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Inteligencia emocional al volante: una aliada para cuidar la salud y prevenir accidentes

En ciudades con tránsito denso y humores complejos la inteligencia emocional ayuda a aflojar tensiones, evitar peleas y preservar la salud.

El ritmo acelerado de las rutinas, el pluriempleo que nos tiene de un lado a otro y las preocupaciones diarias suelen provocar una conducción en estado de alerta constante impactando en nuestra salud. Se maneja con tensión y con el cortisol subiendo con cada aceleración o frente al semáforo que parece no acompañar nuestro apuro.

Aunque el entorno sea difícil, la respiración vuelve a escena para ayudarnos a regular y ordenar nuestro cerebro antes de que la emoción nos gane. Mientras que la respiración rápida estimula el sistema de alerta, y el nerviosismo nos lleva a respirar de manera apresurada; respirar lento por la nariz de manera profunda activa el sistema parasimpático, y calma el cuerpo.

El cerebro detrás del volante

Las personas tenemos dos sistemas de pensamiento que conviven y se reparten tareas:

La inteligencia emocional surge del equilibrio y la comunicación entre ambos. Esto se logra entrenando nuestro sistema atencional y los mecanismos inhibitorios, permitiendo que el Sistema 2 "frene" a tiempo los impulsos automáticos del Sistema 1.

Manejamos con tensión y con el cortisol subiendo con cada aceleración o frente al semáforo que parece no acompañar nuestro apuro

Conocernos antes de poner primera

La conciencia corporal nos brinda información valiosa sobre nuestra emocionalidad. Identificar el primer indicio físico -una molestia en la panza, calor en el pecho o tensión en la mandíbula- permite detectar que debemos bajar un cambio para recuperar la tranquilidad cerebral. Si desarrollamos esta escucha del cuerpo, podremos observar lo que se está gestando antes de que la emoción se exprese de forma “repentina”.

A esto debemos sumar la importancia de conocer las normas de tránsito. Comprender quién tiene paso en una rotonda o la prioridad en una esquina ayuda a evitar enojos y frustraciones derivadas del desconocimiento. Recordar que el amarillo del semáforo es una señal de precaución y no una invitación a acelerar a fondo es un acto de inteligencia emocional.

Entrenar la estabilidad emocional al volante permite:

Si desarrollamos esta escucha del cuerpo, podremos observar lo que se está gestando antes de que la emoción se exprese de forma “repentina”

Estrategias para un viaje seguro

Aquí comparto algunas recomendaciones prácticas:

Antes de salir de casa

Si surge una situación estresante mientras manejás

manejar

Conducir en calma mejora nuestra capacidad de respuesta

Estrategias para cuando el "caos” es dentro del auto

1. Con los más chicos, anticipación y contrato

2. Con acompañante o "co-piloto"

A veces, quien intenta "ayudar" genera más cortisol que el tránsito mismo.

3. Cuando las personas adultas discuten o se ponen de acuerdo

El ruido de una discusión técnica o logística es una distracción cognitiva de alto impacto.

pausa

Una pausa para recuperar la estabilidad emocional

El recurso de la pausa de seguridad

Si el clima interno o externo llega a un punto en donde sentís que la emoción te está tomando, lo más inteligente emocionalmente es frenar.

Aunque parezca que perdés tiempo, en realidad estás ganando seguridad. Al frenar el vehículo, le avisás a tu cerebro que la "amenaza" cesó, el cortisol baja y recuperás el mando del Sistema 2 (el pensamiento lento y reflexivo) para seguir el viaje con lucidez.

El autocuidado al volante hace que el trayecto deje de ser un campo de batalla para transformarse en un espacio de transición saludable. La inteligencia emocional es entender que llegar bien es mucho más importante que llegar rápido.

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