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Habitar la salud desde la diversidad: ¿por qué el trato digno no puede ser una excepción?

La salud, que incluye el bienestar físico, psicológico y social, se sostiene sobre un pilar fundamental: el pleno respeto a la autonomía de cada persona.

Cuidar la salud de manera integral implica, claro, las pautas que ya conocemos: hacer actividad física, mantener una alimentación adecuada, tener las vacunas al día y realizar controles frecuentes. Pero también significa habilitar el espacio para hablar de nuestras emociones y de lo que nos pasa, sabiendo que podemos pedir ayuda profesional cuando la carga se vuelve pesada.

El bienestar, además, no se da en el vacío: está íntimamente ligado al acceso a la educación, a un empleo formal, a una vivienda digna, al desarrollo de un proyecto de vida y a la posibilidad de construir vínculos libres de violencias.

En este entramado, el trato digno es un derecho humano básico y esencial. Sin embargo, los relevamientos llevados a cabo en las últimas décadas exponen una realidad: la persistencia de situaciones de marginación, exclusión y vulneración de derechos que gran parte de la población sigue atravesando al momento de buscar atención. Esto implica equipos de salud desactualizados en los protocolos de atención y normativas; incumplimiento de las leyes vigentes -como la de Discapacidad- y falta de información para el cumplimiento de los derechos, entre otros aspectos.

El trato digno es un derecho humano básico y esencial

El incumplimiento de las leyes profundiza la desigualdad y sostiene una deuda histórica que restringe el acceso real y autónomo a la salud

Para que la igualdad deje de ser una utopía teórica, el sistema de salud -público y privado- necesita reconocer y abrazar las distintas realidades que habitan nuestra comunidad:

Las tramas de la diversidad

Hablar de diversidad corporal es asumir que los cuerpos tienen distintos tamaños, formas, tonos de piel y expresiones de género, y que todos son válidos

¿Cómo debe ser el contacto con el sistema de salud?

El acceso a la información clara es la llave para garantizar un trato digno y de calidad. Cuando nos vinculamos con un espacio de salud, sea público o privado, existen pautas innegociables:

Cada persona que se acerca a un centro de salud -consultorio, hospital u otros- merece ser recibida por un equipo, desde el personal administrativo hasta los profesionales, que respete sus necesidades. Sacarse las dudas, pedir una copia de la historia clínica o exigir una derivación oportuna y acompañada, son derechos fundamentales. Cuidar la salud es cuidar la dignidad y el derecho a ser quienes somos.

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