla abiertamente de una "traición", una palabra que atraviesa todo su relato sobre aquellos días.
Según la versión del Indio, el conflicto estalló durante una discusión vinculada al manejo del patrimonio artístico y administrativo de la banda, especialmente alrededor de material audiovisual y decisiones sobre el futuro del grupo. Lo que comenzó como una diferencia de criterios terminó exponiendo tensiones acumuladas durante años. El cantante sostiene en esas páginas que aquella última discusión fue tan intensa que marcó un punto de no retorno.
Skay Indio Redondos
Skay y el Indio Solari en una de las últimas presentaciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
Más allá de las cuestiones concretas que originaron la pelea, el libro deja entrever un desgaste más profundo. A medida que Los Redondos crecían hasta convertirse en el fenómeno más convocante del rock argentino, también se volvía más compleja la convivencia entre quienes habían construido el proyecto desde los márgenes culturales de La Plata. Las diferencias sobre el manejo del grupo, los derechos sobre el material artístico y la conducción del proyecto terminaron erosionando una sociedad que parecía indestructible.
Los Redondos en Polideportivo Gimnasia.jpg
Una escena de trastienda de Los Redondos en el Polideportivo de Gimnasia
Lo notable es que, aun en medio del resentimiento, Solari nunca minimiza el aporte artístico de Skay. Por el contrario, reconoce que la identidad musical de Los Redondos no habría existido sin sus guitarras y su sensibilidad compositiva. Esa ambivalencia atraviesa todo el relato: la admiración por el socio creativo convive con el dolor por la ruptura personal. Quizás por eso la separación aparece en sus memorias menos como el final de una banda que como la pérdida de una parte fundamental de su propia vida. "Como proyecto de vida, yo fui un Redondo durante casi toda mi existencia", escribe al recordar aquellos días.
Después de décadas de silencio, diferencias y reproches públicos, ahora la despedida de Beilinson vuelve a colocar en primer plano una relación que fue al mismo tiempo una de las sociedades artísticas más fecundas del rock argentino y una de sus rupturas más dolorosas.